La reunión del Consejo de las Américas fue escenario en los últimos días de algunos hechos políticos de relevancia. Buena parte de ellos adquirió una fuerte repercusión pública; otros, en cambio, cruzaron por debajo del radar, lejos de los flashes y las frases estentóreas.
Javier Milei de un lado y Axel Kicillof, del otro. Ambos resultaron protagonistas de la cita organizada por la entidad empresarial estadounidense. El Presidente lanzó ante un granado grupo de empresarios que observa con inquietud la marcha de la economía, una catarata de insultos y descalificaciones para defender su plan en lo que parece ser el retorno al perfil de aquél candidato que sorprendió a todos en 2023 ganando las elecciones nacionales. Una suerte de vuelta a la confrontativa narrativa original que supo seducir a una buena porción del electorado.
La idea de la polarización con “el pasado” volvió a emerger en la Casa Rosada como antídoto para un enojo ciudadano creciente por los bajos salarios y la pérdida de puestos de trabajo estables. Esa misma inquietud es percibida en algunos sectores del gabinete que, pese a todo, prefieren guardar silencio. La senadora Patricia Bullrich fue una vez más vocera de una recomendación: pidió que los cambios en la economía introducidos por el gobierno libertario se reflejen en cada familia.
La presidente y CEO del Consejo de las Américas, Susan Segal, escuchó el discurso del Presidente. Destacó las reformas de su administración pero ensayó un gesto posterior que no pasó desapercibido por la política doméstica: organizó una reunión privada con empresarios para escuchar a Kicillof.
Fue en el Hotel Alvear, en Capital Federal, donde el mandatario llegó acompañado de sus ministros Carlos Bianco (Gobierno) y Augusto Costa (Producción). El Gobernador expuso durante cerca de una hora ante representantes de JP Morgan, Aeropuertos Argentina, Pan American Energy, Amazon y Apple, entre otros, su visión sobre la marcha del plan oficial.
“Orden macroeconómico, sí, pero hay que ver a qué costo”, fue una de las definiciones que soltó Kicillof ante los interrogantes planteados. Quizás no los haya despejado del todo, pero ofreció seguir charlando sobre el tema: invitó a los empresarios a visitarlo en La Plata.
Ese encuentro terminó formando parte del acelerado proceso de construcción de la candidatura presidencial que ensaya Kicillof. Cerca del mandatario creen que si para marzo no hay otra alternativa potente del PJ parada en el escenario, el trámite para entronizarlo como postulante único se allanaría.
Pero en el peronismo hay otras figuras al acecho. Todas las miradas, y las especulaciones, vuelven a posarse sobre Sergio Massa. El tigrense no blanquea su deseo de ir por la revancha, pero lo deja trascender por boca de dirigentes allegados.
Es, por ahora, un movimiento corrido de los reflectores que iluminan las actividades de Kicillof. Pero existe. Tanto, como las versiones que rodean esa eventual jugada para competir en una Primaria por la candidatura presidencial del peronismo. ¿Contará esa posible postulación con el aval de Cristina Kirchner? Es una pregunta que se enlaza con otra. ¿Massa será candidato aún frente una probable escenario de derrota en una PASO frente a Kicillof?
Hay respuestas que anotan matices diversos. “Si Sergio ve que no tiene chances, no va a ser candidato presidencial”, dicen dirigentes que lo conocen bien. Con alguna dosis de ironía, cerca de Kicillof se anotan en esa línea de razonamiento. “Massa no es Grabois. A Juan le convenía ir a la Primaria en 2023 para posicionarse aún sabiendo que perdía”, analizan.
PRIMARIAS
En el peronismo aparecen otras voces que creen percibir movimientos debajo del agua. Son las que observan que, llegado el caso, Massa podría ofrecerse como un candidato “de unidad” para ir por la Provincia.
“Está claro que necesitamos que en la Provincia haya Primarias para definir ese candidato”, recuerdan en la Gobernación. Si hubo una coincidencia en aquella cumbre entre gobernadores, Máximo Kirchner, legisladores y Massa, es que sostener esa instancia es clave no sólo para frustrar el plan del Gobierno nacional de evitar exponer en forma anticipada a Milei sino también para encauzar una interna en el PJ que de otra forma podría desmadrarse.
Si las PASO se suspendieran a nivel nacional, se abriría un escenario distinto en territorio bonaerense. Acaso esa instancia se mantenga por aquella necesidad de un peronismo sin candidatos indiscutidos para la sucesión de Kicillof.
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