29 de septiembre, 2026 - 07h16

La discusión sobre El Niño 2026-2027 no debería reducirse a cuánto va a llover, sino a qué territorios enfrentarán exceso o déficit hídrico y qué capacidad tienen para responder. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó el pasado 3 de septiembre que El Niño está consolidado, seguirá fortaleciéndose y tiene una probabilidad cercana al 100 % de persistir hasta febrero de 2027. Un evento muy fuerte puede alterar los patrones de precipitación y temperatura, aumentando los riesgos de inundaciones, sequías y calor extremo.

En Ecuador el riesgo se suma a vulnerabilidades existentes. Naciones Unidas estima que 1,9 millones de personas requieren asistencia en diez provincias prioritarias y advierte que la violencia, los eventos climáticos y la fragilidad socioeconómica se refuerzan entre sí. Guayas, Los Ríos, Manabí, Esmeraldas y El Oro están entre ellas. Según el INEC, la pobreza por ingresos alcanzó el 21,4 % en diciembre de 2025 y la pobreza multidimensional llegó al 41,7 % durante ese año, factores que condicionan la recuperación de los hogares.

El impacto también puede extenderse a la economía y la infraestructura. El Banco Central del Ecuador estimó pérdidas potenciales en la cartera de crédito de $ 2.332 millones bajo un El Niño moderado y $ 2.705 millones bajo uno severo. El Banco Mundial calcula que las amenazas naturales generan unos $ 139,5 millones anuales en pérdidas en la Red Vial Estatal: $ 90,4 millones en daños directos y $ 49,1 millones por interrupciones de conectividad. Una carretera cerrada puede afectar mercados, empleo, salud, educación y acceso de comunidades.

El BID advierte que El Niño puede generar lluvias extremas en unas zonas y déficits prolongados, en otras. Por ello, seguridad hídrica, agricultura, generación eléctrica, incendios forestales y seguridad alimentaria deben abordarse de manera conjunta. Ecuador ya activó medidas: la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos declaró Alerta Roja el 29 de agosto y el Decreto Ejecutivo 485, del 31 de agosto, estableció como prioridad nacional la prevención, preparación, respuesta y recuperación.

También existen instrumentos financieros y de protección. En 2025, el Banco Mundial aprobó una Cat DDO de $ 200 millones para fortalecer la capacidad institucional y financiera del país. Agroprotege subsidia el 60 % de la prima del seguro agropecuario y puede llegar al 80 % mediante acciones afirmativas. Además, la Estrategia de País del Grupo BID 2026-2030 incorpora resiliencia climática e inclusión de poblaciones vulnerables, mientras el BID prepara un Programa Nacional de Seguridad Hídrica.

El Niño 2026-2027 será, por tanto, una prueba climática y de gobernanza. El desafío es que la preparación nacional llegue al territorio con precisión y considere las diferencias en pobreza, medios de vida, seguridad, agua, infraestructura y capacidad institucional.

El impacto final no dependerá solo de cuánto llueva o deje de llover, sino de cuánto sepamos sobre cada territorio antes de que el fenómeno los ponga a prueba. (O)

*Especialista en proyectos sociales con organismos multilaterales y resolución de conflictos en sectores estratégicos.