Oraitz García

19/09/2026 a las 07:32h.

Lo que más me apasiona de este oficio, es el encontrar rincones gastronómicos inesperados que te atrapan, te sorprenden, y, se convierten en uno de mis lugares de culto. Sheiko es claro ejemplo de ello.

Lo conocí hace un par de años. Lo encontré salseando por Instagram, y, me llamó la atención, sobre todo, la apuesta por ofrecer una cocina que viajaba a las culturas gastronómicas de Asia, en pleno corazón de Eibar, a pocos metros de la Plaza Unzaga. Allí que fui, por pura curiosidad, y, se convirtió en uno de los grandes descubrimientos gastronómicos de aquel año. No se me olvida aquella primera visita. Fue el propio Jon Altuna, alma máter del proyecto, quien me recibió y me hizo dos preguntas: a ver si era la primera vez que visitaba Sheiko y que tal llevaba el comer materia prima cruda y el picante. Le respondí que sí a ambas cuestiones, y, me regaló un menú que me encandiló. De todo el alarde, me encantaron los nigiris, soy fan de este plato tradicional japonés, con el arroz como base y donde juegan con los ingredientes que lo abrazan desde arriba. Aquella vez disfruté probando el de vieira y txangurro; el de anguila, foie y manzana; y, el de pez mantequilla y trufa.

Volví en noviembre del año pasado. Otro homenaje, otro viaje culinario más que interesante, donde el plato inolvidable fue el Kanpai de gamba roja. Una oda al producto, donde se mezclan, el respeto, la técnica y el sabor al servicio de un bocado sublime. Dos elaboraciones, por un lado, el nigiri de gamba roja, toda la esencia del producto en su desnudez, con un toque de lima que le aporta frescor y casa a la perfección. Por otro lado, un chupito de una crema de marisco, que es puro arte, nuestra tradición, la profundidad del sabor del mar, chupito que trae consigo la cabeza de la gamba, para terminar rechupeteando la cabeza. Plato que va y viene en la carta de Sheiko, que es probable que cuando bajen las temperaturas vuelva a hacer nuestras delicias.

En julio volví con las maletas preparadas para volver a viajar y disfrutar. El espectáculo comenzó con la Niketa, una referencia de la casa, esa versión japonesa de la croqueta, elaborada con bechamel de kimchi, y, culminada con una lámina de atún, kimchi y encurtidos, toda una explosión de sabor. Le siguió el temaki de anguila, pura experiencia en boca, alga nori como base, relleno de arroz, y, cubierto con anguila naqueada con salsa Kabayaki, una rodaja de foie y compota de manzana, intensidad en cada bocado, lleno de matices, donde cada ingrediente mantiene su personalidad, y, se unen para nuestro goce y disfrute.

A continuación, el salmorejo tradicional, con tataki de bonito, marcado en la plancha, después de un marinado asiático, y, redondeando el plato, crumble de txistorra, carácter en cada cucharada. La elegancia y desnudez del tartar de dorada, donde marinan el pescado con salsa de ostras, sobre una base de arroz, con una yema de huevo y crema de wakame. Un plato que me sorprendió mucho fue el curry rojo con gyozas de langostinos, intensidad y potencia, con un punto de alegría, profundidad de sabor, una maravilla en boca, para repetirlo a cucharadas, y, ya si le sumas la delicadeza de las gyozas, magia pura. Como guinda, el festival de sushi, las pequeñas obras de arte culinarias, que parten de la esencia y respeto del producto y que hacen las delicias de nuestros paladares. Los nigiris de salmón y ají amarillo, el de atún con yema de huevo texturizado y el de pez mantequilla y mayonesa de trufa. Además de los spicy rolls. Magia.

Sheiko es la casa de Jon Altuna. Un cocinero que estuvo trabajando en el Salegi de Itziar, referencia de nuestra cocina tradicional. Pasó por el Deportivo, y, aterrizó en el Iruko by Sushi Gallery de Durango, aprendiendo los secretos de la cultura del sushi.

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De ahí a emprender su propio proyecto en octubre del 2023, dónde nos propone una cocina muy personal. Busca ofrecer algo diferente a lo que es habitual en Eibar, y, para ello, parte de nuestra tradición culinaria, se ayuda de las recetas de toda la vida, de los productos locales, del mercado, cocina guisos de toda la vida, que luego pone a viajar, se aprovecha de su conocimiento de la cultura gastronómica asiática, para crear bocados que te atrapan, que sorprenden, a través de ir añadiendo toques, productos y elaboraciones de aquellos lares.

Es una cocina libre, que une las dos maneras de entender la cocina, a través de platos trabajados, cuidados al detalle, donde la técnica y la maestría del chef se ponen al servicio del sabor, son bocados que hay que saborear con tranquilidad y paciencia, buscar los matices, los detalles, los juegos de sabores. Una cocina con personalidad y carácter, una gran cocina. On egin!!