Hay fotos que envejecen mal, otras que revelan nostalgia y pocas, muy pocas, que se convierten en la profecía de una tarotista que nadie cree. La de Leo Messi bañando a un bebé de cinco meses en el vestuario visitante del Camp Nou pertenece a la tercera categoría.
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Aquel bebé se llamaba (y todavía se llama) Lamine Yamal y este domingo, con 19 años recién cumplidos, se cruzará con Messi en la final del Mundial de Estados Unidos. La imagen que podría ser solo un recuerdo bonito en su casa sobre la mesita de noche de sus padres ha pasado a ser el prólogo de una final que nadie pudo haber escrito a propósito.
El azar que retrató el destino
La foto no nació de un capricho publicitario, sino de un calendario solidario que la Fundación FC Barcelona y el diario 'Sport' organizaron junto a UNICEF para recaudar fondos destinados a programas de la organización.
El fotógrafo Joan Monfort montó el set dentro del vestuario visitante del Camp Nou, con familias elegidas por sorteo en el barrio de Rocafonda, en Mataró donde vivía la familia de Yamal. Les tocó Messi, que entonces tenía 20 años y ni de lejos era el Messi que conocemos hoy.
Al bebé, nacido ese mismo julio en la misma ciudad, le tocó ser bañado por el futuro Balón de Oro. La fotografía terminó ilustrando el mes de enero del calendario publicado en 2008, y ahí se quedó, dormida, durante casi dos décadas.
El espejo de la Masia
Que ambos terminaran compartiendo vestuario no es del todo casualidad: los dos pasaron por la misma fábrica que ya ha dejado nombres como Xavi, Iniesta o Abde. Messi llegó al Barça en el año 2000 con 13 años y debutó con el primer equipo a los 17, con el dorsal 30; Yamal entró a la cantera con apenas 7 y debutó a los 15, el jugador más joven del siglo XXI en vestir de azulgrana.
Y por si faltaba simbolismo, Yamal heredó el emblemático dorsal 10 que Messi paseó e hizo suyo por Europa durante casi dos décadas. Es la vieja fórmula del maestro y el aprendiz, la del héroe que sin saberlo entrena a quien algún día le tocará enfrentar: Yamal creció mirándose en un espejo que ni siquiera sabía que existía.
Domingo, MetLife Stadium: el capítulo que nadie previó en 2007
España llegó a la final con cierta holgura tras ganar 2-0 a Francia en Arlington, con un penalti transformado por Oyarzabal, pitado tras una falta sobre el propio Yamal, y un segundo gol de Pedro Porro.
A la Argentina de Messi, con el rosarino como capitán, le tocó sufrir más: Inglaterra se adelantó con un gol de Anthony Gordon y la Albiceleste tuvo que remontar empatando en el minuto 85 y marcando el definitivo ya en la prórroga, con goles de Enzo Fernández y Lautaro Martínez. El resultado es la primera final del Mundial entre dos selecciones hispanohablantes desde 1930.
Para Messi, que cumplió 39 años durante el torneo, es su tercera final mundialista, tras la derrota de 2014 ante Alemania y el título de 2022 ante Francia en la tanda de penaltis, y busca revalidar la corona y volver a levantar el. Para Yamal, que sopló las velas con el 19 puesto en una tarta el pasado 13 de julio, es la primera.
Preguntado por 'DAZN' al ver de nuevo la foto de la bañera, no lo dudó: "He crecido un poquillo y Leo también", dijo, antes de admitir que llevaba tiempo esperando este cruce, algo que la 'Finalissima' (un torneo reservado para los campeones continentales de la UEFA y la Conmebol) no le había dado. Aquella bañera del Camp Nou solo tenía sitio para uno. El MetLife Stadium, el domingo, tendrá sitio para los dos, aunque solo uno se marchará con el trofeo.