Además de las 10 hectáreas de vegetación afectada que suman los recientes incendios forestales de La Vicentina y La Bota, en Quito, la calidad del aire y, por ende, la salud ciudadana también resultan perjudicadas. Así lo recuerda el secretario de Ambiente, Santiago Sandoval.
“Nosotros tenemos nueve estaciones de monitoreo de calidad del aire”, comentó a este Diario el funcionario, para dar cuenta de las acciones institucionales que también se deben activar cuando se registran estas emergencias. Para ello, la secretaría cuenta con nueve estaciones con las que se monitorea el comportamiento de la atmósfera, distribuidas en todos el distrito.
A través de estas se mide la velocidad y dirección del viento, información que sirve para determinar hacia dónde se desplaza la columna de humo y dónde podría presentarse una mayor exposición. A los barrios afectados suelen acudir los funcionarios municipales para entregar mascarillas.
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Por ese evento, se identificaron tres barrios con atención directa: Santa Rosa, Marquesa de Solanda y San Juan de Calderón; 63 barrios en posible afectación y 698 bajo vigilancia preventiva. Esto permite alertar a la ciudadanía para que mantenga cuidados pertinentes de la salud.
Por ejemplo, por el incendio en La Bota, la medición llegó a nivel rojo alrededor de las 15:00 del 14 de septiembre. Para las 20:30 había descendido a nivel amarillo y durante la madrugada volvió a niveles considerados favorables, esto gracias a las tareas de enfriamiento que realiza el Cuerpo de Bomberos.
Según el secretario de Ambiente, en 2024 los incendios forestales afectaron alrededor de 2.200 hectáreas en el distrito, mientras que en lo que va de 2026 la cifra bordea las 1.200 hectáreas.
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Y el dato aún no es definitivo. Sandoval advirtió que la época seca no ha terminado y que las condiciones de radiación y sequedad todavía representan un riesgo.
Solo entre el 7 y el 13 de septiembre, el Municipio registró 30 incendios forestales en Quito. En esa misma semana también se contabilizaron 189 quemas de desechos.
En ese sentido, el cuidado de la salud es de vital importancia, tal como lo explica el médico Leonardo López Guzmán, quien recuerda que estar lejos de la zona afectada por el fuego no reduce el nivel de exposición; todo depende del viento, que arrastra la columna de micropartículas que desprende el incendio.
Las personas más vulnerables además son los adultos mayores, infantes y personas con enfermedades preexistentes; las de mayor preocupación son quienes padecen afecciones respiratorias, pero también cardiovasculares, renales e incluso diabetes. López detalla que una mascarilla N95, si bien puede ayudar, no evita el ingreso de partículas ultrafinas, que pueden llegar a los alvéolos, en los pulmones.
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Los síntomas de alerta, en cualquier persona, además de irritación en ojos y garganta, son las cefaleas (dolor de cabeza), sibilancia, palpitaciones, dolor en el pecho; en ese caso se recomienda buscar atención médica. En esto coincide con el neumólogo Daniel Polo, quien recomienda cerrar puertas y ventanas, purificar o evacuar el lugar, evitar fumar o vapear.
El personal de primera respuesta, como los bomberos, son quienes más sufren las consecuencias, por la concentración del humo, el tiempo de exposición y la actividad física que ejecutan. Lo mismo quienes desarrollan actividades al aire libre. Se exponen a la bronquitis, asma, neumonía, incluso quemaduras en vías respiratorias y asfixia por monóxido de carbono y otros gases.
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Al parecer de López, quien también es experto en medioambiente en el contexto de la salud, Quito ha descuidado su calidad de aire por las quemas de basura y agrícolas. La recomendación es el uso de ozonificadores en espacios grandes y la concientización del cuidado, tanto de la salud como del ambiente.
Las recomendaciones para cuidar la salud
- Se recomienda el uso de mascarilla N95.
- Permanecer en interiores.
- Mantener puertas y ventanas cerradas.
- Reducir las actividades al aire libre.
- Proteger a niñas, niños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias.
- Resguardar a los animales de compañía y/o ganado.