Las olas de calor sin precedentes impulsan incendios forestales de gran magnitud en distintas regiones del mundo, con consecuencias que van más allá de la destrucción de bosques y viviendas. El humo generado por estos incendios puede permanecer durante semanas en la atmósfera, recorrer miles de kilómetros y exponer a millones de personas a gases tóxicos y partículas que los especialistas vinculan con enfermedades cardiovasculares, respiratorias, neurológicas y otros problemas de salud.
Los especialistas explican que el humo de los incendios forestales resulta más tóxico que la contaminación atmosférica habitual. Además de la vegetación, el fuego puede consumir vehículos, edificios y los materiales que contienen.
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Como consecuencia, el humo suele transportar partículas de tierra y materia biológica, junto con restos de productos químicos, metales, plásticos y otros materiales sintéticos. Esa combinación permanece en el aire durante largos períodos y puede desplazarse a grandes distancias antes de disiparse.
Diversas investigaciones relacionan la exposición al humo de incendios forestales con un aumento de ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares, paros cardíacos y consultas en salas de emergencia por crisis de asma. Los estudios también lo vinculan con un debilitamiento del sistema inmunitario y con menores tasas de supervivencia después de intervenciones quirúrgicas.
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Kent Pinkerton, codirector del Centro para la Salud y el Medio Ambiente de la Universidad de California, Davis, señaló que “el humo de los incendios forestales provoca más inflamación y daño tisular que la contaminación del aire”, según experimentos de laboratorio.
Un estudio publicado en 2023 detectó un incremento de enfermedades cardíacas y pulmonares asociado con humo proveniente de incendios forestales originados hasta a 3.380 kilómetros de distancia.
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Los investigadores también relacionan la exposición con problemas oculares y cutáneos.
Durante el embarazo, distintos estudios asociaron la exposición al humo con abortos espontáneos, bajo peso al nacer y partos prematuros. Otra investigación realizada en California encontró un vínculo entre la exposición a incendios forestales y daño celular en placentas durante el primer y el segundo trimestre del embarazo. Un estudio independiente también identificó un aumento del riesgo de un diagnóstico de autismo cuando la exposición ocurre durante el tercer trimestre.
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Los efectos tampoco terminan cuando desaparece el humo. Tras el incendio de la mina de carbón de Hazelwood, en Australia, las tasas de enfermedades cardíacas permanecieron elevadas durante dos años y medio, mientras que las enfermedades respiratorias continuaron por cinco años.
Un estudio estadounidense de 2026 también relacionó la exposición al humo de incendios forestales con un mayor riesgo de cáncer de pulmón, colorrectal, de mama, de vejiga y de sangre, con un incremento del riesgo a medida que aumenta la contaminación causada por los incendios.
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La exposición al incendio Camp Fire de California, ocurrido en 2018, también se asoció con cambios en la cognición y la actividad cerebral entre seis y doce meses después. Otros estudios vincularon la exposición prolongada con un mayor riesgo de demencia.
Además, datos de California detectaron un incremento de infecciones por hongos en los meses posteriores a la exposición, una situación que los investigadores atribuyen a las esporas transportadas por el humo.
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Los especialistas sostienen que no existe un umbral de exposición libre de riesgos.
Doug Brugge, director del Departamento de Ciencias de la Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad de Connecticut, afirmó: “La mala noticia es que no existe un nivel seguro” de partículas inhaladas provenientes del humo de los incendios forestales.
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También agregó: “Cuanto mayor sea la exposición, mayores serán los riesgos, pero incluso a niveles inferiores a los estándares nacionales de seguridad, estas partículas pueden causar enfermedades”.
Los expertos indican que cualquier cantidad de partículas inhaladas desencadena respuestas inflamatorias en el organismo. Los niños, los adultos mayores y las personas con enfermedades crónicas integran los grupos más vulnerables.
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Keith Bein, del Centro de Investigación de la Calidad del Aire de la Universidad de California, Davis, explicó que incluso los adultos sanos pueden sufrir dolor de garganta, exceso de flema, tos, dolores de cabeza y confusión mental desde los primeros momentos de la exposición, con síntomas que pueden continuar mucho tiempo después de la desaparición visible del humo.
Los especialistas recomiendan utilizar mascarillas N95 cuando exista humo de incendios forestales y reducir al máximo las actividades al aire libre, especialmente aquellas que demandan un mayor esfuerzo físico.
El neumólogo Jasvinder Singh explicó: “Cuanto más tiempo se esté al aire libre y más se respire, mayor será la contaminación inhalada”.
También aconsejan utilizar purificadores de aire para interiores con capacidad para capturar partículas inferiores a 2,5 micras.
Brugge sostuvo que “los purificadores de aire reducen la exposición y, en nuestros estudios, redujeron la presión arterial y los impactos cognitivos de la contaminación del aire”.
Para quienes no pueden adquirir un purificador, la Universidad de California en Davis ofrece instrucciones para construir uno de forma casera. La Agencia de Protección Ambiental (EPA) también publica recomendaciones destinadas a reducir la exposición al humo.
Los expertos advierten que las partículas del humo ingresan en la mayoría de los edificios.
Según Singh, la concentración media de contaminantes en espacios cerrados equivale aproximadamente a la mitad de la registrada en el exterior. Sin embargo, en edificios con deficiente aislamiento puede alcanzar niveles cercanos al 70% de la contaminación presente fuera del inmueble.
Las construcciones antiguas presentan un mayor riesgo debido a filtraciones por puertas y ventanas.
La EPA recomienda evitar durante estos episodios actividades que generen partículas finas dentro del hogar, como fumar, freír o asar alimentos, encender velas o incienso y utilizar aspiradoras que no cuenten con filtros HEPA.
Los especialistas comparan la exposición al humo de incendios forestales en interiores con la exposición al humo de tabaco de segunda mano.
Uno de los expertos explicó: “Las partículas acaban por todas partes: en la ropa, en las paredes, en las superficies, y siguen desgasificándose incluso después de que la columna de humo se haya disipado”.
Los investigadores sostienen que el aumento de los incendios forestales asociado al cambio climático puede traducirse en una exposición más frecuente de la población, aunque todavía existen numerosas incógnitas sobre sus efectos acumulativos.
Bein señaló: “Es difícil hacer predicciones porque es difícil decir a cuántos incendios estarán expuestas las personas, cuánto tiempo arderán los incendios o qué contendrá el humo”.
Las investigaciones actuales buscan determinar los efectos del humo sobre el agua potable, los cultivos, el ganado, los incendios urbanos, la exposición durante la gestación y la posible interacción entre el humo y las olas de calor extremas.
Los especialistas también analizan el impacto de los nutrientes transportados por el humo, que podrían favorecer la proliferación de algas en embalses de agua potable y modificar el equilibrio ecológico de lagos y otras masas de agua expuestas al paso de estas columnas de humo.
(Con información de REUTERS)