Se cumplen 20 años desde que Fabio Cannavaro ganó el Balón de Oro. Fue en 2006, después de que Italia ganara el Mundial de Alemania. El mejor jugador del mundo, en aquel momento, era Ronaldinho, estrella de un Barça que esa temporada se proclamó campeón de Europa. El brasileño había ganado el Balón de Oro el año anterior y era el gran favorito para volver a ganarlo, pese a que Brasil había caído en cuartos de final en el Mundial. No solo no ganó Ronaldinho, sino que Buffon y Thierry Henry también recibieron más votos que el azulgrana, además de Cannavaro.
Han pasado veinte años y aún así sigo sin entender lo de Cannavaro. Creo que, de todos los premiados en el palmarés, es el menos justo y desde ese momento dejé de creer en el premio. Italia había ganado la final del Mundial a Francia, pero por penaltis, por lo que si esa lotería hubiera caído del lado francés, posiblemente Cannavaro no hubiera acabado ni en el podio.
Desde entonces, el Balón de Oro dejó de ser el Balón de Oro y ya no es para el mejor del mundo, sino para el más regular cuyo equipo y selección hayan conquistado esa temporada la Champions y/o el Mundial o la Eurocopa.
No es fácil en un deporte colectivo otorgar un premio individual. Pero desde el momento en el que el premio es individual, no puede pesar más lo colectivo. El ejemplo más claro de justicia lo encontramos en 2010. El Mundial lo ganó España y la Champions fue para el Inter de Milán, pero el ganador del Balón de Oro fue Leo Messi. A nivel colectivo los hubo mejores, pero a nivel individual no había nadie mejor que el argentino. En ese caso, el premio sí fue justo y lo ganó el mejor del mundo. Que su equipo o selección no hubieran conquistado los títulos más importantes no significaba que Messi no fuera el mejor. Con el criterio de Cannavaro, ese Balón de Oro hubiera sido para Iniesta o Xavi, pero ellos fueron los primeros en reconocer que el mejor del mundo era Leo.
Algo parecido sucede ahora con Lamine Yamal. El azulgrana es el mejor del mundo y, si el premio individual es para el mejor, tiene que ser para él. No hay discusión. Además, el azulgrana se ha proclamado campeón del mundo con la selección, por lo que cumple con todos los criterios, individuales y colectivos. Casualmente, ya han empezado las campañas reivindicando el premio para Fabián Ruiz, Mbappé o cualquiera que no vista la camiseta del Barça.
Escribo este artículo sobre el Balón de Oro porque esta semana hemos conocido los 30 candidatos, pero debo confesar que es un tema que cada vez me parece más cansino. Hace unos años, del Balón de Oro se hablaba solo a final de año, cuando el ganador aparecía en la portada de France Football. Apenas había filtraciones, los corresponsales de la revista eran periodistas de prestigio y votaban sin la bufanda de un club o de su país puesta. Ahora el Balón de Oro aparece en casi todas las ruedas de prensa, es motivo de tertulia constante y la mayoría barre para casa, apostando por los suyos de forma totalmente subjetiva. La verdad, el tema ya aburre bastante.
Por no hablar del criterio de los que elaboran la lista de los 30 candidatos o de los que votan, que, por ejemplo, este año no han incluido en la relación de nominados a Pedri o a Raphinha. ¿De verdad alguien cree que no están entre los mejores del mundo? Igual que hace unos años Busquets tampoco aparecía nunca en la lista. Ese tipo de decisiones incomprensibles resta credibilidad a un galardón que, cada año que pasa, pierde prestigio por el camino, pero al que todos le damos demasiada importancia y publicidad.