Ariana Grande decidió correrse del centro de la escena. La cantante y actriz estadounidense, de 33 años, se alejará temporalmente de la vida pública una vez que concluya su gira mundial, el Eternal Sunshine Tour, cuyo cierre está previsto para el 1 de septiembre en Londres. Como primera consecuencia concreta de ese repliegue, no participará de la reposición del musical “Sunday in the Park with George”, de Stephen Sondheim, que iba a encabezar en el teatro Barbican del West End londinense junto a Jonathan Bailey, su compañero de elenco en “Wicked”.

La confirmación llegó a través de un representante de la artista, que habló con las revistas People y Deadline: Grande “dará un paso atrás en cuanto a visibilidad después de completar la gira Eternal Sunshine Tour”. Según el vocero, la cantante “está deseando terminar la gira por todo lo alto, con buena salud y feliz, para luego tomarse un merecido descanso de su trabajo y sus apariciones públicas, que le han supuesto un escrutinio público interminable y constante”.

Esa última frase —”escrutinio público interminable y constante”— condensa el trasfondo de la decisión. En los últimos meses, Grande estuvo en el foco mediático por los comentarios del público sobre su aspecto físico y su estado de salud: en redes sociales se multiplicaron las especulaciones sobre un posible trastorno alimentario, un debate que se intensificó el viernes pasado con el lanzamiento de “Petal”, su octavo álbum de estudio, y el videoclip del sencillo homónimo.

“Su trabajo y sus apariciones públicas, que le han supuesto un escrutinio público interminable y constante”

comunicado de prensa sobre la salud de Ariana

Frente a esas versiones, una fuente cercana a la artista salió a responder en People con un argumento escénico: el espectáculo que ofrece en sus conciertos “es muy físico y requiere una gran capacidad atlética”, y la cantante “actúa de manera saludable y con éxito a un nivel muy alto noche tras noche”. Desde su entorno también buscaron despejar cualquier lectura negativa sobre el tour, que arrancó el 6 de junio en California: “Ha sido una experiencia maravillosa para ella. Quiere mucho a sus fanáticos y ha disfrutado muchísimo cada minuto”.

La baja del musical fue oficializada por Empire Street Productions, la compañía a cargo del montaje, que evitó cualquier tono de reproche: “Sabemos que esta no puede haber sido una decisión fácil, y la toma con toda nuestra comprensión y apoyo”. La producción, aclararon, se estrenará el próximo verano europeo según lo previsto, y el nuevo reparto se anunciará “a su debido tiempo”.

Tendencia creciente

El paso al costado de Grande se inscribe en una tendencia cada vez más visible entre las grandes estrellas pop: la de frenar en la cima para protegerse de una exposición que las redes sociales volvieron permanente y, muchas veces, cruel.

El caso de Grande tiene un condimento particular: el escrutinio no apunta a su música ni a sus escándalos, sino directamente a su cuerpo, un terreno donde la opinión pública suele disfrazar de preocupación lo que en el fondo es vigilancia.

Criada frente a las cámaras —saltó a la fama como actriz infantil en Nickelodeon antes de debutar discográficamente con “Yours Truly” en 2013—, Grande conoce esa dinámica desde siempre.

En el camino acumuló tres premios Grammy y una nominación al Oscar como actriz de reparto por la adaptación cinematográfica de “Wicked”, el papel que la reconvirtió en fenómeno global y que, paradójicamente, multiplicó la lupa sobre su vida. Ahora, con la gira a punto de cerrarse y el musical de Sondheim fuera de agenda, la artista se prepara para algo que el pop rara vez concede: silencio.

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