Remake de film de Cesc Gay, que tuvo aquí una exitosa obra de teatro, sorprende por su inteligencia y profundidad, a partir de un encuentro entre parejas vecinas que saca a la luz frustraciones, fantasías y deseos.

Mariana Mactas

10 de agosto 2026, 19:17hs

Olivia Wilde dirige su tercer film, esta remake de una película española que se esfuerza por despegarse de su anclaje teatral con buenas ideas de puesta y cuatro buenos actores frente a cámara. (Foto: Diamond Films).

Olivia Wilde dirige su tercer film, esta remake de una película española que se esfuerza por despegarse de su anclaje teatral con buenas ideas de puesta y cuatro buenos actores frente a cámara. (Foto: Diamond Films).

“Uno debería estar siempre enamorado. Esa es la razón por la que no debería casarse jamás”. La frase de Oscar Wilde abre La invitación, la película dirigida por Olivia Wilde que acaba de estrenarse y trata sobre el matrimonio. Claro que eso lo sabe el espectador informado antes de leer la frase, pues esta es la remake de Sentimental, el film del catalán Cesc Gay que tenía a Griselda Siciliani en el elenco y que tuvo aquí además una exitosa versión teatral: Los vecinos de arriba, dirigida por Javier Daulte, con Diego Peretti, Florencia Peña, Muriel Santa Ana, Rafael Ferro y Julieta Vallina.

Hawk (Edward Norton) y Piña (Penélope Cruz), en una escena de "La invitación". (Foto: Diamond Films).

Hawk (Edward Norton) y Piña (Penélope Cruz), en una escena de "La invitación". (Foto: Diamond Films).

Es el material que toma ahora Wilde, directora de la interesante Booksmart y la muy decepcionante No te preocupes, cariño. Una base pesadamente teatral: cuatro personajes en un living room diciéndose cosas. Sin embargo, desde la secuencia de títulos, hay un esfuerzo por insuflarle cine, una narrativa visual, mientras Joe (Seth Rogen) y Angela (Wilde) vuelven por separado a la casa que comparten. Ella preparó una cena para invitar a los vecinos, embelleció la casa, compró una alfombra nueva, armó ramos de flores frescas y hasta cocinó un soufflé. Él no recordaba la cita y le fastidia que lleguen desconocidos. Tampoco compró el vino. Y, desde que se encuentra con su mujer, todo es una larga discusión.

Joe (Seth Rogen) y su esposa Angela (Olivia Wilde, también directora). Foto: Diamond Films.

Joe (Seth Rogen) y su esposa Angela (Olivia Wilde, también directora). Foto: Diamond Films.

En ese clima agotador, de pareja acostumbrada a la dinámica de la pelea constante, llegan los vecinos: Piña (Penélope Cruz), una terapeuta sexual, y Hawk (Edward Norton), excapitán de bomberos. Vienen precedidos por lo que los anfitriones se cuentan sobre ellos, o más bien sobre los ruidos que producen sus encuentros sexuales con los estentóreos orgasmos de la española. Con esa información, el encuentro está plagado de curiosidad e incomodidades, y lo que sigue será un terreno de comedia agridulce, divertida, en la que esa incomodidad no desaparecerá nunca.

El tercer film de Wilde sucede durante una noche entra dos parejas de vecinos. Es una remake de Sentimental, de Cesc Gay. (Foto: Diamond Films).

El tercer film de Wilde sucede durante una noche entra dos parejas de vecinos. Es una remake de Sentimental, de Cesc Gay. (Foto: Diamond Films).

Pronto queda claro que los vecinos de arriba son una suerte de espejo invertido de los dueños de casa. Una pareja libre y fogosa que realiza fiestas sexuales con otros y que terminará por invitarlos a unirse. Como si hubieran aparecido para sacudir la modorra de ese matrimonio encallado en años de frustraciones personales.

Hay varias situaciones graciosas y hasta de humor físico, gentileza de Rogen, así como también una sensibilidad y ternura que afloran en medio del pequeño terremoto. Los buenos intérpretes tienen material para un gran despliegue de matices; hay ideas de puesta en escena que aportan belleza y cierto homenaje al cine de Woody Allen, ya desde los títulos por orden de aparición, que remite a sus mejores exploraciones de la neurosis de la clase media.

Con humor y melancolía, Wilde, su elenco y sus guionistas, Rashida Jones y Will McCormack, subieron la vara de esta apuesta teatral sobre las luces y las sombras del matrimonio. Esa institución compleja que a veces necesita un cambio.