A estas alturas, una buena parte de los conductores están completamente familiarizados con el control de crucero, pero todavía hay muchos que no conocen este sistema y se asustan cuando ven el testigo del reloj en el cuadro de instrumentos de su coche.
Es normal, sobre todo cuando se pasa de un coche muy viejo a uno actual. Lo que no saben todos esos conductores que no lo conocen es que, cuando sepan cómo funciona, no van a poder vivir sin ello.
Descansas el pie, no excedes la velocidad y ahorras combustible
En otros mercados, como el estadounidense, están muy acostumbrados a ver ciertos testigos en el cuadro de los coches. Uno de los más populares es el reloj de color verde, es decir, el símbolo del control de crucero. Este sistema permite fijar una velocidad para circular constantemente a ese ritmo sin tocar el acelerador.
Es simple, pero muy útil porque hace mucho más llevaderos los viajes por carretera evitando que tengamos que controlar constantemente el acelerador y descansando ese pie. Además, evita excesos de velocidad no deseados y ayuda a reducir el consumo porque gasta menos llevar una velocidad constante.
Como en EEUU hay autovías larguísimas, el control de crucero forma parte del equipamiento de serie de casi todos los coches desde hace alrededor de cuatro décadas, aunque muchos modelos lo podían tener desde finales de los años 50.
La mayoría de modelos que equipan este sistema tienen unos botones en el volante para controlarlo o una pequeña palanca detrás del volante: para activarlo y desactivarlo, para fijar la velocidad y para volver a ponerlo en marcha cuando se desactiva al tocar el pedal del freno o el embrague en los coches con cambio manual.
Cuando se activa, aparece un testigo de un reloj en el cuadro de instrumentos y cuando se desactiva desaparece este símbolo. En los coches más modernos también puede ir acompañado de una cifra, que es la velocidad que fija el conductor para que el control de crucero haga su trabajo.
Algunos modelos también tienen limitador de velocidad, un sistema que no controla el acelerador, sino que permite fijar una velocidad para no superarla. También es muy útil para no ir más rápido de la cuenta. El testigo es similar al del control de crucero, pero hay una diferencia: el del control de crucero tiene una flecha apuntando hacia el reloj y el del limitador tiene una especie de señal fuera del reloj.
Muchos conductores que pasan de un coche viejo a uno nuevo o a uno de segunda mano moderno, no están familiarizados con este testigo porque su antiguo coche era muy básico. Hay quien pulsa sin querer los mandos del volante y lo activa sin darse cuenta, de manera que, cuando el reloj verde aparece en el cuadro, se asusta porque no sabe que es. Eso sí, cuando aprenden para qué sirve y cómo funciona, se convierte en su mejor aliado en los viajes por carretera.
Ahora, el control de crucero ha evolucionado y en casi todos los coches nuevos es adaptativo. La diferencia con el control de crucero estándar es que el convencional solo mantiene una velocidad fijada por el conductor, mientras que el adaptativo es capaz de frenar cuando hay un vehículo delante y mantener una velocidad más baja de la fijada para respetar la distancia de seguridad con ese vehículo. Si ese vehículo acelera o le adelantamos, el coche vuelve a ponerse automáticamente a la velocidad fijada.
Imágenes | SEAT, Unsplash
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