"La Reina Roja", poema sinfónico de Gabriela Ortiz que le comisionó el Festival PAAX GNP tuvo su estreno mundial ayer. Minutos antes de que la Orquesta Imposible y la Orquesta de la Comunidad de Madrid interpretaran la obra, Ortiz y Alondra de la Parra, directora artística del festival, ofrecieron unas palabras.

Gabriela Ortiz, la compositora mexicana con más presencia internacional en el presente, habló de su principal inspiración: el libro homónimo escrito por Adriana Malvido sobre la cobertura periodística que le dio al descubrimiento de la Reina Roja de Palenque hace 32 años:

"En este libro, Adriana cuenta y narra de una manera verdaderamente extraordinaria cómo Fanny López Jiménez, la arqueóloga que intuye que en el Templo XIII hay un sarcófago, es testigo de cuando se descubre el sarcófago de la Reina Roja".

La directora Alondra de la Parra. Foto: Quimera.

La directora Alondra de la Parra. Foto: Quimera.

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La parte humana de esta historia, dijo, fue lo que la cautivó: la intuición de Fanny López Jiménez, el descubrimiento del sarcófago, la pasión de Malvido para narrar los hechos fueron lo que la motivó para escribir esta pieza en cinco secciones, que fueron interpretadas sin pausas:

"Nos vamos a ir a otro mundo. Les pido que estén muy abiertos porque nos vamos a ir al mundo de las sensaciones, el mundo de las imágenes, el mundo de los olores", continuó Ortiz y abundó un poco en cada movimiento:

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El primero, "Luminiscencia en rojo", habla del amanecer como antesala de lo venidero, el hallazgo de la Reina Roja; el segundo, "Geometrías de selva y piedra" regresa a la narración de Malvido y la noción de que lo ancestral: la naturaleza, la selva, la materia hablan, incluso a través de los fractales; sigue "Cinabrio", mineral rojo que cubrió prácticamente todas las superficies cuando el sarcófago fue abierto:

"Este mineral era para preservar no solamente los huesos, sino que tenía un significado espiritual para la cultura maya. Ahí ustedes van a escuchar una especie de rito ancestral, música muy visceral y fuerte"; el cuarto movimiento se llama "Rostro malaquita" y alude a lo que Ortiz describe como otro momento extraordinario del libro de Malvido: "Ella habla de cómo se reconstruyó la máscara la Reina Roja de pequeños pedazos de piedra, de malaquita. Imaginen pequeños fractales de sonidos, pequeñas malaquitas que suenan".

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"Tz'akab Ajaw", la quinta sección y el final, continúa la compositora, es la celebración de haber descubierto a la Reina Roja, la esposa de Pakal "el Grande". Y una celebración también para las mujeres con las que el proyecto se entretejió en distintos niveles: Alondra de la Parra, Adriana Malvido y Fanny López Jiménez. "Gracias a todas ellas es que estoy aquí platicando de esta obra".

De la Parra destacó la importancia de que en cada edición del Festival PAAX GNP se han comisionado obras musicales y coreográficas que después alcanzan proyección internacional. En el caso de "La Reina Roja", el Festival PAAX GNP se unió a instituciones como el Concertgebouw, Philharmonie, Lincoln Center, Musikverein y ORCAM para comisionar la obra a Ortiz.

Cada sección de músicos, hiperconcentrada, viste de negro. Alondra de la Parra los guía con un ánimo interior inquebrantable. El despertar de la naturaleza, mencionado por Ortiz, inicia con el temblor de las cuerdas y los metales, el tintineo del piano como un acercamiento inicial a la historia narrada por Malvido.

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Esos primeros minutos trazan en el aire una especie de boceto donde tres reinos —el mineral, el animal y el vegetal— van despertando para congregarse. Un día antes, en la charla que ofreció junto a Malvido, Ortiz habló de la ineludible influencia de Silvestre Revueltas, pero hay algo más allá de su rastro: un temperamento, la visión de la naturaleza bajo una lente metafísica, la luz del amanecer, la fuerza de la bóveda azul sobre los arqueólogos o el brillo mineral que hablan y revelan su espíritu.

Las cuerdas recrean el vuelo circular de las aves y el hallazgo del sarcófago, la primera visión que entonces tuvo Fanny López Jiménez. Poco a poco, la música desemboca en un ritual funerario, una ceremonia precolombina donde la muerte tiene otro sentido distinto al de Occidente.

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Y el esplendor, el fulgor de un mundo gigantesco detrás de la sinfonía vehemente compuesta por Ortiz. Las distintas etapas de una larga historia que tiene dos edades: 32 años en un extremo; mil 300, en el otro. A ratos, los metales dan una cara de ese despertar de la naturaleza el día en que Fanny encontró a la Reina. Y esa otra cara es una revelación interna, el punto donde dos mundos separados, el de nuestros días y el prehispánico, coinciden, una vez más.

Durante siete minutos, el público aplaude, Gabriela y Alondra se abrazan. Adriana y Fanny suben al escenario hasta que paulatinamente las ovaciones se apagan. Ellas y los artistas salen del escenario.

Foto: Quimera.

Foto: Quimera.

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