El estreno de la película Barreda en Prime Video reabrió la discusión sobre uno de los crímenes más recordados de la historia argentina y sobre las lecturas sociales que durante décadas rodearon el caso. Donna Tefa Sanguinetti, actriz y una de las guionistas de la película, cuestionó en X un desagradable mensaje de un usuario que justifica al cuádruple femicida Ricardo Barreda, quien mato a su esposa, hijas y suegra, a partir de una escena del film.
La polémica se desató después de un posteo de un usuario sobre una secuencia del largometraje. “En la película de Barreda él dice que las mujeres de su casa eran mugrientas y que él sufría porque era muy pulcro. Escena en la cocina: la hija se está LAVANDO EL PELO EN LA BACHA, la madre con un pucho y el cenicero en medio de las verduras para la ensalada. Punto para Barreda”, escribió el usuario.
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A partir de ese mensaje, la guionista expresó su total rechazo y advirtió sobre la persistencia de discursos que buscan explicar o atenuar la responsabilidad del asesino. “Hace tres años empezamos a escribir esta película, siempre pensando que la idolatría popular que se ganó Barreda había quedado atrás, que era una combinación del pensamiento de la época y el triunfo de la versión de los hechos del femicida”, señaló. Luego agregó: “Se ve que no, que seguimos en la misma, que hay varones a los que les sigue pareciendo que hay motivos que justifican matar a cuatro mujeres de la manera más brutal”.
La película llegó este viernes a la plataforma, con dirección de Daniela Goggi y un elenco encabezado por Luis Machín, Carla Peterson, Mercedes Morán, Maite Lanata y Margarita Páez, quien debuta en cine. El film reconstruye el cuádruple femicidio cometido por Barreda en 1992 en La Plata, aunque busca apartarse de la tradición de relatos centrados casi exclusivamente en la figura del asesino.
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Ese corrimiento forma parte de una relectura más amplia del caso desde una perspectiva de género. La visión feminista sobre Ricardo Barreda apunta a desarmar el mito del “ídolo popular” construido en los años 90 y a visibilizar a las cuatro víctimas como objeto de un cuádruple femicidio, en contraste con un relato histórico dominado durante años por la versión del propio agresor.
En ese enfoque, la película pone por primera vez el centro en Gladys Marta Mac Donald, Elena Arreche, Cecilia Barreda y Adriana Barreda, las cuatro mujeres asesinadas el 15 de noviembre de 1992. La producción busca otorgarles entidad dentro de una historia que durante décadas circuló atravesada por el morbo mediático, la fascinación por la figura del femicida y una serie de lecturas sociales que llegaron a convertirlo, para algunos sectores, en una suerte de símbolo.
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La reinterpretación feminista del caso discute varios de esos sentidos instalados. Frente a la mirada que en los años 90 presentaba a Barreda como un hombre humillado que reaccionó ante un supuesto maltrato doméstico, la perspectiva de género lo define de manera unívoca como un femicida múltiple. También cuestiona el peso que tuvo en la opinión pública el mito de “Conchita”, presentado durante años como un insulto cotidiano que habría explicado su accionar, y lo ubica como parte de una estrategia de la defensa para victimizar al asesino y trasladar la culpa hacia las mujeres asesinadas.

El caso Barreda conserva un peso singular en la memoria colectiva argentina. El 15 de noviembre de 1992, el odontólogo asesinó con una escopeta calibre 16 a su esposa, a sus dos hijas y a su suegra en la casa donde convivían en La Plata. Fue condenado a cadena perpetua tres años después, tras un juicio que generó controversias, recuperó la libertad en 2016 y murió en 2020 a los 83 años.
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En el plano actoral, Carla Peterson interpreta a Gladys Marta Mac Donald, Mercedes Morán encarna a Elena Arreche, Maite Lanata da vida a Cecilia Barreda y Margarita Páez interpreta a Adriana Barreda. La película, según adelantaron sus creadoras, indaga también en la dinámica familiar y en el lugar que cada una de las mujeres ocupaba dentro de esa casa.
Durante décadas, la figura de Barreda circuló en remeras, bromas, memes y referencias populares que banalizaron el crimen y reprodujeron una mirada misógina sobre las víctimas, en especial sobre la figura de la suegra. La revisión actual del caso expone cómo una parte de la sociedad naturalizó e incluso celebró el disciplinamiento violento de mujeres que desbordaban el mandato tradicional del hogar.
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Hoy, el caso también aparece en ámbitos académicos, judiciales y culturales como un ejemplo de las limitaciones con las que se analizaba la violencia machista en los años 90. En ese momento, la figura penal del femicidio no existía en Argentina —se incorporó recién en 2012— y buena parte del debate público giraba alrededor de categorías como la “emoción violenta” o el supuesto padecimiento del agresor. Con el estreno de Barreda, esa discusión vuelve a escena bajo una luz distinta, marcada por la centralidad de las víctimas y por una revisión crítica del relato que durante años favoreció la voz del asesino.