El verano multiplica las horas que pasamos al aire libre y también las posibilidades de acabar con una picadura o mordedura. Mosquitos, abejas y avispas, garrapatas, tábanos y medusas están detrás de buena parte de estos incidentes durante las vacaciones. Aunque en muchos casos no pasan de una molestia, actuar de manera equivocada puede complicar la reacción.
«La mayoría de las consultas por picaduras son casos que se podrían haber evitado con la prevención adecuada o que se han complicado por una mala actuación en los primeros minutos. Es muy importante saber de qué animal procede la picadura y guiarse por las recomendaciones profesionales para actuar de la manera correcta», explica Mar Santamaria, responsable de Atención Farmacéutica de PromoFarma by DocMorris.
Y es que no todas las picaduras deben tratarse igual. Desde el orden correcto entre el protector solar y el repelente hasta la forma de retirar una garrapata o un tentáculo de medusa, estos son los consejos de la experta para enfrentarse a los encuentros más habituales del verano.
1. Mosquitos: el repelente, mejor después del protector
Los mosquitos encuentran a sus víctimas a través del dióxido de carbono que expulsamos al respirar, el ácido láctico del sudor y el calor corporal. También influye el olor particular de cada persona, relacionado con su microbiota cutánea.
Como evitar por completo resultar atractivo para ellos no es posible, la prevención cobra especial importancia. Se recomienda utilizar un repelente adecuado, vestir con ropa de algodón y colores discretos y prescindir de perfumes o cosméticos con fragancias intensas.
Entre los repelentes, sustancias sintéticas como DEET, icaridina o IR3535 están registradas como biocidas y tienen eficacia probada. La citronela, pese a su popularidad, no cuenta con ese registro y utilizada por sí sola no proporciona una protección suficiente. Además, hay un orden que conviene recordar en la playa o la piscina: si se utiliza protección solar y repelente, primero se aplica el protector solar y después el repelente.
Si el mosquito ya ha picado, la recomendación es lavar la zona con agua y jabón y evitar rascarse, ya que hacerlo prolonga la irritación y aumenta el riesgo de infección. El frío local, un preparado tópico con antihistamínicos o una loción pueden ayudar a aliviar el picor.
2. Abeja o avispa: cuidado con el aguijón
Aunque sus picaduras pueden parecer similares, hay una diferencia importante. Las abejas generalmente mueren después de picar y dejan el aguijón clavado en la piel. En ese caso debe retirarse con cuidado arrastrándolo con una uña o una tarjeta, sin presionarlo con unas pinzas para evitar inyectar más veneno. Las avispas, por el contrario, pueden picar varias veces porque no pierden el aguijón.
En ambos casos es habitual sentir inmediatamente un dolor intenso acompañado de enrojecimiento e hinchazón. Pero existen síntomas ante los que no hay que esperar: si la hinchazón se generaliza o aparecen dificultad para respirar o mareos, puede tratarse de una reacción alérgica que necesita atención médica urgente.
No existen repelentes específicos eficaces contra abejas y avispas. Como prevención, se aconseja evitar perfumes intensos y colores llamativos en lugares con flores y no realizar movimientos bruscos cuando se acerca uno de estos insectos.
3. Garrapatas: ni alcohol, ni vaselina, ni quemarlas
Encontrar una garrapata adherida a la piel puede llevar a intentar desprenderla cuanto antes y de cualquier manera. Sin embargo, precisamente aquí se encuentra uno de los errores más frecuentes.
No debe quemarse ni cubrirse con alcohol o vaselina antes de retirarla, ya que estas prácticas pueden provocar que libere más saliva infecciosa en la herida.
La forma adecuada de extraerla es utilizar unas pinzas de punta fina, sujetar bien la cabeza y tirar hacia arriba mediante un movimiento firme y constante, sin girarla ni aplastar su cuerpo.
Una vez retirada, hay que lavar la zona con agua y jabón y aplicar un desinfectante tópico como la clorhexidina. También es aconsejable hacer y conservar una fotografía de la garrapata y observar la zona durante los siguientes 30 días.
Hay que prestar atención a la aparición de una mancha o costra roja que vaya expandiéndose progresivamente alrededor de la mordedura, así como a síntomas posteriores como fiebre o malestar. Algunas garrapatas pueden transmitir enfermedades, entre ellas la enfermedad de Lyme, que requiere valoración médica. La fotografía puede ayudar a identificar el tipo de garrapata y orientar el diagnóstico.
Para reducir las posibilidades de sufrir una mordedura durante una ruta, se aconseja llevar ropa que cubra la piel en lugares con vegetación alta y revisar después zonas como axilas, ingles y cuero cabelludo. Repelentes como DEET e IR3535 también resultan eficaces frente a estos arácnidos.
4. Tábanos: una herida que hay que vigilar
El encuentro con un tábano se diferencia rápidamente del de un mosquito. En realidad, el tábano no pica, sino que desgarra la piel para alimentarse. Por eso el dolor puede ser intenso desde el primer momento y producirse una hinchazón considerable, en ocasiones acompañada de un pequeño hematoma.
Ese desgarro también aumenta el riesgo de infección. La herida debe limpiarse y desinfectarse correctamente y vigilar su evolución. Si aparecen signos de infección o el hematoma no mejora, se recomienda consultar con un especialista.
Los tábanos tienen mayor actividad al atardecer, por lo que evitar las zonas de agua estancada durante esas horas y utilizar repelente puede ayudar a reducir el riesgo.
5. Medusas: nunca lavar la zona con agua dulce
El aumento de la temperatura del agua durante el verano favorece la presencia de medusas en las costas. Antes de bañarse, conviene comprobar las banderas de alerta y evitar las zonas de riesgo donde se hayan producido avistamientos recientes.
El contacto suele provocar un escozor intenso y dejar marcas rojizas en la piel. Dependiendo del tipo de medusa, también pueden aparecer hinchazón local, calambres musculares o irritación ocular.
Si queda un tentáculo adherido a la piel, no debe retirarse directamente con las manos. Hay que utilizar unas pinzas o una toalla a modo de guante, ya que las sustancias irritantes permanecen activas en el tentáculo.
Después, la zona debe enjuagarse con agua de mar o suero fisiológico. El agua dulce y frotar la piel con arena están desaconsejados porque pueden extender la reacción.
Respecto al tratamiento del dolor o el picor con analgésicos o antihistamínicos, la recomendación es consultar previamente con un profesional sanitario. También es aconsejable acudir al puesto de atención sanitaria de la playa y seguir las indicaciones de sus profesionales.
La prevención y, sobre todo, saber cómo reaccionar durante los primeros minutos puede marcar la diferencia entre una molestia pasajera y una complicación. Y una regla sirve para todos estos casos: identificar qué ha provocado la lesión antes de actuar y recurrir a los profesionales sanitarios cuando aparecen síntomas de alarma.