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El mar no sólo es para bañarse. Recibe el 85% del tráfico comercial. De ahí la catástrofe económica del cierre de Ormuz. Previamente, en solidaridad con Gaza, los hutíes problematizaron el estrecho de Bab el Mandeb, puerta del mar Rojo, lo que ha perjudicado a Egipto (Suez) y a los puertos de El Pireo y de Italia. Algeciras, Valencia y Barcelona han crecido mucho estos años de guerra en el Oriente bíblico. Ahora bien, el puerto Tánger Med, junto a Ceuta, les está pisando los talones, y a finales de año se inaugura el Nador West Med, junto a Melilla, ultramoderno y automatizado. Un salto marítimo colosal. Los puertos de Tánger y Nador oscurecen el futuro de los puertos españoles y permitirán estrangular la economía de Ceuta y Melilla. Para succionarlas, Marruecos no necesita invadirlas.

El puerto Tánger Med  

El puerto Tánger Med  AFP/archivo

Desde los romanos sabemos que los imperios son talasocráticos (de thálassa, mar): controlan la circulación por los océanos. Por eso es tan significativa la impotencia norteamericana en Ormuz. Está animando a nuevos actores: Turquía ya cobra peaje en el Bósforo y los Dardanelos; Irán y Omán cobrarán en Ormuz, y hay gran revuelo en el Indo-Pacífico. Marruecos quiere un papel principal en el estrecho de Gibraltar.

EE.UU. busca ‘estados corsarios’ a los que subrogar asuntos escabrosos

Es necesario interpretar el asalto a Ceuta en el contexto de un objetivo esencial de Marruecos: apropiarse sin tapujos del antiguo Sáhara español. EE.UU. lo está ayudando con la propuesta de región autónoma, con armamento y con altísima tecnología (también israelí). Marruecos trabaja en un dron para la lucha antiterrorista: el control del Sahel es una de las preocupaciones de EE.UU. Los estadounidenses no pueden o no quieren estar en todas partes y buscan estados corsarios a los que subrogar asuntos éticamente escabrosos. Marruecos es uno de esos estados. Sirviendo a EE.UU. se ha fortalecido mucho ante España.

Ser decisivo en el Estrecho; consolidar el Sáhara; afirmarse como potencia atlántica norteafricana; asfixiar a Ceuta y Melilla; usar el grifo migratorio para hacer tratos como ayudas de la UE y compensaciones, y alimentar la economía propia con los emigrantes marroquíes en Europa. La estrategia de Marruecos está clara. Más allá de las reacciones emotivas y tópicas por el asalto a Ceuta, ¿cuál es la estrategia de España?