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La posible demolición del sitio pone de relieve el debate en Alemania entre proteger su patrimonio histórico y hacer frente a la crisis de vivienda.

En 1939, Adolf Hitler celebró la construcción de una nueva y monumental sede gubernamental que había encargado en Berlín, a la que llamó “la primera estructura de la nueva Gran Alemania”.

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Se dirigió a los 8000 trabajadores que habían construido el edificio y asistieron a la ceremonia de inauguración de la estructura de tres plantas y casi 400 metros de largo conocida como la Nueva Cancillería del Reich, y les dijo: “Cada uno puede llevarse consigo la certeza de haber ayudado a construir un monumento que perdurará muchos siglos”.

Unos seis años después, Berlín fue ocupada por las fuerzas aliadas que habían derrotado a Alemania en la Segunda Guerra Mundial; el edificio estaba en ruinas y Hitler había muerto, tras suicidarse en un búnker cercano antes de la rendición de su país.

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Ahora, apenas queda nada del edificio, salvo parte de un búnker que habían utilizado otros miembros del régimen nazi –y es posible que incluso eso se derribe pronto–, según informó recientemente el periódico alemán Bild, el cual reveló que un promotor inmobilidario de Hamburgo ha recibido autorización oficial para construir apartamentos y oficinas en la zona.

Los expertos en conservación dicen que la iniciativa de urbanizar el terreno del búnker refleja una tensión en la sociedad alemana –en la que desde hace tiempo se hace hincapié en una “cultura del recuerdo”– entre la necesidad de preservar monumentos de importancia histórica y la necesidad de urbanizar y modernizar. Y llega en un momento en el que el número de testigos vivos de la era nazi disminuye, lo que hace que la protección de los lugares de importancia histórica sea aún más importante, sostienen algunos.

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Aunque la zona general donde antes se alzaba la Cancillería del Reich está señalizada con carteles sobre la historia del lugar, el búnker nunca ha sido declarado oficialmente como sitio de importancia histórica. El terreno que lo cubre pasa desapercibido: un solar sin urbanizar en plena zona céntrica de la ciudad.

En parte por eso –y por el hecho de que está bajo tierra–, el búnker no ocupa realmente un lugar en la conciencia colectiva de los berlineses, según Stephanie Herold, directora del departamento de Conservación Urbana y Patrimonio Cultural de la Universidad Técnica de Berlín.

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“Me sorprende mucho, porque creo que es un patrimonio realmente importante y un lugar clave”, dijo Herold en una entrevista.

En un memorándum del año pasado, el Consejo Estatal de Monumentos de Berlín expresó su preocupación por los planes de demoler el búnker y recomendó que se evaluara su protección al afirmar: “La Nueva Cancillería del Reich fue el punto de planificación y de partida de la Segunda Guerra Mundial y también representa simbólicamente el catastrófico final del régimen nazi”.

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Sin embargo, hace tiempo que existe un plan de desarrollo para el sitio –desde hace dos décadas–, dijo Martin Pallgen, portavoz del Departamento de Desarrollo Urbano, Construcción y Vivienda del Senado de Berlín. El Parlamento de Berlín aprobó el plan de ordenación territorial, añadió, “incluso tras considerar la protección del monumento”.

De forma más reciente, las autoridades se comprometieron con el propietario a que se permitiría la construcción.

El actual responsable del departamento de urbanismo, el senador Christian Gaebler, “ha dejado claro que da prioridad a la construcción residencial en este lugar”, dijo Pallgen. Gaebler no respondió a una solicitud de comentarios.

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El debate sobre el búnker llega en un momento de tensiones contradictorias en Alemania. El país se enorgullece de su cultura de recordar verdades incómodas, como el Holocausto y la Segunda Guerra Mundial. Y muchos alemanes se enfrentan a preguntas sobre sus historias familiares, ya que las nuevas herramientas han facilitado como nunca la consulta de registros antinguos que revelan afiliaciones al partido nazi.

Hildburg Bruns, que informó sobre los planes en Bild, dijo en un correo electrónico que, como berlinesa, creía que “deberíamos recordar” la época nazi.

Al mismo tiempo, el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania está ganando terreno, y algunos de sus líderes más activos sostienen que el país tiene que dejar de mirar hacia atrás. La líder del partido, Alice Weidel, ha denunciado lo que ella llama un “culto a la culpa” del Holocausto.

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También hay presión para modernizar, y la visión tradicional de que todo lo que tenga importancia histórica debe conservarse se enfrenta cada vez más a “un fuerte movimiento que la cuestiona” para crear más espacios residenciales o satisfacer otras necesidades, dijo Sebastian Conrad, un abogado berlinés que se ocupa de casos de protección del patrimonio histórico.

El terreno del centro de la ciudad destinado a la urbanización es “muy valioso”, dijo, pero para él “es bastante obvio que el búnker tiene importancia histórica”.

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Los expertos dijeron que la conservación y el desarrollo urbano no tienen por qué ser incompatibles. Berlín se enfrenta a una escasez de viviendas, y las leyes de conservación exigen equilibrar intereses públicos contrapuestos, como la necesidad de viviendas y la de proteger los monumentos históricos, dijo Herold.

Pero los ciudadanos que quieren que se conserve el búnker no tienen forma de impugnar la decisión de las autoridades, dijo Conrad.

La Asociación Berliner Unterwelten e.V. (del alemán, Mundos Subterráneos de Berlín), que documenta la historia de la arquitectura subterránea de la ciudad y la pone al alcance del público, está haciendo campaña para conservar el búnker y crear un memorial en el lugar, que es un símbolo de la rendición de Alemania. El búnker aparece en una imagen icónica tomada en mayo de 1945, en la que se ve al comandante de la defensa de Berlín, el general Helmuth Weidling, saliendo para entregarse a las fuerzas soviéticas tras la muerte de Hitler.

La Asociación Unterwelten dijo que “busca el diálogo” con los legisladores, los funcionarios y el propietario del inmueble “para encontrar juntos una solución que combine la conservación del búnker con el desarrollo urbano”.

Palgen, portavoz del departamento de desarrollo, dijo que aún no se ha decidido “cómo gestionará el propietario la ubicación concreta” del búnker. Pero, añadió, están “obligados a documentar el búnker como es debido antes de su demolición”.

Ephrat Livni es una reportera del Times que cubre las noticias de último momento en todo el mundo. Radica en Nueva York.