España mantiene un uso del efectivo por encima de la media de la zona euro (57% de las transacciones en el punto de venta) y buena infraestructura de cajeros, pero se sitúa en una zona intermedia en el termómetro de aceptación y presenta un riesgo alto de exclusión monetaria, según Denaria.
Los datos proceden de un sistema de medición propio lanzado por Denaria Europe, la confederación europea para la defensa del efectivo, constituida el pasado 9 de junio por la plataforma Denaria (España), Droit au Cash (Francia), Kontantupproret (Suecia) y Denaria Portugal para defender el acceso libre al dinero en metálico. Este método se compone de tres índices que auscultan la salud del efectivo, su aceptación y el riesgo de exclusión monetaria de 20 países del Viejo Continente.
Los resultados de la primera edición, con datos al cierre del primer trimestre de 2026, dibujan un mapa de fuertes contrastes. Austria es el país con el ecosistema de efectivo más saludable de Europa (88,7 sobre 100), impulsado por la mayor densidad de cajeros del continente y un uso elevado del metálico. Además, es el único que combina simultáneamente una salud alta, una alta aceptación y un riesgo bajo de exclusión.
En el extremo contrario, Países Bajos (27,4), Bélgica (29,7) y Finlandia (33,1) registran las puntuaciones más bajas y son las tres únicas naciones en zona roja del termómetro de aceptación.
La plataforma afirma que los Estados en los que los pagos sin efectivo avanzan más rápido son también aquellos donde los colectivos vulnerables afrontan un mayor riesgo de exclusión. Es el caso de Finlandia y Países Bajos, habitualmente presentados como modelos de progreso digital. Por su parte, el problema en los países bálticos (Letonia, Lituania y Estonia) proviene de la combinación de tasas de pobreza superiores al 21% y poblaciones envejecidas.
España, en riesgo
En el caso de España, aunque ocupa una posición intermedia estratégica, al mantener un uso del efectivo por encima de la media del área euro y una buena infraestructura de cajeros, se sitúa en la zona media en aceptación (66,4) y presenta un riesgo alto de exclusión (57,3), lo que la convierte en un país prioritario para la agenda de trabajo de Denaria Europe.
Estos resultados llegan justo cuando el Ministerio de Economía ha impulsado la figura de la Autoridad de Defensa del Cliente Financiero, una decisión que, a juicio de la plataforma presidida por Javier Rupérez, refuerza su posición. Denaria recuerda que el pago en metálico dentro de los límites que fija la normativa tributaria es un derecho de los consumidores que no siempre puede ejercerse por la negativa de determinadas empresas e instituciones españolas, como demuestran las 504 comunicaciones por rechazo del efectivo acumuladas en su canal de denuncias en sus tres primeros años.
Además, la plataforma recalca que el dinero físico continúa lejos de estar garantizado para buena parte de los colectivos sociales, con diferencias por edad y territorio muy marcadas, como refleja el informe de inclusión financiera del Banco de España.
Aceptación entre los mayores
De este modo, el metálico se mantiene como el principal medio de pago para el 79% de los españoles mayores de 64 años y gana peso en el entorno rural, ya que en los municipios de menos de 5.000 habitantes su uso ha pasado del 65% en 2023 al 72% en 2025, mientras que en las zonas sin oficina bancaria estable lo emplea el 71% de los vecinos.
Por otra parte, cerca de medio millón de personas (el 0,9% de la población) sigue sin acceso al metálico, en un contexto en el que el cajero automático es el canal más habitual (79%), muy por encima de la ventanilla bancaria (8,4%). En este sentido, la plataforma reclama que la atención presencial por parte de personas se garantice como un estándar mínimo de servicio en establecimientos y que la extensión de dispositivos desatendidos, canales exclusivamente digitales o máquinas de autoservicio no se traduzca en una barrera de aceptación, especialmente para los colectivos más vulnerables.
La plataforma insiste en que el debate público europeo sobre el efectivo cuenta con un déficit sistemático de medición. Aunque existen datos proporcionados por el Banco Central Europeo, Eurostat y los bancos centrales nacionales, señala que ningún instrumento los integra, los actualiza periódicamente ni los comunica de forma accesible. Por ello espera que su sistema cubra esta laguna que considera vital para el futuro del ecosistema de pagos.