«Aquí se detecta lo indetectable». Aquí es el laboratorio forense de Cataluña -ubicado en la Ciudad de la Justicia, en la frontera entre Barcelona y L'Hospitalet- y «lo indetectable» son las principales drogas en circulación actualmente, especialmente las psicoactivas. Sustancias que traen de cabeza a la Policía, a los médicos forenses, a los investigadores e incluso a los sanitarios. Los aparatos adquiridos por el organismo y que ya funcionan a pleno rendimiento son de última generación: mejoran la identificación y las cantidades exactas de Nuevas Sustancias Psicoactivas (NSP) -diseñadas para imitar los efectos de otras sustancias como la cocaína o las anfetaminas y, en su origen, para eludir el control legal- en las muestras de sangre y orina.

A efectos prácticos, el laboratorio del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Cataluña trabaja con maquinaria que puede llegar a detectar concentraciones de sustancias del orden de partes por billón (ppb), lo que se traduciría en microgramos por litro. Con los antiguos se detectaban partes por millón (ppm), que son concentraciones de miligramos por litro, la medida habitual de detección en toxicología forense. Es decir, ahora se ha logrado incrementar mil veces o más la capacidad para detectar sustancias complejas, nuevas drogas que actúan con una baja -o mínima- presencia en sangre.

«El consumo de drogas ha cambiado últimamente», admite la jefa del laboratorio, Geli Gallego, para hablar de las sustancias psicoactivas. «Actúan a muy baja concentración y vienen acompañadas de problemas toxicológicos porque son desconocidas y muy difíciles de detectar», prosigue sobre, por ejemplo, casos vinculados a cannabinoides sintéticos, catinonas o MDPHD (Monkey dust o polvo de mono).

Estas drogas aparecen relacionadas con alteraciones importantes de la conducta, agresiones o accidentes de tráfico -de las 233 víctimas mortales en accidentes de tráfico en Cataluña en 2025, el 36% había tomado alcohol, drogas o psicofármacos-, al margen de las propias intoxicaciones. Un contexto clave para un laboratorio que solo trabaja por «orden judicial» (de un juzgado, tribunal o de la Fiscalía), para llevar a cabo análisis periciales o bien para la defensa de informes de resultados en juicios orales.

Ahora mismo, en el laboratorio forense de Cataluña se pueden cuantificar unas 50 drogas distintas e identificar hasta 2.000 sustancias en sangre y orina. Es decir, desde las clásicas como el alcohol, la cocaína o las anfetaminas a las benzodiacepinas y los antidepresivos, la burundanga -asociada a la sumisión química- o los cannabinoides sintéticos, con importantes efectos depresores o estimulantes, entre los más conocidos.

La maquinaria nueva y de última generación fue adquirida hace dos años y funciona a pleno rendimiento desde el año pasado, después de que el personal también se haya tenido que formar y «adaptar». «Hemos incorporado, seguramente, lo más novedoso que se podía tener», explica el director del organismo, Eneko Barberia.

Una circunstancia doblemente importante al tratarse de un laboratorio que trabaja por y para la primera guardia forense dedicada a la violencia sexual en España y que opera en el mismo Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses. En total, son 25 los profesionales que se dedican de manera prioritaria a esta guardia concreta, que presta servicio a Barcelona y L'Hospitalet de Llobregat -las dos ciudades más pobladas de Cataluña-, lo que ha permitido una mayor especialización.

Agresiones sexuales

Las guardias se realizan en turnos de 24 horas -y están disponibles los 365 días de año-, en las que los médicos forenses pueden ser requeridos por un hospital o un juzgado para que acudan a evaluar a una víctima que haya sufrido una agresión sexual reciente. Entonces, es el forense el que se desplaza rápidamente al hospital -normalmente es el Clínic al tratarse del centro de referencia en la capital catalana, aunque también están Bellvitge o Sant Joan de Déu en caso de menores- y colabora con el equipo de ginecología, un psicólogo y un investigador de los Mossos d'Esquadra para realizar el examen pertinente, recoger muestras biológicas y toxicológicas y prestar una atención «integral» a la víctima.

Aquí, el tiempo y el trabajo del laboratorio forense -tanto en la detección de sustancias como de restos biológicos- son claves para ayudar a determinar qué ha ocurrido, si ha habido sumisión química o si hay restos del agresor.

De hecho y más allá de las autopsias (por lo que se identifica a menudo a un forense), una de las actividades más destacadas del servicio tiene relación con las violencias sexuales: durante 2025 se han gestionado 1.394 casos de agresiones sexuales en toda Cataluña, la cifra más elevada registrada nunca. Y aquí empieza a jugar un papel determinante la pionera guardia puesta en marcha en febrero de 2025 en Barcelona y L'Hospitalet, la primera a nivel nacional.

En total, el año pasado el laboratorio recibió 6.733 casos -no sólo de agresiones sexuales, sino también por muertes violentas y otros sucesos- de los que se conservan muestras por si fuese necesario realizar en un futuro un análisis complementario. Estas cifras suponen un incremento superior al 103% respecto a hace nueve años, especialmente acusado desde 2022, después de la pandemia, explica el director del organismo, Eneko Barberia, en el transcurso de una visita a los medios. Es más, se analizaron en un año más de 18.000 muestras -de un caso se pueden extraer varias-, cifras que evidencian el alto volumen de trabajo en la comunidad, en paralelo a lo que ocurre en la calle.