Fragmento de cerámica de color terracota con dos figuras grabadas, dentro de una bolsa de plástico transparente con texto y números

El análisis de lípidos y proteínas en la cerámica identificó restos de pescado, mariscos, maíz, mandioca, arroz y huevos de gallina en recipientes del sur de Brasil (ICTA-UAB)

Más de 180 vasijas de cerámica usadas hace más de un siglo en el sur de Brasil permitieron reconstruir qué cocinaban distintas comunidades y mostrar que el acceso a los alimentos variaba según el origen y el estatus social, según la Universidad Autónoma de Barcelona.

El hallazgo surgió de un estudio internacional encabezado por investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental en la bahía de Babitonga, en el sur de Brasil.

El análisis de lípidos y proteínas conservados en las piezas reveló restos de pescado, mariscos, maíz, mandioca, arroz y huevos de gallina, además de diferencias entre comunidades indígenas, africanas, afrodescendientes y de inmigrantes procedentes de Alemania.

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“Brasil es un país multicultural y étnicamente diverso, moldeado por una compleja historia de colonización, migración, esclavitud e intensificación económica. El papel desempeñado por las poblaciones indígenas, africanas y europeas, y sus descendientes, en esta trayectoria se conserva en los ricos materiales arqueológicos que dejaron”, escribieron los autores.

Primer plano de una mano con guante azul que utiliza una herramienta rotatoria en un fragmento de cerámica de color marrón. Polvo fino cae sobre una superficie
Las técnicas de arqueología molecular permitieron detectar alimentos cocinados o almacenados por comunidades indígenas, luso-brasileñas, afrodescendientes y por inmigrantes alemanes (ICTA-UAB)

Según la Universidad Autónoma de Barcelona, se sabía poco sobre cómo esa diversidad cultural se reflejaba en la dieta cotidiana de la población de la bahía de Babitonga.

En ese sentido, el estudio, publicado en Royal Society Open Science, examinó lípidos conservados en más de 180 fragmentos de cerámica y proteínas presentes en una selección de esas piezas. Con técnicas de arqueología molecular, el equipo identificó alimentos cocinados o almacenados por comunidades indígenas, luso-brasileñas y afrodescendientes, así como por los primeros inmigrantes alemanes asentados en la región.

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El análisis molecular permitió identificar alimentos concretos cocinados hace más de un siglo. Entre ellos figuran peces de la familia Sciaenidae, huevos de gallina y biomarcadores compatibles con el procesamiento de maíz, arroz, mandioca, frijoles, frutas, verduras y grasas animales.

Según los investigadores, la combinación de análisis de lípidos y proteínas ofrece una imagen más precisa de la dieta cotidiana de las distintas comunidades que habitaban la bahía de Babitonga. La Universidad Autónoma de Barcelona señaló que esos residuos conservados en la cerámica permiten recuperar prácticas alimentarias que apenas aparecen en documentos escritos.

Los resultados mostraron diferencias entre tipos de recipientes y grupos sociales. Las vasijas modeladas a mano, asociadas a comunidades indígenas, afrodescendientes y luso-brasileñas, presentaron más recursos marinos, como pescado y mariscos, además de maíz.

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Fragmento irregular de cerámica de color terracota con dos figuras grabadas de cabeza redonda y extremidades lineales, y marcas diagonales
Los autores señalaron que la pesca y los recursos costeros sostuvieron la subsistencia de hogares con menos recursos y que esas diferencias ayudan a explicar la diversidad culinaria de Brasil actual (ICTA-UAB)

La cerámica torneada, usada sobre todo por inmigrantes alemanes, presentó una mayor presencia de cultivos y productos terrestres. En esas piezas aparecieron señales de carne y, en algunos casos, de productos lácteos.

El investigador André Colonese del ICTA-UAB y coautor del estudio afirmó que los residuos preservados en esas piezas muestran diferencias sociales y culturales profundas en el Brasil de finales del siglo XIX. El trabajo se realizó en el marco del proyecto ERC Tradition.

Los autores señalaron que las diferencias detectadas no responden solo a preferencias culinarias. También reflejan un acceso desigual a los alimentos, en un escenario donde la ganadería y ciertos cultivos estaban más ligados a la propiedad privada y a una economía de mercado en expansión.

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Frente a eso, la pesca y el aprovechamiento de los recursos costeros ofrecían una fuente de comida más accesible para las comunidades con menos recursos. Los resultados apuntan a que esos alimentos sostuvieron la subsistencia de muchos hogares en un contexto de finales del siglo XIX marcado por desigualdades sociales.

Para los autores, el estudio también muestra el valor de la arqueología biomolecular para rastrear cómo los cambios económicos, sociales y culturales transformaron la comida diaria. Los autores consideran que muchas de esas diferencias de hace más de un siglo ayudan a explicar la diversidad culinaria que caracteriza a Brasil en la actualidad.

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