El jueves 16 de julio, las salas del Cine Gaumont de Buenos Aires recibieron el estreno de “Retazos de la memoria”, el último largometraje del director cordobés Juan Pablo Tobal Clariá.

Producida de manera conjunta por Anok Films e Hiperkinesis Films, la película propone un viaje inmersivo y sensorial a las profundidades de la Amazonía colombiana, específicamente en el resguardo indígena El Itilla, un territorio que funciona como custodia natural del Parque Nacional Serranía de Chiribiquete, considerado uno de los reservorios arqueológicos y biológicos más significativos del planeta.

La película sigue de cerca la experiencia de Jeisson Castillo, un artista e investigador visual colombiano que regresa a la selva para coordinar un taller de artes plásticas destinado a los niños de la comunidad. Pero lo que inicialmente se perfilaba como un intercambio pedagógico habitual, cobra un rumbo complejo cuando interviene, a través de su pintura, un espacio considerado sagrado por los habitantes ancestrales del lugar.

A partir de ese momento, la aparición de síntomas físicos indescifrables y una enfermedad de difícil diagnóstico lo empujan a someterse al ritual de sanación tradicional del Dabucurí, guiado por Gory Londoño, el sabedor de la comunidad. Es allí donde el cuerpo, la memoria y el arte se funden en una dimensión que escapa a la lógica racional de Occidente.

Jeisson Castillo Retazos de la memoria

Retazos de la memoria. La película va tras los pasos de un artista que se adentra en lo profundo de la Amazonía para dictar un taller de arte, pero al intervenir un lugar sagrado, cae gravemente enfermo.

El llamado del territorio invisible

Para Tobal, la relación con el territorio amazónico es el resultado de un largo recorrido de 15 años dedicados a documentar el patrimonio cultural y las lenguas originarias de América Latina. “He ido unas seis veces al Amazonas, más o menos. Y es como que la selva me ha ido llamando por distintos procesos. He filmado diferentes documentales, como la serie documental Guardianes de la Lengua (NdelE: serie emitida en Canal Encuentro en 2017, que aborda las distintas lenguas originarias de América Latina en peligro de extinción). En ese momento conocí a este artista, Jeisson Castillo, que venía haciendo un trabajo por el estilo, a través de la pintura; trabajaba con la memoria de los abuelos y de los chamanes. Hacía retratos de todos los abuelos y de figuras, de seres de la selva”, relata el director.

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Por su parte, el protagonista e investigador visual Jeisson Castillo destaca la continuidad de esta búsqueda estética y política en el territorio: “Desde hace unos 15 años vengo trabajando junto a comunidades indígenas, campesinas y raizales en Colombia, utilizando el arte como una herramienta para acompañar procesos de memoria, de defensa del territorio, de homenaje a sabedores y sabedoras. Esta es una película que lleva mucho tiempo planeándose. Con Juan Pablo nos conocimos hace unos 10 años y desde entonces empezamos a trabajar en la idea de crear una película en la que, a través del arte, pudiéramos abordar otros temas que también son de nuestro interés. Así es que nace Retazos de la Memoria, una película muy importante para este tiempo, para que podamos reflexionar sobre cómo es nuestra relación con nuestros territorios, con los sitios que se consideran sagrados y con unas ideas un poquito más expandidas sobre la relación que hay con los seres de la naturaleza".

 Backstage Retazos de la memoria

Backstage. Con un equipo reducido y el apoyo de la comunidad, el rodaje les demandó casi 10 días inmersos en la selva.

Una producción en el límite de la precariedad

El rodaje de la película supuso un desafío logístico y humano excepcional, condicionado fuertemente por las restricciones presupuestarias impuestas por el contexto político de la industria cinematográfica argentina y la producción debió prescindir de equipos técnicos amplios y resolver el diseño operativo sobre el terreno. “Fue todo muy complejo. Este terminó siendo un documental hecho con muy poca plata porque nos agarró justo el gobierno actual con las trabas que empezaron a imponer”, señala Tobal.
La inmersión en la dinámica diaria del resguardo El Itilla exigió una adaptación absoluta del equipo a las costumbres de la comunidad. Sin redes de energía estables —la electricidad se limitaba a unas pocas horas en la vivienda del capitán de la comunidad—, las jornadas comenzaban antes del amanecer y transcurrían bajo las condiciones climáticas extremas de la selva.

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“Trabajamos junto con la comunidad durante todos esos días. Nos invitaron, nos abrieron a tener acceso a rituales espirituales que no suelen abrirse a los blancos, a fiestas tradicionales, instrumentos sagrados que no se muestran, que son bastante fuertes. Se trabajaba, se dormía en la hamaca, se comía con ellos lo que comían ellos, se bañaba en el río y se filmaba cuando se podía, porque ahí llueve, para, llueve, para... Éramos pocos haciendo mucho. Fue un trabajo muy intenso porque éramos un equipo súper reducido: cámara, director de fotografía, sonidista, Jeisson y yo. Pero gracias a la comunidad se pudo llevar adelante”, concluye el realizador.

La película permanecerá en la cartelera porteña hasta el 22 de julio, con funciones diarias a las 18:30, mientras que su llegada a las salas de Córdoba está programada para agosto.