Todo empezó, como empiezan estas cosas, con un enigmático. Marcelo Polino volvía de Uruguay sin material fresco y tiró al aire una perlita de la grabación del último capítulo de la biopic de Moria: “Estábamos todos los famosos en un lugar y uno de los famosos estaba en otro lugar”. El acertijo duró lo que dura un corte publicitario: “Lali Espósito no se quiso juntar con nosotros”. Y el diagnóstico, por si quedaba duda: “Conmigo tiene pica, no sé si con alguien más”.

La aludida no se hizo la distraída. Lali desmintió la escena y ofreció pruebas: horarios de grabación, fotos, contenido propio. “Lo que dice, no solo es falso sino que hay pruebas claras que se pueden chequear”, avisó. Y después, el golpe corto: “Miente de mala leche”. Su fastidio cabía en una frase: “Es insólito para mí”.

Ahí podría haber terminado. Pero Lali agregó una hipótesis: deslizó que detrás del ataque había algo más que un rencor de camarín. “Lo de él es por el Javo, me parece”, en alusión a la cercanía del periodista con Fátima Flórez y con el oficialismo. Polino salió al toque, primero por Instagram y después en su programa de radio. Negó el tinte político con un argumento de almanaque: la pelea, insiste, es de julio de 2021, cuando Milei ni era diputado. “No me quieras meter en la grieta”, tiró. Y una declaración de principios: “Soy del partido polinista, porque yo trabajo desde los diecisiete años sin parar”.

En el descargo contó de dónde viene el resentimiento: fue padrino del fandom de Lali durante casi una década, hasta que —dice— ella “se subió al pony”. La gota que rebasó el vaso fue la época de “La Voz Argentina”, cuando él tenía un programa a continuación de la gala y ella nunca aparecía: “Pasaron todos, los Montaner, La Sole... Yo me hinché las bolas”. Cinco años después, el enojo conserva esa temperatura exacta.

Comedia, Pedro

Del otro lado, mientras tanto, el clima era de comedia. Pedro Rosemblat, novio de la cantante, llevó la versión del aislamiento al absurdo doméstico: “No me extraña, porque en casa es igual. Los gatitos y yo dormimos en un cuarto y ella duerme en otro”. Y remató: “Hago el asado y me como los huesitos, mientras ella se come el bife. Mi solidaridad con Polino”. Después, más serio, ofreció el único dato duro de la polémica: “Esa pelea ya la ganó Lali. Me baso en la respuesta del público”.

La propia Lali eligió el camino más barato y más eficaz: no dijo nada más. Subió el clip de su participación en la serie —de rojo, bailando, con la voz de Moria describiéndola como “la certeza de atravesar generaciones”— y dejó que el video desmintiera solo. El viernes reapareció en público, tranquila, en una función de “SEX”, la obra donde trabaja su hermana, con jean, botitas y una remera con la cara de Sandro. Puede que no signifique nada. O puede ser la manera más elegante de decir a quién le rinde cuentas una cantante popular argentina.

Polino, en tanto, publicó una foto del grupo reunido en aquel salón de arañas de cristal y escribió: “Acá todos los famosos juntos divinos en el mismo espacio. Fin del cuento”. Después, en la radio, bajó un cambio y ofreció tregua: “Dormí tranquila, Lali Depósito”, tiró, metiéndose solo en la grieta, “porque en mí no encontrás un enemigo”. Y una invitación que suena a chiste y quizás no lo sea: “Que llene River, que me invite y bailo arriba del escenario”.

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