Actualizado Sábado, 15 agosto 2026 - 01:34
La fiebre hemorrágica de Crimea-Congo es una realidad y una amenaza en España, tal como argumenta el portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc), José Miguel Cisneros. «Ya no debe considerarse algo exótico o lejano; el virus es endémico. Por ello, debe incluirse en el diagnóstico diferencial de los pacientes durante los meses cálidos», explica este experto. Hasta hoy se han contabilizado cuatro casos, uno de ellos falleció en junio.
En la actualidad, un hombre de 71 años que estaba de visita en la provincia de Salamanca resultó positivo a esta infección y fue trasladado al Hospital Gómez Ulla de Madrid, donde permanece aislado. La Junta de Castilla y León, a través de la Dirección General de Salud Pública, notificó el pasado jueves el tercer caso de 2026 y ha puesto en marcha los protocolos necesarios para controlar el brote. «Debido a que los fluidos corporales de los pacientes infectados son altamente contagiosos, las personas con la infección deben ser ingresadas en Unidades de Aislamiento de Alto Nivel (UAAN) para ser atendidas por profesionales con equipos de protección especiales», explica Cisneros.
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De esta forma, se siguen los criterios marcados para hacer frente a este tipo de infecciones, contempladas en el Plan Nacional de Prevención, Vigilancia y Control de las Enfermedades Transmitidas por Garrapatas (PLAN), que se puso en marcha hace ya dos años, cuando se llegaron a sumar cuatro casos en todo el país. En la comunidad castellanoleonesa se han identificado los contactos de la persona afectada para indicarles el seguimiento a realizar. El protocolo consiste en vigilar periódicamente su temperatura corporal y comunicar a su epidemiólogo de referencia cualquier cambio en su estado de salud.
«Aunque existen formas leves y autolimitadas que cursan con fiebre y malestar, la enfermedad puede progresar a manifestaciones hemorrágicas graves que conllevan una mortalidad de entre el 20 % y el 40 %», expone Cisneros, y añade que «cualquier persona, incluso alguien joven y sano, puede desarrollar una infección grave».
La mayoría de las infecciones por el virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo cursan de forma asintomática y, cuando se desarrollan síntomas, suelen presentarse como una especie de gripe y únicamente «un pequeño porcentaje, de hasta un 30%, desarrolla el cuadro de fiebre hemorrágica, que tiene una elevada probabilidad de complicaciones», recuerda Cisneros.

El Hospital Gómez Ulla de Madrid, el pasado mes de mayo, donde está hay una Unidades de Aislamiento de Alto Nivel (UAAN).SERGIO GONZÁLEZ-VALERO
Evitar la picadura «es lo único que nos asegura sortear la infección» y, cuando se sospecha y se tiene conocimiento de esta, lo que debe llevarnos a la consulta es la aparición de la fiebre, subraya. «Actualmente no existe un tratamiento médico con eficacia demostrada mediante ensayos clínicos (solo se usan terapias experimentales), ni se dispone de una vacuna», advierte el portavoz de la sociedad científica.
Vigilancia exhaustiva de los casos
Desde principios de este año, y a fecha de 13 de agosto, solo España ha notificado casos de transmisión local (cuatro casos, confirmados por el Ministerio de Sanidad) de esta infección en Europa, como recoge el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés). En la última década los casos autóctonos registrados han ido creciendo.
En el informe global que realiza la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica del Instituto de Salud Carlos III (Renave, ISCIII), se recoge toda la evolución de la infección, que ya suma 23 casos hasta hoy. Todos los contagios precisaron de ingreso hospitalario y seis (todos ellos varones mayores entre 51 y 80 años) fallecieron a causa de las complicaciones hemorrágicas.
Como explica Cisneros, quien también es el director de la unidad de Enfermedades Infecciosas, Microbiología y Medicina Preventiva del Hospital Universitario Virgen del Rocío, la transmisión se acota a los meses de temperaturas más altas: entre abril y agosto, con máximos en julio (7) y junio (5). «En la mayoría de los casos el lugar de exposición más probable ha sido la provincia de Salamanca (9)», apunta Cisneros.
Sin embargo, el experto pone el acento en que «el vector que transmite el virus, la garrapata, específicamente la especie Hyalomma lusitanicum, está distribuida por casi toda la península ibérica, lo que significa que es posible contraer la infección en prácticamente cualquier parte del territorio».
En el informe se observa que también han ocurrido infecciones fuera de Castilla y León, como en Badajoz, Cáceres y Toledo. «Queda patente que el cambio climático favorece la expansión de la garrapata a lugares donde antes no era habitual que estableciera su ecosistema», remata Cisneros.