Un hombre y una mujer vestidos de blanco están sentados en un sofá blanco mientras miran una tableta y un teléfono móvil.

La crisis de pareja suele construirse de forma gradual por desencuentros cotidianos, malestares acumulados y desconexión. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las parejas suelen desgastarse mucho antes de que aparezca la palabra separación. En ese proceso, los integrantes pueden no advertir estar “en crisis”. Sin embargo, los hábitos diarios que sostienen el vínculo pueden marcar una diferencia frente a la rutina, los reclamos acumulados y la desconexión.

En la práctica, muchas separaciones no comienzan con un hecho extraordinario, como una infidelidad o una discusión decisiva. Aunque esas situaciones pueden precipitar una ruptura, con frecuencia el deterioro se construye de forma gradual, a partir de desencuentros cotidianos, intentos de acercamiento que no encuentran respuesta y malestares que se acumulan sin ser expresados.

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Hombre y mujer sentados uno frente al otro en una cocina, sin mirarse ni hablar, expresando distancia emocional.
Los especialistas señalaron que una separación rara vez surge de un día para el otro y pidieron revisar la historia y el contexto previo a la crisis de pareja. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Especialistas consultados por Infobae coincidieron en que una crisis de pareja rara vez surge de un día para el otro. El licenciado en Psicología y sexólogo, Mauricio Strugo (MN 41436), señaló que “toda pareja tiene una historia y que, aunque puede haber una pelea gatillo que precipite una separación, hace falta revisar la historia y el contexto previo a la crisis para entender esa explosión como un síntoma y no como un episodio aislado”.

A su turno, la licenciada en Psicología, Ana Hulka (MN 59.396), sostuvo algo similar al explicar que, en muchos casos, la ruptura “se trata de un proceso que decanta después de cierto desgaste”. Según detalló, las molestias cotidianas suelen ser apenas la superficie de conflictos más profundos: “Estas pequeñas molestias o discusiones cotidianas son el reflejo de desacuerdos mucho más profundos en donde alguno de los pactos con los que la pareja se armó entra en jaque”.

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Para la coordinadora del equipo de Grupos, Familia y Pareja del Hospital Italiano de Buenos Aires aparece con frecuencia en terapia que el malestar no se agota en frases del tipo “me molesta que deje todo desordenado”, sino que remite a “desacuerdos mucho más profundos”. En ese marco, explica que muchas veces “algo de lo que motivó el armado de la pareja en términos de pactos inconscientes empieza a tambalear”.

Un hombre y una mujer sostienen bolsas de compra junto al maletero abierto de un automóvil gris, mientras dos niños discuten cerca de la puerta.
La rutina repetida y la monotonía pueden vaciar de deseo el vínculo de pareja y empujar la desconexión. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En la vida diaria, esas tensiones suelen expresarse en escenas mínimas. Strugo advirtió que la manera en la que vivimos “genera microrupturas que pueden pasar inadvertidas si nos quedamos en el detalle del motivo de la discusión”. Por eso propuso trascender estas situaciones e intentar escuchar los ‘subtítulos’, es decir, “apuntar a lo que está más allá y verdaderamente duele o molesta”.

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Hulka también identificó en la repetición un foco de desgaste. “Muchas veces lo que lleva a la desconexión es el hábito, las rutinas repetidas, el hacer las cosas siempre de la misma manera llegando una y otra vez a los mismos y predecibles resultados”, afirmó. Y agregó que “muchas parejas se aburren del hábito y buscan en la separación una salida de lo que se vuelve repetitivo”.

La especialista puso ejemplos concretos de esa monotonía: “Siempre vamos a los mismos lugares o siempre tenemos sexo de la misma manera”. A su criterio, “muchas veces lo que se vuelve habitual deja de sorprender, evita dar rienda a la imaginación, impide alimentar el deseo”.

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Una mujer gesticula frente a un hombre con los brazos cruzados en una sala de estar con sofá, mesa de madera y ventanal.
El diálogo en la pareja es un hábito central, pero los psicólogos advirtieron que hablar no garantiza escucha ni una comunicación efectiva. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ambos especialistas destacaron el valor del intercambio cotidiano, incluso cuando resulta incómodo. Strugo afirmó que, aunque sea incómoda, “la comunicación es la herramienta más saludable pese a que implique discutir” y consideró “más preocupante cuando ya no vale la pena y todo da lo mismo”. A su entender, dialogar e intercambiar es importante para evitar que esas rupturas se transformen en grietas.

Hulka también definió al diálogo como un hábito relevante que cuando logra instalarse ayuda a la vinculación. Sin embargo, introdujo una advertencia: “Tener diálogo no significa entenderse, tampoco escucharse, menos aún evitar los malos entendidos”.

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La psicóloga describió una escena habitual en terapia de pareja: “Uno dice algo y el otro entiende otra cosa”. Por eso, remarcó que “entre el emisor y el receptor está el mensaje lleno de ruidos que impide una comunicación efectiva”. En ese punto, insistió en que el diálogo es fundamental, aunque “no es una solución mágica”.

Un hombre en suéter negro y una mujer en vestido rojo se miran y sonríen mientras cenan en un restaurante con copas de vino.
Los especialistas afirmaron que renovar la pareja es posible si ambos revisan sus hábitos diarios y sostienen el vínculo con atención cotidiana. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Frente a esas señales de desgaste, los especialistas señalaron que el cuidado de una pareja se construye en acciones repetidas y conversaciones que permitan registrar lo que cambia. No se trata de asegurar una relación sin conflictos, sino de sostener prácticas que eviten que la rutina, los malentendidos y los reclamos no expresados se conviertan en distancia.

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  1. Hablar de manera sostenida, incluso en conversaciones difíciles. Para Strugo, “la comunicación es la herramienta más saludable”. Hulka coincidió en que “el diálogo es un hábito” que ayuda a la vinculación, aunque aclaró que necesita trabajo para convertirse en escucha real.
  2. Ir más allá del motivo puntual de la pelea. Strugo recomendó no quedarse en discusiones por tareas o desorden, sino “escuchar los ‘subtítulos’” para detectar qué dolor o reclamo más profundo está en juego. Hulka, por su parte, dijo que muchas discusiones visibles expresan “desacuerdos mucho más profundos”.
  3. No dar por garantizada la continuidad de la relación. Hulka advirtió: “Si uno piensa que tiene la presencia del otro garantizada puede sentir que no tiene que atender más sus necesidades”. Strugo formuló la misma idea con otra imagen: “No dar por hecho que por estar juntos, compartir cama, ser socios en la crianza y en la logística la continuidad está garantizada”.
  4. Cuidar los detalles y atender necesidades concretas. Hulka observó que al inicio de la relación las personas suelen estar más atentas a las necesidades del otro y que, cuando sienten que “ya lo tengo asegurado”, dejan de pensar en los detalles, en el cuidado y en el diálogo. Esa atención cotidiana aparece como una práctica de sostén.
  5. Tener gestos mínimos que expresen elección. Strugo subrayó la diferencia entre la declaración y la acción: “No da lo mismo decir ‘te amo’, que demostrarlo”. A su juicio, hacen falta gestos que demuestren que más allá de las diferencias, nos seguimos eligiendo. También precisó que “los gestos mínimos y sutiles muestran que pensé bien en el otro y que en algún momento lo tuve presente”.
  6. Propiciar encuentros a solas. Es otra manera de propiciar nuevas memorias emotivas que alimenten el vínculo y no lo dejen estancado en la rutina y la monotonía. Para Hulka, esos espacios permiten salir de la lógica de las obligaciones y volver a encontrarse como pareja.
  7. Introducir sorpresa y novedad. La psicóloga propuso “apelar al factor sorpresa y mantener vivo algo de lo que al comienzo ‘enganchó’ o ‘deslumbró’ al otro”. Su planteo apunta a contrarrestar la repetición que, según dijo, termina por apagar la imaginación y el deseo.
  8. Actualizar el vínculo de forma periódica. Strugo señaló que la convivencia, los hijos y las obligaciones “van generando resentimiento” y sostuvo que, si no se revisa qué une a la pareja en el presente, entramos en una meseta que puede terminar en separación. Por eso trabaja la idea de “actualizar el vínculo”.
  9. Decir lo que se necesita antes de acumular resentimiento. El psicólogo afirmó que “hay esperanza si en vez de esperar que el resentimiento nos rebalse cada cual se hace responsable de ir comunicando lo que necesita aggiornar”. La prevención, en este caso, pasa por no guardar durante meses lo que después aparece como reproche.
  10. Sostener espacios individuales y la vitalidad personal. Hulka planteó que “separarse del otro es parte de un hábito saludable en la pareja” si esa distancia favorece la diferenciación y no la violencia. En su respuesta sobre el hábito más importante, añadió: “No dejar por fuera lo que a cada uno lo conecta con lo más vital de la existencia en lo individual y en la pareja”.
Tres mujeres de diversas etnias en un taller de cerámica, concentradas en modelar y pintar piezas de arcilla sobre una mesa de madera con herramientas.
Conservar la individualidad dentro de la pareja fortalece el vínculo y permite que cada integrante exprese lo que siente y desea. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Lejos de pensar la solidez de la pareja como fusión, Hulka propuso una idea distinta. “No deberíamos ser inmunes a separarnos de otro, porque justamente el otro es otro”, afirmó. Desde esa perspectiva, debería existir una distancia irreductible que permita reconocer la singularidad de cada integrante.

La psicóloga definió como saludable “una separación simbólica donde cada uno tenga la posibilidad de expresarse tal cual lo siente, de actuar tal cual lo desea”. A su entender, esa diferenciación “permite la individuación” y sostiene una elección renovada: que cada uno “pueda elegir estar ahí mientras así lo siente y lo desea”.

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Un hombre y una mujer caminan tomados de la mano sobre un camino de un parque rodeado de árboles durante el atardecer.
Hulka: “Para encontrarse y generar buenos momentos es importante que cada uno se mantenga deseante hacia el otro y sobre todo hacia la vida misma”. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ante el desgaste producido por los años, la crianza de los hijos o la rutina, Hulka sostuvo que “siempre es posible cambiar”. Según explicó, “siempre que la pareja lo desee y lo busque es posible revertir climas, generar nuevos encuentros, crear nuevas formas de compartir”.

Strugo ubicó ese cambio en decisiones concretas de la vida diaria. Para él, “la pareja “es como una planta que necesita ser regada todos los días sino se seca”. En esa metáfora se condensa la idea central de ambos especialistas: el vínculo no se sostiene solo por la historia compartida, sino por la atención cotidiana que cada uno esté dispuesto a poner en el presente.

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Para Hulka, el hábito central consiste en preservar el deseo que dio origen a la relación, sin dejar de lado aquello que aporta vitalidad a cada integrante en su vida personal. La rutina puede llevar a resignar actividades, intereses o espacios propios que resultaban significativos. Recuperarlos o sostenerlos, según explicó, favorece un vínculo más vivo para ambos: “Para encontrarse y generar buenos momentos es importante que cada uno se mantenga deseante hacia el otro y sobre todo hacia la vida misma”. Y cuando ese impulso se debilita, recomendó consultar con un profesional especializado.