Este sábado, apenas se conoció la triste noticia sobre la muerte de Juan Carlos Distéfano, a los 92 años, el mundo del arte comenzó de inmediato a despedir al gran maestro.

Eduardo Stupía conoció a Distéfano en los años setenta, en la Galería Arte Múltiple. “El impacto que me produjo su obra en ese momento ha persistido y se ha multiplicado a lo largo de todo este tiempo, no tanto en términos de influencias formales, sino por esa extraordinaria amalgama de invención, riqueza de lenguaje, refinamiento técnico y ardiente compromiso político. Además, siempre entregó una mirada amorosamente estimulante a muchos de nosotros”, señala.

“Su obra me impactó en plena adolescencia, cuando la violencia física que se vivía con las dictaduras se encarnaba como un manifiesto punzante en nuestro imaginario. Es uno de esos artistas fieles a su investigación que marcan un camino, que nos hacen pensar, que nos molestan y no nos dejan indiferentes. Que nos hacen crecer. Saludo su legado inmenso”, sostiene Pablo Reinoso.

La artista Nicola Costantino recuerda que cuando empezó a conocer la obra de Distéfano también quedó impactada. “Era eso lo que yo quería hacer. Fue lo primero que me movilizó en el arte. Cuando vi El mudo era una estudiante de la carrera: nunca una obra me impactó tanto. Y fue por eso que empecé a experimentar con resina epoxi. Junto con Gómez y Heredia son referentes muy fuertes para mí”.

Consultada por LA NACION, la historiadora y crítica de Arte María Teresa Constantin dijo: “La obra de Juan Carlos es ejemplar y revolucionaria, con impacto en la Argentina, Latinoamérica y entre los oprimidos del mundo. Fue un artista transformador que, pese a haber visto lo peor de la humanidad, apostaba por ella y por el cambio social. Le dolía el mundo actual, pero seguía buscando y trabajando por la transformación. Actualmente, creo que a Juan Carlos le dolía el mundo, le dolía el cuerpo, le dolían las obras. Le dolía el horror de los virajes, del enorme viraje a la derecha, tanto en la Argentina como en el mundo. Creo que era de aquellos que tenían la capacidad de ver, de encontrar una fuerza transformadora en lo que veían. De aquellos a quienes les cuesta mirar, pero, a pesar de ello, siguen mirando y siguen trabajando”. Y suma: “Juan Carlos dominaba la materia, las formas y el color para decir o para escuchar, además, y al mismo tiempo, lo que el material le decía. Creo que su obra es un grito de la existencia humana y del mundo, de sus tragedias y de sus sufrimientos”. Concluyó: “Estoy agradecida a la vida, que me permitió transitar una parte importante cerca de Juan Carlos, cerca de él y, por supuesto, de Griselda, el gran amor de su vida”.

Una de las esculturas de Distéfano que integraron la muestra "La memoria residual", del Museo Nacional de Bellas ArtesIgnacio Sánchez - LA NACION

Por su parte, Marcia Schvartz señaló: “Fue mi protector. Lo conocí cuando estaba en Barcelona y surgió una amistad que nunca se cortó. Luego, cuando volvimos a la Argentina, él me presentó a Ruth Benzacar. Artista fundamental, irrepetible, con una calidad humana única. Era humilde, súpersensible; conmigo fue increíble. Se mantuvo siempre fuera del ruido, no le interesaba figurar. Estaba abocado a su trabajo: desde las siete de la mañana trabajaba en su taller”.

Martín Di Girolamo, en tanto, opinó: “Es un artista importantísimo de nuestro arte, profundamente comprometido y con una obra excepcional. Tuve el honor de estar con él en la comitiva de artistas que acompañamos su envío a la Bienal de Venecia, representando a la Argentina. Siento mucha tristeza por su partida. Nos deja una obra increíble que da cuenta, como pocos, de un pedazo de nuestra historia reciente”.

Esculturas de Distéfano en el Bellas Artes poco después de la apertura del museo tras la pandemiaIgnacio Sánchez - LA NACION

Para Daniel Santoro, Distéfano es un maestro irremplazable. “Coincidíamos en la visión política y en la mirada sobre el mundo. Distéfano es un artista central en el cambio de época; con el tiempo va a cumplir el rol de clarificar cuál es el destino del hombre en este desafío epocal”.

Alexis Minkiewicz sostiene: “Aprendí a modelar mirando los cuerpos de Distéfano. Aprendí a pensar cómo trabajaba los negativos: pintando capa sobre capa sus moldes para, después, encontrar esos colores con la lija en las obras. Para mí, ese es su legado. Nos deja una herramienta, un oficio, una manera de pensar el trabajo y de hacer escultura. Una forma de encontrar sentido del mismo modo en que él construía sus piezas: capa sobre capa”.

“Me parece un gran escultor, que profundizó muchísimo el trabajo con resina. Observé mucho su trabajo técnico”, aportó Miguel Harte, quen usa el mismo material para sus piezas. Viviana Hanono, viuda de Norberto Gómez, recuerda la amistad y el respeto incondicional que unía a los artistas.

“De distintas formas, estas obras formaron parte de mi vida. Juan Carlos Distéfano partió. Dejó una obra conmovedora y plena de historia. En sus esculturas se compacta en forma extrema nuestra experiencia como sociedad. La violencia contenida en la forma, en la imagen. ¿Cómo eludir su contundencia? [...] El mudo era parte ineludible de mis recorridos en el Museo Nacional de Bellas Artes. Sus catálogos del Di Tella están en mi biblioteca, aquella que formé cuando escribía mi tesis de doctorado sobre el arte argentino en la escena internacional de los años sesenta. Todo eso se condensa en estas formas. Junto a ellas, la mirada siempre afable de Juan Carlos Distéfano. Adiós a un gran artista”, escribió en Instagram Andrea Giunta.

“Es uno de los grandes escultores contemporáneos argentinos, junto con Norberto Gómez, Paparella, Renart y Suárez. Dio cuenta como nadie de la última dictadura militar, y además tuvo la capacidad de comenzar ya en los años setenta con sus obras. Tuvo la capacidad de plasmar los horrores. El mudo, del MNBA, es una escena de tortura, es un submarino. Lo plasma con maestría. Es muy difícil representar estas escenas tan crudas, con un realismo crítico notable -dijo Adriana Lauría-. Además, tuvo una gran destreza con los materiales, como la resina poliéster, y, como si fuera poco, está su trabajo como diseñador gráfico en el Di Tella, que llegaron al Museo de Arte Moderno de Nueva York. Un hombre muy generoso, me distinguió con su amistad y lo guardaré para siempre en mi corazón”.