Frasco de kétchup casero, tomates cherry, hojas de albahaca, dientes de ajo, granos de pimienta, sal, especias secas y hojas de laurel sobre madera clara.

El kétchup se ubica entre saludable y ultraprocesado, y su impacto depende del azúcar, el procesamiento y la moderación en el consumo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Aunque está dentro de los aderezos que, muchas veces, ostentan mala fama entre los amantes de la comida sana, el kétchup admite matices. No se considera un alimento sano en sentido estricto, pero tampoco un producto perjudicial por sí mismo si se consume con moderación. La clave está en su contenido de azúcar, su grado de procesamiento y el aporte limitado del tomate.

El kétchup puede encajar en una dieta equilibrada si se toma en cantidades pequeñas, pero no suele considerarse un alimento saludable.

Charlotte Faure Green, nutricionista titulada, sitúa al kétchup en un punto intermedio frente a otros condimentos clásicos: “Tiene menos grasa que la mayonesa, que puede contener hasta un 80 % de grasa, y menos azúcar que una salsa barbacoa”.

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Primer plano de una hamburguesa con pan, carne, queso, lechuga y tomate en una mesa de madera. Una mano vierte ketchup rojo sobre ella.
El kétchup suele clasificarse como ultraprocesado porque puede incluir extractos de especias, almidón modificado, aromatizantes y edulcorantes (Imagen Ilustrativa Infobae)

Janet Padfield, terapeuta nutricional titulada de Apples to Zinc Nutrition, centra la principal objeción en el azúcar. Explica que “una buena cantidad de kétchup (15 ml) contiene casi una cucharadita de azúcar” y que muchas personas consumen más de una cucharada por toma.

También afirma que “las recomendaciones gubernamentales indican que no deberíamos consumir más de 7 cucharaditas de azúcar al día, y la mayoría de la gente consume bastante más de una cucharada de salsa por ración, lo que aumenta la ingesta de azúcar y agrava el problema”.

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El segundo reparo es su clasificación habitual como alimento ultraprocesado. Padfield señala que suele incluirse en esa categoría porque puede contener extractos de hierbas o especias y, en algunos casos, almidón modificado, aromatizantes y edulcorantes.

Faure Green añade un tercer punto. El problema no siempre está en la salsa aislada, sino en los alimentos con los que suele consumirse. El kétchup acostumbra a servirse con carnes ultraprocesadas, fritos o carbohidratos refinados. Según la especialista, esos alimentos tienen un efecto mayor sobre la salud que el propio condimento.

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Cuchara de metal con kétchup rojo que contiene cristales de azúcar transparentes y pequeñas partículas de tomate. Fondo borroso en tonos rojo y blanco.
Janet Padfield advierte que una ración de kétchup de 15 ml contiene casi una cucharadita de azúcar y que muchas personas consumen más de una cucharada por toma (Imagen Ilustrativa Infobae)

El argumento a favor del kétchup parte de su ingrediente principal, el tomate, que aporta fibra, vitaminas A, C y K, además de folato, potasio y licopeno.

Ese compuesto aparece entre los puntos más citados al hablar de tomate procesado. El material indica que el calor del procesado ayuda a que el organismo absorba el licopeno con más eficacia y que sea más biodisponible que en el tomate crudo.

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Aun así, Faure Green rebaja el alcance práctico de esa ventaja. Sostiene que “los productos de tomate procesados ​​ofrecen más licopeno biodisponible [de fácil absorción] que los tomates crudos, debido al calor utilizado durante su producción, pero la cantidad que se obtiene de una pequeña porción de kétchup es modesta”.

El texto menciona investigaciones que vinculan los alimentos ricos en tomate, incluido el kétchup, con un menor riesgo de cáncer gástrico. También indica que podrían ofrecer cierta protección frente al cáncer de próstata y ayudar ante enfermedades cardíacas.

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Cuchara con kétchup, medio tomate cherry cortado, y tomates cherry enteros con tallo verde en un fondo blanco.
Para elegir un kétchup más saludable, los especialistas recomiendan revisar la etiqueta, priorizar más tomate y menos ingredientes, y considerar opciones caseras o bajas en azúcar y sal (Imagen Ilustrativa Infobae)

La recomendación general para escoger una opción más favorable pasa por revisar la etiqueta. Padfield propone buscar un producto con la menor cantidad posible de ingredientes, menos procesamiento y más tomate por cantidad final. Cuanto más arriba figure el tomate en la lista, mayor suele ser su proporción en el producto.

Faure Green considera sensata la versión baja en azúcar y sal para quienes consumen kétchup con frecuencia. Tanto ella como Padfield advierten, de todos modos, que algunas versiones rebajadas recurren a edulcorantes, y el texto menciona que su consumo frecuente y en grandes cantidades podría afectar la microbiota intestinal.

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La alternativa más simple para recortar azúcar y controlar los ingredientes es prepararlo en casa. A efectos prácticos, el criterio final del texto es claro: el kétchup encaja mejor en la dieta cuando la cantidad es pequeña y la elección del producto se hace con atención a su composición.

La dieta, la frecuencia de consumo y el tamaño de las porciones tienen un impacto mucho mayor sobre la salud que el uso ocasional de una salsa como el kétchup. Por eso, su consumo moderado dentro de un patrón alimentario equilibrado no representa, por sí mismo, un motivo de preocupación.

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