
Cracker Barrel cambió de CEO y nombró a David Deno para asumir el 10 de agosto, en relevo de Julie Masino, en una cadena de restaurantes de Estados Unidos que aún no recuperó por completo el tráfico de clientes perdido tras el rechazo a su cambio de imagen.
La empresa llegó a esa transición bajo presión sobre ventas, visitas a sus locales y cotización bursátil.
La compañía decidió el relevo en medio de una recuperación incompleta tras ese rediseño. En el tercer trimestre, informó una caída de 2,6% en ventas comparables y de 6,7% en tráfico de clientes, aunque sostuvo que algunas métricas de experiencia y sus medidas operativas mostraron avances.
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La salida de Masino, anunciada el lunes, se producirá en el verano boreal después de un intento de reposicionar la marca que avanzó con más lentitud de la esperada.
La directiva sostuvo que los resultados del tercer trimestre superaron las previsiones internas por ajustes operativos y control de costos.
Masino también afirmó que los indicadores vinculados con la experiencia de los clientes siguen al alza. Aun así, la empresa admitió que esa evolución todavía no bastó para devolver el flujo de visitantes a los niveles previos.
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La empresa sostuvo que los resultados del tercer trimestre superaron las previsiones internas por ajustes operativos y control de costos.
El rediseño incluyó la eliminación de “Old Timer” del logotipo y cambios en la distribución interior de los restaurantes. Esas modificaciones tocaron elementos asociados desde hace años a la identidad visual y comercial de Cracker Barrel.
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La empresa indicó el mes pasado que el flujo de clientes mejoró frente a la tendencia más reciente, pero siguió por debajo del nivel de hace un año. Ese desfase mostró que el rechazo al cambio de imagen aún pesa sobre el desempeño de sus tiendas.
Craig Pommells, director financiero de la compañía, dijo que la tendencia subyacente del tráfico muestra una mejora gradual, incluso si se toma en cuenta la variabilidad entre el tercer y el cuarto trimestre del año pasado. Su lectura apuntó a una recuperación en curso, aunque todavía insuficiente.
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El deterioro comercial también se reflejó en el mercado. La acción de Cracker Barrel se mantuvo cerca de 18% por debajo de su nivel de hace un año y siguió lejos de la etapa anterior al rediseño.
A la vez, la compañía recuperó parte del terreno perdido en 2026. Desde el inicio del año, el papel acumuló un alza de 105%, aunque ese repunte convivió con una valoración todavía debilitada frente a los niveles previos a la polémica.
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La combinación de menores ventas comparables, menos visitas y una acción aún rezagada explicó por qué el relevo ejecutivo quedó en el centro de la estrategia.
Deno asumirá con la tarea de estabilizar la operación y acelerar una recuperación que, por ahora, siguió parcial.
En paralelo con la transición en la cúpula, la empresa activó medidas para reforzar sus finanzas. La semana pasada anunció la venta de algunas propiedades de restaurantes y su salida del negocio de Maple Street Biscuit Company.
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La operación incluyó la venta de la marca Maple Street y de 35 locales a Biscuit Belly LLC. Cracker Barrel también cerrará los 16 restaurantes restantes de esa cadena.
Además, la compañía completó una operación de venta con arrendamiento posterior de 26 establecimientos propios. La transacción generó unos USD 77 millones netos, fondos que la empresa planea destinar al pago de deuda mientras sigue operando esos restaurantes como inquilina.
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