El equilibrio de los microorganismos que habitan en el organismo de la mujer puede adquirir especial relevancia durante el embarazo y extender su influencia hasta los primeros momentos de vida del recién nacido. Este fue uno de los aspectos abordados por el ginecobstetra Carlos Miranda Zavala durante el foro “Microbiota: la salud que se construye desde la infancia”, organizado por este Diario.

El especialista explicó que la microbiota está integrada por poblaciones de microorganismos presentes en zonas como la boca, el intestino y la vagina. En esta última, los lactobacilos contribuyen a mantener un ambiente que dificulta la proliferación de determinadas bacterias causantes de infecciones.

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Durante el embarazo, señaló, las alteraciones de ese equilibrio deben ser atendidas debido a su posible relación con procesos inflamatorios y complicaciones obstétricas. Miranda indicó que determinadas infecciones vaginales pueden generar señales inflamatorias capaces de favorecer contracciones, trabajo de parto prematuro o ruptura prematura de membranas.

El cuidado empieza antes

Una de las recomendaciones planteadas fue incorporar la revisión de la salud vaginal e intestinal desde la etapa previa a la concepción. Para Miranda, una mujer que planifica un embarazo debería realizarse previamente una valoración ginecológica que permita detectar infecciones u otras alteraciones antes de iniciar la gestación.

El especialista también insistió en que estos controles no deben limitarse a la presencia de molestias. Secreción vaginal, picazón, dolor o fiebre son señales que requieren valoración, pero las revisiones periódicas también pueden identificar problemas en mujeres que no presentan síntomas.

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En cuanto a los cuidados cotidianos, recomendó mantener una higiene externa adecuada, evitar las duchas vaginales y reducir situaciones que generen humedad prolongada en la zona genital, como permanecer varias horas con ropa mojada.

La alimentación también interviene

La microbiota intestinal guarda una relación directa con la alimentación. Durante su exposición, Miranda recomendó priorizar alimentos naturales, frutas, legumbres y productos ricos en fibra, además de reducir el consumo de ultraprocesados que contienen colorantes, saborizantes y otros aditivos.

La alimentación, explicó, forma parte de un conjunto de factores que pueden modificar las poblaciones de microorganismos del intestino y, con ello, las sustancias que estos producen y que circulan por el organismo.

Miranda también se refirió a la relación que se estudia entre alteraciones de la microbiota durante el embarazo y determinados procesos del desarrollo fetal. En su explicación señaló que cambios en la flora vaginal e intestinal pueden tener efectos sobre el entorno en el que se desarrolla el bebé.

El parto modifica el primer contacto

El nacimiento constituye otro momento relevante. En el parto vaginal, el bebé entra en contacto con los microorganismos presentes en el canal de parto, una exposición que participa en las primeras interacciones de su sistema inmunológico con las bacterias del entorno.

Por esa misma razón, el especialista subrayó la importancia de detectar y tratar previamente una infección vaginal, pues el recién nacido también puede exponerse a los microorganismos causantes de esa alteración durante su paso por el canal de parto.

Las diferencias iniciales en la microbiota entre niños nacidos por cesárea y por vía vaginal, añadió, tienden a disminuir conforme avanza el crecimiento y comienzan a intervenir otros factores. Entre ellos destacó la lactancia materna por su participación en el desarrollo inmunológico del niño.

Otro de esos primeros contactos ocurre a través del piel con piel. Miranda explicó que colocar al recién nacido sobre su madre favorece su exposición inicial a microorganismos maternos, además de los efectos vinculados con el vínculo y la adaptación después del nacimiento.

Antibióticos y microbiota

El uso de antibióticos también formó parte de los temas abordados. Estos medicamentos, explicó el ginecobstetra, no actúan únicamente sobre las bacterias responsables de una infección, sino que también pueden eliminar microorganismos que forman parte de la flora habitual.

Esto no significa que deban evitarse cuando existe una indicación médica. Ante determinadas infecciones durante el embarazo, su utilización puede resultar necesaria para reducir riesgos tanto para la madre como para el desarrollo de la gestación.

El cuidado de la microbiota, planteó Miranda, no depende de una sola medida. Empieza antes de buscar un embarazo y continúa con la alimentación, los controles médicos, la vigilancia de posibles infecciones, el parto y los primeros cuidados del recién nacido. El objetivo es mantener condiciones adecuadas para la madre a lo largo de cada una de esas etapas. (I)