Griselda Siciliani conversó con Teleshow sobre Boite, el espectáculo que comparte con Carlos Casella en La Trastienda, una propuesta que define como la celebración de un vínculo artístico construido a lo largo de los años. La actriz explicó por qué considera que la experiencia escénica conserva una parte imposible de trasladar a las palabras y se detuvo en uno de los pasajes más personales de la obra: el momento en que se sienta al piano. Además, adelantó sus próximos desafíos profesionales, entre ellos Menem 2 y la interpretación de Moria Casán.

Una mujer vestida de negro canta recostada sobre una alfombra blanca en un escenario mientras sostiene un micrófono
La actriz definió el espectáculo como una celebración de la historia y la comunión artística que comparten

—¿Qué te pasa cuando te subís al escenario con Carlos Casella?

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—Es una fiesta. Siempre decimos eso. Y con este espectáculo creo que lo terminamos de cerrar, porque ya nos conocíamos más, porque pasaron muchos años y porque es nuestro tercer espectáculo juntos arriba del escenario, solos. Terminamos de entender que es una fiesta en el sentido más profundo de la palabra. Es una celebración de nuestro vínculo, de nuestro entendimiento como artistas, de nuestra comunión de lenguaje. Compartimos un lenguaje propio, singular. En este espectáculo lo celebramos con todos los caprichos, como les decimos nosotros, burlándonos un poco de nuestros deseos. Pero esos deseos ya constituyen un tipo de lenguaje, por quiénes somos y por todo lo que construimos juntos artísticamente. Decidimos basar este espectáculo en eso, en la química y en el deseo.

—¿Podrías definir el espectáculo?

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—No sé explicarlo. Ni siquiera tengo ganas de decir qué es, porque hay que verlo y un poco hay que sentirlo. No es muy describible.

Griselda Siciliani canta sentada en el escenario mientras Carlos Casella permanece de pie al fondo bajo luces rosadas
La actriz destacó la química, el humor y el lenguaje propio que construyó junto a Casella

—No es fácil...

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—No. Y además, cuando tratás de explicarlo, siempre lo empobrecés. Podés decir que hay canciones y algunos momentos, pero en realidad está tan basado en lo que nos pasa a nosotros arriba del escenario y en toda la historia que traemos, junto con un equipo que trabaja con nosotros desde hace muchísimos años, que hay algo de eso que hay que vivirlo. No sería lo mismo si lo hicieran otros.

—Da la sensación de que cada noche puede pasar cualquier cosa. ¿Improvisan?

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—No, la obra tiene ese estilo. Nos propusimos que parezca que estamos improvisando, que estamos jugando, pero todo está totalmente pensado. Lo repetimos exactamente igual todas las noches. Está todo diagramado. Pero el espíritu del show tiene que transmitir esa frescura, esa sensación de noche, de charla, de que todo está pasando ahí sin solemnidad y sin pretensión. Que parezca así nomás, aunque no sea así nomás para nada.

Un hombre y una mujer con camisas blancas y gafas de sol oscuras posan de frente sobre un fondo de color azul
“Es una fiesta”, dijo Siciliani sobre compartir escenario con Carlos Casella

¿Qué te gusta de Carlos?

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—Todo. Pero sobre todo el vínculo que tenemos, la manera en que nos relacionamos y creamos. Eso es lo que más me atrae. Después, lo respeto mucho como artista, lo admiro. Me parece un artista muy singular, muy fiel a lo suyo. Nunca transó con nada. Siempre creó yendo hacia lo profundo, cada vez un escalón más abajo en su arte y en su singularidad. Y, al mismo tiempo, es súper liviano, relajado y gracioso. Conviven todas esas cosas en él.

Qué bueno que se pudieron conocer en esta vida.

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—Tremendo. Yo era su alumna de danza. Lo que nos unió fue la danza. Es muy loco.

No sabía que tocabas el piano...

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—Tampoco es que soy pianista (risas). Pero logramos hacer ese momento en algo único. Esa canción es de un disco de Daniel Melero que se llama Quiero estar entre tus cosas. El que toca el piano en ese disco es nuestro director musical, Diego Bianatti. Es uno de los momentos que más me gustan del show. Porque además es una sorpresa. Hacia el final del espectáculo desaparece casi todo y quedamos nosotros dos, el piano y la voz, con muy pocos elementos.

Perfiles rojos de un hombre y una mujer aproximando sus lenguas a un micrófono, con los nombres Griselda Siciliani y Carlos Casella
Boite el espectáculo de Griselda Siciliani y Carlos Casella

—¿Que vas a hacer después de las funciones de Boite?

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—Voy a estar yendo y viniendo a Montevideo, Uruguay, para filmar, así que es difícil. Queremos intentar si en diciembre se puede hacer algo más, pero no estamos seguros. Depende mucho del espacio que tenga La Trastienda y de que yo pueda hacerlo. En principio, ahora quedan estos siete shows de septiembre.

—Dan ganas de subirse al escenario con ustedes.

—Seguro que a mucha gente le pasa eso, porque nosotros lo vivimos con mucha alegría. Y eso se transmite. Por eso digo que es una celebración, como un cumpleaños en el que estamos.

—¿Te pasa seguido que el público quiera acercarse de esa manera?

—Sí, porque se genera algo muy cercano. Hay una alegría compartida que se contagia.

—Ahora estás con “tu” Zulema...

—Sí, ya empezamos a grabar Menem 2. Vienen días arduos de jornadas de filmaciones.

¿Y después de la serie de Menem, cómo sigue tu año?

—Después me voy a tomar unas vacaciones. Pero tengo muchísimas cosas. Es un privilegio increíble, aunque también es vertiginoso. Tengo la agenda casi hasta fines de 2028. Hay cuestiones que hay que agendarlas así, porque si no después no entran. Ya está todo tomado hasta fin de 2027, aunque todavía no puedo contar nada. Sabiendo ese itinerario, me voy a tratar de tomar en verano todo el descanso que pueda con mi hija y aprovechar su época de vacaciones para estar mucho con ella.

Griselda Siciliani como Moria Casán
La actriz también recordó su participación en la serie sobre Moria Casán: “Fue un placer hacerlo”

La serie de Moria explotó... Imagino que la experiencia fue tremenda.

—Tremenda. Gran experiencia, muy divertida. A mí me tocó lo más humorístico, lo más delirante. Fue un placer hacerlo. Me acomodaron todo el año para que yo pudiera participar, porque para mí era imposible meterlo en el medio. Tenía que entrar en una hendija entre Envidiosa 4 y la película de Álex de la Iglesia. Movieron todo para que pudiera filmar en los únicos dos meses que tenía libres. Fue también un mimo.