El presidente de la Fed, Kevin Warsh, había anticipado el endurecimiento de la política monetaria en su discurso durante el simposio de Jackson Hole (Foto: EFE)

El presidente de la Fed, Kevin Warsh, había anticipado el endurecimiento de la política monetaria en su discurso durante el simposio de Jackson Hole (Foto: EFE)

El miércoles, la Reserva Federal (Fed) elevó el rango de tasas de interés de política monetaria en 25 puntos básicos, hasta 3,75%-4,00% anual, lo que representó la primera suba en más de tres años. La decisión no fue una sorpresa y estuvo en línea con lo que ya había adelantado el presidente del organismo, Kevin Warsh, en su discurso durante el simposio de Jackson Hole.

Las dudas sobre el balance de riesgos parecen más claras para los miembros del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC). Esto quedó reflejado en una votación unánime —que había estado dividida en reuniones anteriores—, en un comunicado más firme respecto del compromiso de alcanzar el objetivo de inflación del 2% anual, en proyecciones que prevén un nivel de tasas más elevado para este año y en la conferencia de prensa posterior.

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Allí se destacaron tres aspectos implícitos en todo lo anterior:

  1. el mercado laboral se fortaleció,
  2. la inflación no mejoró, y
  3. el escenario geopolítico se deterioró. Este último factor puede generar mayores presiones inflacionarias hacia adelante.

El día de la decisión, la tasa de interés a 10 años cerró apenas por encima del 5%. Ese nivel sugiere que la tasa de corto plazo deberá promediar 5% durante la próxima década para llevar la inflación, que hoy avanza a un ritmo interanual de 3,4%, hacia el objetivo del 2% anual fijado por la autoridad monetaria.

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La tasa de interés de corto plazo deberá promediar 5% durante la próxima década para llevar la inflación, que hoy avanza a un ritmo interanual de 3,4%, hacia el objetivo del 2% anual

Incluso podría sostenerse que, durante los últimos cinco años, la inflación se mantuvo por encima de la meta. Esta situación provocó un paulatino desanclaje de las expectativas de largo plazo. El mercado comienza a asumir que la Reserva Federal se verá obligada, en algún momento, a endurecer de forma drástica su política para restablecer su credibilidad y cumplir con su mandato.

Quizás Warsh intenta avanzar en esa dirección con una narrativa firme, decidida a bajar la inflación. Hasta cierto punto, parece convencer al mercado. Al descomponer las tasas, se observa una caída de las expectativas de inflación y un aumento de las tasas reales.

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El mercado comienza a asumir que la Reserva Federal se verá obligada, en algún momento, a endurecer de forma drástica su política para restablecer su credibilidad (Foto: Reuters)
El mercado comienza a asumir que la Reserva Federal se verá obligada, en algún momento, a endurecer de forma drástica su política para restablecer su credibilidad (Foto: Reuters)

Tras la reunión, se fortaleció la visión de que la Fed mantendrá las tasas de interés por encima de la inflación. Esa postura debería resultar efectiva, al menos, para contener el avance de los precios en la economía. Así, el endurecimiento de la política monetaria probablemente no haya terminado: los futuros de renta fija indican que, hacia fines de 2027, la Reserva Federal podría elevar el rango de política monetaria en 75 puntos básicos, desde 3,75%-4% hasta 4,5%-4,75% anual.

Este sendero entra en conflicto con el deseo expreso de Donald Trump, quien pretende que las tasas bajen, no que suban. Con dirigentes de este tipo, que ganan espacio en la escena política global y entre quienes el presidente estadounidense fue pionero, conviene distinguir entre lo que comunican y lo que hacen.

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El punto es que, cuando tuvo la oportunidad de nominar a un candidato con mayores posibilidades de aplicar una política más laxa, como podía ser Kevin Hassett, Trump terminó por priorizar a un candidato acorde con la institucionalidad.

Está claro que al Ejecutivo le preocupa el nivel y la dinámica del tramo largo de la curva de rendimientos de los bonos

Hecha esta salvedad, está claro que al Ejecutivo le preocupa el nivel y la dinámica del tramo largo de la curva de rendimiento de los bonos. Por esa razón, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, aceleró el programa de recompra de bonos en ese segmento. La Fed le dificulta esa tarea, que de por sí no es sencilla, porque múltiples factores afectan las tasas largas:

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  1. El más evidente, es la cuestión fiscal, un problema que no afecta solo a Estados Unidos;
  2. La competencia del crédito corporativo. Las grandes compañías tecnológicas y de computación en la nube, conocidas como hyperscalers, emiten volúmenes récord de deuda de largo plazo para financiar infraestructura de inteligencia artificial. En poco tiempo, esa inversión superó lo destinado a otros grandes proyectos de la humanidad, como el ferrocarril, la red de autopistas interestatales, el programa F-35, el Plan Marshall y el programa Apolo. Esta dinámica genera un efecto de crowding out inverso, en el que el sector privado desplaza al público.
  3. El cambio en la naturaleza de los tenedores de deuda estadounidense. Los bancos centrales y los fondos soberanos —compradores menos sensibles al precio, que adquieren activos por mandato— redujeron su participación en el tramo largo. El comprador marginal es hoy el inversor privado, que exige un mayor rendimiento por cada unidad de riesgo.
  4. La presión global. Los inversores japoneses, entre los principales tenedores de títulos del Tesoro de Estados Unidos a nivel mundial, tienen mayores incentivos para repatriar sus ahorros.

A esto se suma que el frente bélico en Medio Oriente sigue abierto y no se vislumbra una resolución rápida del conflicto. El crudo cotiza por encima de USD 100 por barril y presiona al alza las expectativas de inflación. Aunque constituye uno de los principales factores de tensión sobre las tasas de interés, una eventual mejora en las negociaciones diplomáticas podría alterar de forma drástica esas expectativas, ya que el resto de las dinámicas mencionadas tiene un carácter más estructural.

El autor es analista de PPI (Portfolio Personal Inversiones)