Un profesor en un aula en una imagen de archivo. (Jorge Gil / Europa Press)

Un profesor en un aula en una imagen de archivo. (Jorge Gil / Europa Press)

A sus 63 años, Asunción sale de su casa en Torre del Mar (Málaga) antes de las siete de la mañana para llegar antes de las nueve al colegio que le han asignado este curso. El trayecto exige varios enlaces de transporte y puede extenderse durante dos horas. Por la tarde, el regreso le ocupa otro tanto. Tiene casi 25 años de servicio como maestra interina de Primaria, es especialista en francés y cuida a un hijo adulto con discapacidad. Pese a ello y a haber presentado la documentación sobre su situación familiar, recibió un destino que figuraba en el puesto 151 de sus preferencias.

“Yo no conduzco. Mi marido me tiene que llevar al centro de Málaga, que está a media hora, me recoge una compañera y me voy con ella. A la vuelta tengo que utilizar dos medios de transporte: un metro hasta a la estación de autobuses y el autobús para llegar a casa. Llego a las cuatro de la tarde”, explica en conversación con Infobae. Dedica más tres horas del día para llegar a su centro, pero no es la única.

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El caso de Asunción ilustra una situación que describen buena parte de los docentes interinos de Andalucía: los desplazamientos obligados, cuya única alternativa son los alquileres imposibles y la inestabilidad de las adjudicaciones que condicionan la vida laboral y familiar de quienes cubren vacantes y bajas en la educación pública.

Los profesores que han hablado con Infobae explican que el sistema los obliga a elegir al menos dos provincias para acceder a vacantes de curso completo. Después, si obtienen un destino lejos de su domicilio, las alternativas son aceptarlo o solicitar la inactividad y perder todo un curso de trabajo. El problema se agrava en una comunidad de gran extensión territorial, como es Andalucía, donde una plaza en otra provincia puede implicar viajes de varias horas o el pago de una segunda vivienda.

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Alumnos en las Pruebas de Acceso a la Universidad en Sevilla. (Rocío Ruz / Europa Press)
Alumnos en las Pruebas de Acceso a la Universidad en Sevilla. (Rocío Ruz / Europa Press)

Berta, profesora interina de Biología y Geología, acumula 12 años de servicio y atraviesa una situación similar. Vive junto a su marido y sus tres hijos adolescentes en Tomares, en la provincia de Sevilla, y este curso obtuvo una vacante informatizada en Arcos de la Frontera, en la provincia de Cádiz. 115 kilómetros separan los dos municipios y el viaje en coche puede durar una hora y 40 minutos. Cada día hace ese trayecto de ida y de vuelta. Son casi cuatro horas.

En su caso, la adjudicación llegó después de que no aparecieran plazas de su especialidad en Sevilla, algo que le parece sorprendente. Como la normativa le exige seleccionar un mínimo de dos provincias antes de que empiece el verano, eligió Sevilla y Cádiz. La plaza que recibió quedó fuera de su entorno habitual, aunque le garantiza trabajo durante todo el curso. Esto se debe a que hay una primera adjudicación en verano y otra en septiembre, y en esa segunda entran muchas más plazas que podrían aparecer anteriormente en el sistema, pero que no se gestionan de forma adecuada. Berta culpa a la Junta por no ajustar mejor los plazos.

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El sistema de vacantes sin cubrir se abre y cierra durante el verano, mientras que el sistema de sustituciones funciona de otra manera y se abre en septiembre. En esos casos, los integrantes de la bolsa pueden ver ampliadas sus preferencias. Para Berta, esa diferencia marca una contradicción: quien obtiene una vacante de curso completo queda obligado a aceptar destinos más amplios, aunque surjan semanas después plazas más próximas.

La profesora relata que, tras su adjudicación, aparecieron vacantes de duración limitada en Tomares y otros municipios sevillanos situados a menos de una hora de su domicilio. Según relata, parte de las jubilaciones y bajas previsibles aparecen en convocatorias posteriores, cuando los docentes con más antigüedad ya aceptaron destinos alejados. Ella ya no podía optar a ellas. “Es muy fuerte que alguien de no sé dónde vaya a Tomares y yo, que soy de Tomares, me tenga que ir a Arcos”, denuncia.

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Berta optó por la docencia, entre otros motivos, por la posibilidad de compatibilizar los calendarios escolares con los de sus hijos. El actual destino altera esa previsión. “Yo he elegido tener tres hijos para cuidarlos, para verlos, para educarlos, para estar pendiente de ellos, no para verles menos de tres horas al día”, denuncia.

Una jornada de Prueba de Acceso a la Universidad de 2026 en Sevilla. (Rocío Ruz / Europa Press)
Una jornada de Prueba de Acceso a la Universidad de 2026 en Sevilla. (Rocío Ruz / Europa Press)

Para Javier, maestro interino de Primaria, los trayectos son una parte de un problema más amplio. En seis años de trabajo en Andalucía, ha pasado por seis de las ocho provincias. Vivió y trabajó en Málaga, Córdoba, Granada, Almería y Huelva, entre otros destinos, y en algunos cursos tuvo que cambiar de vivienda hasta cuatro veces. “No te permite tener una vida, vives con la maleta a cuestas”, resume.

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Javier señala que las vacantes informatizadas adjudicadas en verano suelen ser los puestos más buscados porque garantizan empleo durante el curso completo. Sin embargo, denuncia que no siempre se publican todas las plazas disponibles en ese momento.

Las sustituciones de corta duración añaden otro obstáculo. Un centro puede pedir un reemplazo al inicio del curso y la incorporación puede demorarse varias semanas. Si la baja termina poco después, el profesor debe volver a la bolsa y esperar otro llamamiento. “Puede que te manden a trabajar una semana o 15 días, y después vuelves a la bolsa”, explica Javier. “Esa semana que tardas en entrar en un nuevo llamamiento no la cobras”.

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El maestro añade que los sustitutos cobran a mes vencido. Si comienzan a trabajar a mediados de septiembre, reciben a finales de octubre únicamente la parte correspondiente a los días trabajados el mes anterior. El salario completo puede llegar recién a finales de noviembre, cuando ya afrontaron fianzas, alquiler, traslados y gastos de instalación. “Una persona que entra el 20 de septiembre no cobra nada a final de septiembre. A final de octubre le pagan diez días, y en noviembre cobra octubre”, explica. “Mientras tanto, tiene que pagar piso, fianza y vivir”.

El encarecimiento de la vivienda complica además las posibilidades de quienes reciben destinos en la costa o en ciudades con mayor presión turística. Javier recuerda que hace seis años pagaba 500 euros por un piso completo en Málaga. Calcula que ahora una vivienda similar superará los 1.000 euros. El docente decidió retirar la provincia de sus preferencias porque considera que residir allí se se ha vuelto inviable con un salario de interino, sobre todo si debe mantener otra vivienda.

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Los docentes coinciden en sus demandas: mayor posibilidad de elegir los destinos, convocatorias de vacantes con antelación y fórmulas que tengan en cuenta la distancia, la experiencia acumulada y las responsabilidades familiares.

Mientras esas modificaciones no lleguen, Asunción seguirá organizando su día alrededor de cuatro horas de transporte, Berta recorrerá las carreteras entre Sevilla y Cádiz para dar clase y Javier mantendrá el recuerdo de seis provincias en seis años, sin saber cuál le tocará el próximo curso.