En 2026, a poco más de tres años de que Aquiles Alvarez asumiera el poder de la ciudad, varias de las propuestas con las que se buscaba transformar la movilidad y el espacio público de Guayaquil —y que se anunciaron en campaña y en los primeros meses de su gestión— aún no se han cristalizado.

Hasta junio, el agua potable para Monte Sinaí, intervenciones urbanas, parques renovados y una mayor cobertura de servicios sociales marcaron la gestión municipal.

La obra más visible son los pasos elevados de la av. de las Américas y del Bombero construidos en esta gestión del periodo de Aquiles Alvarez, quien se encuentra recluido en la Cárcel del Encuentro desde febrero.

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Los proyectos que quedaron en carpeta

El transporte fluvial, una de las ofertas de campaña del alcalde para aprovechar los ríos como una alternativa de movilidad, marcha lento. Para enero de 2026, la novedad era que los estudios ya estaban terminados, pero el proyecto todavía debía entrar en una nueva etapa: la creación de una empresa pública, denominada Fluvivía, que tendría que ser analizada por el Concejo Cantonal.

A esto se sumaba la posibilidad de articular la iniciativa con un proyecto de la Prefectura del Guayas para ampliar la cobertura.

Durante sus inicios, Alvarez apuntaba a recuperar el centro, y convertir edificios desocupados en residencias universitarias. El centro registra problemas como las personas sin techo, espacios descuidados, la informalidad por doquier.

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El Malecón 3000 fue otro anuncio sin concretar. En 2024, el Municipio proyectaba presentar en mayo de ese año el proyecto para desarrollar 3 kilómetros lineales de malecón en la zona del parque Samanes que colinda con el río Daule.

A finales de 2025, Alvarez aseguró que los diseños estaban terminados, pero atribuyó la demora a la falta de autorización del Ministerio del Ambiente.

Avances en la Metrovía y obras viales

En el sistema Metrovía, mientras la troncal 4 finalmente comenzaba a operar a mediados de 2025, la troncal 5 volvía al escenario de las proyecciones. La administración municipal anunció que esperaba avanzar con la actualización de estudios elaborados hace 17 años.

En tanto, entre los proyectos tangibles y visibles figuran las tres obras viales que avanzan “conforme al cronograma y sin retrasos contractuales”, según el Municipio.

Los pasos elevados de las avenidas Juan Tanca Marengo y del Bombero registran más del 40 % de avance, mientras que la primera fase de la reconstrucción de la avenida Rodolfo Baquerizo Nazur alcanza el 25 %.

Pese a la suspensión temporal que recibió el proyecto de la avenida del Bombero, el primer cuerpo gemelar se habilitó esta semana de julio, mientras que el de la avenida Juan Tanca Marengo está previsto para octubre de 2026.

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La falta de planificación estratégica bajo la lupa

Desde la visión de expertos, la ausencia de planificación centralizada explica el porqué del accionar municipal.

El docente investigador de la Universidad de Guayaquil Felipe Espinoza remarcó que la actual administración se ha limitado —en materia de obras de vialidad— a “intervenciones tácticas y aisladas, carentes de una jerarquización técnica que justifique el orden de prioridad de las obras ejecutadas”.

“La ciudad ha demostrado capacidad de ejecución técnica, pero carece de la estrategia necesaria para que dichas obras dejen de ser parches y se conviertan en los pilares de un sistema de movilidad eficiente, equitativo y a escala metropolitana”, indicó.

Para el arquitecto Héctor durante una administración pueden surgir nuevas prioridades que obliguen a modificar la planificación. En esa línea, los problemas de seguridad, servicios básicos, mantenimiento o emergencias pueden llevar a redirigir recursos inicialmente destinados a otros proyectos.

A su criterio, estos cambios son posibles e incluso necesarios, pero deben ser transparentes y evaluados durante todo el ciclo de vida de las obras.

Sostuvo que esas circunstancias no deberían convertirse en una constante improvisación.

Como ejemplo mencionó el proyecto Malecón 3000. Según su análisis, la iniciativa avanzó hasta la contratación y elaboración de estudios, pero posteriormente enfrentó dificultades relacionadas con la factibilidad ambiental y la viabilidad técnica para procesos de expropiación.

A su criterio, este tipo de obstáculos deberían identificarse con mayor anticipación mediante una planificación estratégica de largo plazo que trascienda los periodos de cada administración.

“Si este proyecto Malecón 3000 hubiese sido planificado desde mucho antes, ya los estudios, la factibilidad, todo eso hubiese estado listo. Viene un nuevo alcalde y lo que hace es ejecutar los estudios que dejó hechos el anterior”, explicó.

Citó que una administración puede iniciar el año con recursos destinados a determinados proyectos y, posteriormente, trasladarlos a otras partidas si las obras resultan inviables por razones técnicas, económicas, ambientales, institucionales o políticas.

De esta manera, el porcentaje final de ejecución podría calcularse sobre un presupuesto reformado y no necesariamente sobre la planificación inicial.

Ricardo Pozo, catedrático de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, enfatizó que la evaluación de una administración no debe concentrarse únicamente en las obras con mayor exposición pública o impacto comunicacional, sino en el cumplimiento de la planificación, los presupuestos y el programa de gobierno.

También considera necesario que la ciudadanía conozca por qué determinados proyectos no alcanzaron el nivel de ejecución previsto.

“Lo importante es revisar lo que se prometió al inicio de la gestión, lo que se incorporó al Plan de Desarrollo como proyectos estratégicos y lo que realmente se ejecutó. Así se puede evaluar cómo concluye la administración”, sostuvo Pozo, quien añadió que el análisis debe contrastar las obras ejecutadas con los compromisos establecidos en el Plan de Desarrollo y Ordenamiento Territorial (PDOT), el Plan Operativo Anual (POA), el presupuesto y los informes de rendición de cuentas.

Pozo y Espinoza plantearon que Guayaquil debería contar con una planificación de largo plazo, con metas que sean evaluadas periódicamente.

Como referencia, mencionó modelos en los que las obras de transporte, infraestructura y servicios responden a un objetivo común y no son concebidas como proyectos aislados.

En el caso de las obras que apuntan a mejorar la movilidad, el docente de la Universidad de Guayaquil remarcó que una falta de priorización da como resultado una ciudad con intervenciones costosas que, al no estar fundamentadas en un plan integral, “corren el riesgo de generar ‘demanda inducida’ en lugar de solucionar el congestionamiento a largo plazo”.

Expertos cuestionan que en el caso de la movilidad, por ejemplo, los sistemas terrestre y fluvial —de concretarse— sean planificados de manera separada. El objetivo, aseguran, sería avanzar hacia una movilidad multimodal que integre los distintos medios de transporte bajo una misma visión.

Los cuestionamientos a la falta de participación ciudadana

Desde otra perspectiva, César Cárdenas, director del Observatorio de Servicios Públicos, cuestiona que la planificación municipal continúe privilegiando las grandes obras de infraestructura sobre otros aspectos relacionados con la calidad de vida urbana.

“Las obras municipales en Guayaquil siguen atrapadas en una visión caduca: el cemento como fin en sí mismo y no como un medio para el bienestar humano”, manifestó.

Para Cárdenas, uno de los principales problemas es la escasa participación ciudadana en la definición de los proyectos.

“La gran ausente en las decisiones de la ciudad es la voz de los guayaquileños (...) una obra sin consulta es una obra ciega”, afirmó.

Por ello, planteó avanzar hacia un modelo de gestión con mayor apertura y control ciudadano, en el que los habitantes tengan una participación más activa en la fiscalización del gasto municipal y en la planificación del espacio público.

A menos de un año, ahora la discusión apunta a si Guayaquil logró avanzar hacia el modelo de ciudad que se ofreció al inicio del mandato o si las prioridades del camino terminaron redefiniendo esa hoja de ruta.

Percepción ciudadana

En la ciudadanía hay opiniones diversas, pero entre ellas resalta la falta de planificación y de cumplimiento de obras que -para ellos- se anunciaron avances e implementación para 2026.

Carolina Banchón recordó que el alcalde de Guayaquil anunció un proyecto ‘macro’ y ‘ambicioso’ para volver caminables a vías importantes y la aplicación masiva de expropiaciones en el centro. Varios de los avances se pensaban para este año.

Hasta enero, el Municipio arrancó con la socialización del Plan Urbanístico Complementario del Centro (PUC Centro), que busca revitalizar 60 hectáreas del centro. ”Tienen lo que se puede caminar los domingos, eso está bien, pero y qué más viene. La gente de la calle sigue durmiendo y orinando en cualquier lado y el centro sigue siendo un lugar muerto después de las 18:00″, indicó.

Opinión similar tiene Gabriela Guerra, quien aspiraba que se agilite el tema de reactivar al centro. “Ya se termina esta alcaldía y eso del centro quedó en nada. Uno no puede venir al centro de noche porque es peligroso, todo está botado, todo está sucio”, señaló.

Desde la visión del ciudadano Celso Salvatierra, la prioridad de la alcaldía debe ser ‘concretar los proyectos anunciados antes de presentar nuevos’.

“Tenemos una Metrovía que es deficiente, los buses y lo fluvial no quedó en nada. Solo hay que mirar el tremendo tráfico que hay en la ciudad para ver que lo que se necesitan son alternativas para moverse y no solo más calles o puentes para que entre más carro”, mencionó.

Diversos comentarios ciudadanos apuntan a que se debe transparentar qué se cumplió de lo que se prometió en campaña. “Guayaquil necesita que le prometan y le cumplan sus obras. No es que suenen bonitas, sino que sean realistas y se puedan hacer”, manifestó Luis Ángel Becerra. (I)