Estamos de manteles largos: el mítico The Legend of Zelda: Ocarina of Time de Nintendo 64 vuelve con un remake para Nintendo Switch 2 tan solo dos semanas antes del lanzamiento de GTA VI.

La importancia de Ocarina of Time es superlativa, pues para muchos es considerado “el mejor videojuego de la historia”. En la popular plataforma Metacritic, es el número 1 de todos los tiempos y el único título con un 99/100.

Su legado va más allá de la épica historia del joven elegido, Link, que se convierte en un gran héroe, pues en el apartado técnico y jugable dejó grandes conceptos para la industria de los videojuegos que siguen vigentes hasta nuestros días.

Pero esta no fue la única ocasión en que ‘la saga más legendaria de Nintendo’ aportó algo más que varias horas de diversión para los gamers.


‘The Legend of Zelda’: La vez que Miyamoto revolucionó el gaming con los 8 bits de la NES

No se puede hablar de la historia de The Legend of Zelda sin mencionar a Shigeru Miyamoto, diseñador de videojuegos que creó el mundo de la saga, además de ser el padre de la que es quizás la saga de videojuegos más famosa de todas: Super Mario Bros.

Con la ayuda de Takashi Tezuka, creó un juego lanzado en febrero de 1986 que marcó un antes y un después en la industria gracias al concepto de tener una aventura no lineal. En Super Mario Bros., por ejemplo, los niveles consistían en llegar de un punto “A” a uno “B”. Aquí la cosa cambiaba: al iniciar una partida, aparecías en un mapa con vista aérea con tres posibles salidas para explorar.

De acuerdo con EFE, Miyamoto se inspiró en los recuerdos de su infancia en los bosques, cuevas y parajes rurales de su natal Sonobe, Kioto.

Esto lograba que la aventura de cada jugador fuera completamente distinta y que quizás alguno hubiera descubierto un secreto que otro no, dándole un toque muy personal a cada una de las partidas, algo complejo con la limitada tecnología de la época.

Gracias a esto, The Legend of Zelda se convirtió en uno de los títulos más vendidos de la primera Nintendo e inició un legado que continuó con juegos como The Adventure of Link (1988), A Link to the Past (1992) y Link’s Awakening (1993), antes del salto a las tres dimensiones.

‘Ocarina of Time’: El juego que le enseñó a hacer aventuras en 3D a la industria

En la segunda mitad de la década de 1990, el avance de la tecnología permitió que se crearan videojuegos en entornos tridimensionales. Uno de los íconos de la época fue Super Mario 64 (1996), el cual sentó las bases de los plataformeros de su época.

Sin embargo, dos años después llegó el aclamado Ocarina of Time, un ambicioso juego de acción y aventuras en 3D con una narrativa que buscaba ir un poco más allá para contar una historia compleja con subtramas, y en donde, en un momento de la historia, el protagonista crecía de golpe para ver una versión distinta de Hyrule a la que ya habías explorado.

Ocarina incorporó conceptos como el Z-targeting (fijar a un enemigo para apuntar específicamente contra él), un sistema de cámara que se adaptaba a lo que ocurría, además de contar con un mítico diseño de mazmorras y uno de los primeros intentos por crear un mundo grande y lleno de posibilidades, interacciones y misiones secundarias.

Dan Houser, cofundador de Rockstar Games e involucrado con varias entregas de GTA, admitió en entrevista con The New York Times en 2012 la influencia de este título: “Cualquiera que haga juegos 3D y diga que no ha tomado prestado algo de Mario o Zelda está mintiendo”.

Hidetaka Miyazaki, creador de la saga de Dark Souls, calificó a Ocarina como “una especie de libro de texto para los juegos de acción 3D” en una entrevista para Rolling Stone en 2016.

Tras Ocarina llegaron más títulos en tres dimensiones: Majora’s Mask (2000), The Wind Waker (2002), Twilight Princess (2006) y Skyward Sword (2011), además de que la saga en 2D, más fiel al primer título, se mantuvo principalmente en consolas portátiles.

‘Breath of the Wild’: La última revolución de ‘The Legend of Zelda’

Si bien The Legend of Zelda no creó tal cual el género de mundo abierto, en 2017 el lanzamiento de Breath of the Wild significó otra gran muestra de que la saga aún podía llevarse a otro nivel y enseñarle, de paso, algunas cosas a los demás desarrolladores.

Franquicias como GTA, The Elder Scrolls y Minecraft ya habían dado muestras de lo que podía hacer un título de mundo abierto: es decir, uno en que hay escenarios gigantes llenos de misiones e interacciones por realizar.

BOTW se convirtió en otro estandarte del subgénero gracias a su libertad sistémica para terminar el juego, sus sistemas de físicas complejas y el uso de reacciones químicas que pueden interactuar, lo cual permitía que cada jugador usara su creatividad para resolver los problemas a los que se enfrenta y tener un número indefinido de posibles soluciones.

El título ganó el premio al Juego del Año en The Game Awards y lanzó posteriormente una secuela llamada Tears of the Kingdom, la cual amplió aún más las posibilidades mediante un sistema de incorporación de elementos, aunque con las bases de BOTW.

En una entrevista con Gamekult, Eiji Aonuma, productor de la saga, admitió que la saga de Zelda también influenció a la saga de PlayStation creada por Fumito Ueda, Shadow of the Colossus. Ueda previamente había dicho que de joven le gustaba jugar al primer The Legend of Zelda.

“Siempre ha dicho que quería hacer un juego como Zelda; de ahí las similitudes con Shadow of the Colossus”, expresó.