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Cuando el sábado, sobre las 19.15 horas, preparábamos el servicio de cenas, nos sorprendió ver pasar por la plaza varios vehículos militares. Éramos conscientes de que había fuego, veíamos la columna de humo, pero no pensábamos que fuera tan grave. A los pocos minutos, me llamó el alcalde para pedirme que no abriéramos el bar y que estuviéramos atentos para un posible desalojo”.
Es el testimonio de Mario Marín, propietario de Ca Mario, en Alfondeguilla (Castelló), uno de los templos del almuerzo de la Comunidad Valenciana y un establecimiento galardonado con el prestigioso premio Cacau d’Or que reconoce a aquellos bares que se esmeran en confeccionar bocadillos especiales para los excursionistas, ciclistas y visitantes que, cada fin de semana, acuden a esta localidad a los pies de la Serra d’Espadà. Los vecinos de Alfondeguilla llevan desde el pasado sábado fuera de sus casas y el frente que ataca a su término municipal es uno de los que más preocupa del incendio de la Vall d’Uixó que ya ha quemado 9.300 hectáreas y que mantiene evacuadas a cerca de 10.000 personas.
“Fueron llamando casa por casa y, en apenas media hora, desalojaron todo el pueblo. Hubo un gran embotellamiento para salir de la localidad y a algunas personas mayores les costó un poco más en estar preparadas”, explica Mario a La Vanguardia desde casa de su cuñada, en la localidad costera Xilxes. Él y su mujer Lucía cogieron una maleta con dos mudas, no esperaban que la evacuación durara tanto, mientras que su hijo, que está estudiando para ser músico, fue previsor y cargó los instrumentos para ensayar.
“El lunes pensábamos que el martes regresaríamos; el martes que sería el miércoles... ya prefiero no hacer planes” apunta. Admite que, tras días de mucha intensidad, ahora hay momentos en que necesita desconectar.
El incendio continúa activo y Mario no sabe cuándo podrá volver reabrir su negocio familiar. Además del bar, posee un establecimiento rural -Casa Pipa, en honor al alto de la Pipa, una montaña de casi 600 metros entre los términos municipales de Alfondeguilla y la Vall d’Uixó. “Cuando volvamos, sé que tendré que tirar todo lo que tengo en la nevera y que necesitaré unos días para reabrir”. Además, está pendiente de unos huéspedes que el próximo viernes tenían previsto alojarse en la casa rural.
Mario y su mujer saben que los inmuebles están bien. El alcalde ha enviado a través de una plataforma donde está todo aquel vecino del pueblo que quiere, vídeos de la zona para que los vecinos estén tranquilos y sepan dónde están las llamas. “El fuego no ha afectado al núcleo urbano”, explica tras haber visto las imágenes. La parte más afectada es la zona norte que limita con Artana o Eslida, otras de las localidades aún desalojadas por el avance del fuego y del humo, otro de los grandes handicaps de este brutal incendio.

El problema, apunta este vecino de 50 años, “es que se está quemando nuestra sierra, nuestro patrimonio; la razón por la que muchos vienen a visitarnos”. Cada fin de semana, Mario y Lucía preparan entre 100 y 120 bocadillos para los visitantes que acuden a esta localidad con la bicicleta o a hacer rutas de senderismo. “Nosotros tenemos una clientela fija de localidades como la Vall d’Uixò, Vilareal o incluso Sagunto o Puçol que vienen por nuestros almuerzos, pero hay también un porcentaje importante que viene para hacer excursiones. Habrá que ver si la gente sigue viniendo a pasear por un paisaje lunar”, apunta.
Prefiere no pensarlo, solo espera que no tenga que cerrar y que la gente siga acudiendo a tomar ese bocadillo que ya se ha convertido en el más icónico de la casa y que lleva un pisto a fuego lento de verduras, con un huevo dejado caer y morcilla de Burgos.

Licenciado en Periodismo (2005) y Ciencias Políticas y de la Administración (2012). Redactor de La Vanguardia en la Comunidad Valenciana desde enero de 2021. Antes, en El Mundo. Ha participado en varios libros sobre la Comunidad Valenciana