Lo que uno menos esperaba escuchar en el Macondo Park que ha montado Shakira en Madrid es la rabia de Zack de la Rocha cantando Killing in the Name con sus Rage Against the Machine. Pero así fue. A eso de las 15.30 de este viernes, el serrucho guitarrero de Tom Morello sonaba por los altavoces y daba la bienvenida a los primeros espectadores al recinto. Enseguida sonó Don’t Boder, canción de la protagonista, y ya nunca más se supo de los Rage. Las puertas de este mundo de colores pensado por el equipo de la estrella se abrieron con un retraso de una hora: tenía previsto inaugurarse a las 15.30 y los primeros pasaron a las 16.30.

Miles de personas, con abrumadora mayoría femenina, habían madrugado para conocer Macondo Park (en referencia al lugar donde se desarrolla Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez). Más que un parque dedicado a la cultura latina, los 220.000 metros cuadrados (el equivalente a 30 campos de fútbol) están consagrados a ensalzar la figura de una mujer nacida en Barranquilla (Colombia) hace 49 años con el nombre de Shakira Isabel Mebarak Ripoll.

A María Oliveira, una portuguesa de 40 años, le encanta este “Shakiralandia”, como ella lo define. Con 14 años escuchó a la cantante colombiana y la ha visto en concierto en 20 ocasiones. “Para mí esto es el paraíso. Es un lugar estupendo”, apunta, eufórica. María ha sido de las primeras en entrar a este parque de atracciones a mayor gloria de la cantante de Loba. Aquí se celebra este viernes el primero de los 12 conciertos de la artista en Madrid, en una estancia española que será la única en Europa de la gira Las mujeres ya no lloran, que ya suma 120 fechas desde que se inició, allá por febrero de 2025.

Situado en el espacio Iberdrola Music, en el barrio madrileño de Villaverde (sur de la capital), el mismo lugar donde se celebra el festival Mad Cool, se ha construido en 30 intensos días. El jueves, decenas de operarios pegaban martillazos a marchas forzadas para tener listo el recinto, que espera cada jornada a unas 55.000 personas. En un principio se pensó abrir el espacio cada día a las 12 de la mañana (el concierto de la colombiana está previsto para las 21.00), pero, de momento, este fin de semana se desplegará desde las 15.30. Los recitales están distribuidos en cuatro fines de semana (viernes, sábado y domingo) hasta el 11 de octubre.

“No me lo puedo creer, no me lo puedo creer, pero si es Sofía”. Laura, con sus hijas de 9 y 11 años de la mano, se acababa de encontrar con su amiga Sofía, esta también con sus dos vástagos. No habían quedado, pero Shakira las ha unido. Una lástima que unas tengan entrada de pista y las otras de grada. Pero van a pasar las próximas cuatro horas juntas, hasta el inicio del concierto.

Desde los aros de acceso a la entrada, cada moqueta de color conduce a un pabellón: la azul al de literatura, la roja al de los conciertos, la morada para los niños (llamado Macondito), la naranja a un museo dedicado a Shakira...

En este se pueden admirar varios trajes utilizados por la artista en momentos estelares, como el diseñado por Roberto Cavalli para cantar Waka Waka en la clausura del Mundial 2010, el de Sudáfrica, que ganó España. También se exhiben sus discos de oro y se pueden bailar “en un espacio inmersivo” las canciones de la diva mientras se proyectan sus vídeos.

Hay que subir una rampa con moqueta verde para hacerse una foto con medio cuerpo gigante de una escultura en cartón piedra de una loba. Unas chicas de diferentes países toman imágenes con sus móviles. “A pesar de ser noruega, me encanta Shakira”, dice una de ellas, Marina.

Joselyn Calderón, de 32 años, ha regalado a su madre, Mariza, por su 60 cumpleaños un viaje a Madrid y las entradas para el concierto. Son ecuatorianas que residen en Italia. “Shakira me recuerda a mi infancia, en Ecuador, cuando la escuchaba a todas horas mi mamá”. La aludida asiente.

Se ven banderas colombianas y pelucas moradas, las mismas que utiliza Shakira en el vídeo de Las de la intuición. En el pabellón dedicado a la literatura, Melba Escolar y Carolina Reoyo disertan sobre Aureliano Buendía, personaje central de Cien años de soledad, ante una audiencia de unas 10 personas. Muchas más husmean en la Biblioteca Shakira, unas estanterías llenas de ejemplares: La tregua, de Mario Benedetti; Persépolis, novela gráfica de Marjane Satrapi, o Los astronautas, de Laura Ferrero, son algunos de los libros.

En este espacio literario también se encuentra una gran sala con una enorme pantalla donde se cuenta la historia de la obra de García Márquez. Se puede ver tirado en unos cojines. Los niños juegan al fútbol y pegan berridos en un karaoke, por supuesto con canciones de Shakira, en Macondito. A las 19.00, en una carpa para unas 4.000 personas, comenzó a actuar Guitarricadelafuente. Un lujo.

Todo el mundo parecía feliz en este recinto de entretenimiento consagrado a la colombiana, sobre todo en las dos primeras horas. Conforme se acercaba el momento del concierto, eso sí, las colas para acceder a algunas carpas eran bastante largas, al igual que para los puestos de comida y bebida.