La situación judicial de Rosa Micaela Quipildor se complicó. La mujer, de 30 años y madre de tres hijos, fue descubierta en Japón con más de un kilo de cocaína dentro de su cuerpo, repartido en 101 cápsulas que, según declaró, había ingerido en Brasil antes de emprender el viaje, que tuvo otra escala en el aeropuerto de Heathrow, en Londres.

Sin embargo, con el paso de las horas y la triangulación de información, el panorama es más complejo para la mujer detenida la madrugada del 10 de agosto en el aeropuerto de Haneda, Tokio.

Ocurre que en noviembre de 2022, Quipildor fue condenada por el Tribunal Oral en lo Penal Económico N° 1 de la Argentina tras ser hallada penalmente responsable del delito de contrabando de exportación agravado.

Una radiografía permitió detectar en el interior de su cuerpo 101 cápsulas con forma de capullo

La causa, caratulada bajo el número CPE 899/2021/TO1, se centró en tres intentos fallidos de enviar estupefacientes al sudeste asiático mediante encomiendas postales detectadas por los escáneres de Fedex y DHL. Entonces, la imputada admitió su responsabilidad en el hecho tras un acuerdo de juicio abreviado que le permitió acceder a una condena de cumplimiento condicional en la que excepcionalmente se computó a su favor su estado de vulnerabilidad, ya que había sido madre adolescente y vivía en situación de hacinamiento en la villa 1-11-14, del Bajo Flores.

Los hechos que originaron aquel antecedente ocurrieron entre agosto de 2021 y abril de 2022, cuando la mujer intentó despachar un total aproximado de 1,36 kilos de cocaína. Los envíos tenían como destino final Bangkok (Tailandia) y Malasia, y fueron detectados en sucursales de empresas de correo privado ubicadas en los barrios porteños de San Nicolás y Caballito, que frustraron las tentativas de tráfico de drogas ilegales.

En esa ocasión, la Justicia en lo Penal Económico le impuso una pena de tres años de prisión en suspenso, un monto por debajo del mínimo previsto en la ley. Esta sentencia de ejecución condicional le permitió mantener su libertad a cambio de cumplir con pautas de conducta estrictas por un lapso de tres años, las cuales incluían la obligación de no cometer nuevos delitos y someterse al control de la Dirección de Asistencia de Ejecución Penal.

El fallo de 2022 destacó el estado de extrema vulnerabilidad de Quipildor como factor determinante para evitar su encarcelamiento efectivo. El informe socioambiental reveló que la mujer, residente de la villa 1-11-14 y entonces de 26 años, era madre de tres hijos menores y vivía en condiciones de precariedad habitacional y riesgo alimentario, subsistiendo gracias a planes sociales, asignaciones familiares y la asistencia de comedores comunitarios.

Finalmente, el juez interviniente decidió declarar en su caso particular la inconstitucionalidad del mínimo de pena previsto por el Código Aduanero, bajo el argumento de que una pena de prisión efectiva resultaría desproporcionada. La sentencia subrayó que Quipildor había sido captada por una organización ilícita que se había aprovechado de sus carencias socioeconómicas y de su historia de vida signada por la exclusión y la violencia de género.

Según pudo saber LA NACION, hasta el momento las autoridades japonesas no solicitaron información a Interpol Buenos Aires; la Justicia argentina tampoco tenía abierta alguna línea de investigación sobre Quipildor. No obstante, aquel episodio de las encomiendas y su actual situación, atrapada como “mula” en el extremo oriente, dan cuenta de la actividad de una red narco que se vale de personas para traficar drogas a Asia desde América del sur.

Este caso expone una trama que mezcla antecedentes judiciales, contrabando internacional y el drama de un método que pone en riesgo la vida de quienes aceptan convertirse en “mulas”.

De acuerdo con lo que informaron medios japoneses como Tokyo Reporter, TBS News Dig y TV Asahi, la Policía Metropolitana de Tokio informó que las cápsulas medían unos 5,2 centímetros de largo y que la droga estaba envuelta en una doble capa.

Durante el interrogatorio, Quipildor admitió los cargos. De acuerdo con la información difundida por esos medios, declaró que una mujer a la que había conocido en un festival en la Argentina le había hecho la propuesta. También dijo que recibió la cocaína en Brasil y que la ingirió allí; aseguró que habían prometido pagarle US$ 7000 por transportar la sustancia dentro de su organismo.

El hallazgo se produjo cuando agentes de aduanas japoneses sospecharon de su comportamiento y la derivaron a un hospital, donde una placa radiológica reveló el cargamento oculto en su estómago.

La ruta elegida fue San Pablo–Tokio, con escala en Heathrow, pero el destino final se frustró en el área de inspección de equipaje del aeropuerto japonés. Allí, la sospecha inicial derivó en una confesión y, luego, en la confirmación médica del cargamento.

El valor de la droga incautada supera los 150 mil dólares en el mercado negro japonés.