A partir del próximo 3 de octubre, Disney+ estrena África: El hogar salvaje de la Tierra, una imponente serie documental de siete episodios producida por National Geographic en asociación con la Iniciativa Perpetual Planet de Rolex. En diálogo exclusivo con Weekend, el explorador de Nat Geo y científico Dr. Steve Boyes detalla los secretos de esta superproducción y comparte una inspiradora visión sobre la resiliencia del continente africano y su biodiversidad.

Filmada durante casi cuatro años en cerca de 30 países, utiliza tecnología de punta y efectos CGI de última generación para desenterrar la historia profunda y las fuerzas que moldearon los mundos naturales del continente. La propuesta forma parte de una ambiciosa franquicia plurianual que documentará el planeta, continente por continente, en un momento de acelerada transformación global.

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La serie registra especies y comportamientos nunca antes vistos en und ocumental, desde la elusiva rana de lluvia negra hasta hienas en el Congo cazando elefantes por la noche, además de extraordinarias imágenes de una rara pantera negra africana y chimpancés utilizando herramientas para pescar algas. Desiertos, selvas, montañas y bosques desfilan en un relato épico sobre adaptación y supervivencia.

En busca de la fuente del Nilo y el pulso ruandés

Entre los protagonistas de este monumental registro se encuentra el doctor Boyes, explorador de National Geographic, cuyo trabajo en la serie se centró en Ruanda. “Estuvimos buscando la fuente del Nilo, ese río que atraviesa Sudán y Egipto hasta el Mediterráneo, y la encontramos en un bosque tropical lluvioso llamado Nyungwe -relata-. Allí nos dedicamos a documentar la biodiversidad, contar aves, observar anfibios y pescar, siguiendo su curso hasta el Lago Victoria, el más grande de África”.

El desafío de rodar en Ruanda -el país más densamente poblado de África continental con unos 14.000.000 de habitantes en un territorio equivalente al tamaño de Suiza- expone una realidad fascinante: gran parte del territorio está reconvertido en cultivos en terrazas. Sin embargo, elefantes, hipopótamos, rinocerontes, leones y diversas especies de primates siguen coexistiendo en pequeños parches forestales y áreas protegidas.

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Para el científico, esta cercanía extrema entre humanos y animales -similar a lo que ocurre con los tigres y elefantes en la India- marca un terreno de aprendizaje indispensable sobre la convivencia a altas densidades: “Cuando la fauna y las personas interactúan todo el tiempo, los animales aprenden a ser más respetuosos de los humanos y viceversa. Un claro ejemplo son los gorilas de montaña, que se mantienen alejados de la gente, disipando los viejos conflictos”, explica.

El factor climático y los desafíos del antropoceno

Consultado sobre el impacto del cambio climático en esta convivencia, Boyes señala que el principal problema radica en la alteración repentina de los regímenes de lluvias. En el mundo moderno, tanto las comunidades humanas como la vida silvestre se encuentran limitadas por propiedades, fronteras y cercos. “La gente no puede mudarse de su granja si deja de llover, y los animales están atrapados dentro de los parques nacionales. Esto provoca que crucen hacia donde están las personas o viceversa”, advierte, recordando que históricamente la fauna y las poblaciones humanas eran nomádas y podían desplazarse acompañando los cambios climáticos.

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Frente a un panorama global a menudo desalentador por el crecimiento demográfico y la presión humana sobre los recursos, la postura del científico se aparta por completo del pesimismo. Lejos de creer que el futuro será peor, el investigador destaca descubrimientos recientes que demuestran cuán poco conocemos aún nuestro planeta: “En los últimos cinco años hemos encontrado en Sudán del Sur la migración de fauna más grande del mundo, con 6.000.000 de animales en movimiento que nadie sabía que estaban allí. En Angola descubrimos cientos de especies nuevas para la ciencia y vastas turberas que constituyen una de las mayores fuentes de agua dulce de África”.

A esta riqueza natural inexplorada se suma su confianza absoluta en las nuevas generaciones. “Cuando converso con los niños de África y del mundo, veo que son infinitamente más sensibles a la contaminación plástica y al cambio climático de lo que éramos nosotros a su edad. Ellos se convertirán en los creadores de políticas en un mundo estresado, van a trabajar arduamente para arreglarlo. Tengo una esperanza inmensa”, afirma con convicción.

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Para él, la naturaleza misma cuenta con mecanismos infalibles de restauración: “Cada vez que hago investigación en partes remotas de los ríos de África, compruebo que incorporados en cada hábitat y ecosistema existen dos elementos fundamentales: la resiliencia y la recuperación. Se ajustan continuamente; a veces no se ven bonitos, pero se adaptan para recuperarse. La biodiversidad siempre encuentra un refugio alto en las montañas o en algún bosque para regresar”.

Con un mensaje luminoso que invita a creer en la capacidad regenerativa de la Tierra, África: El hogar salvaje de la Tierra se perfila desde el 3 de octubre en Disney+ como una cita imperdible para comprender, valorar y proteger el latido más puro de nuestro continente hermano.

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