El tatuaje principal que cubre toda la espalda de Enzo Fernández es un impresionante diseño de un león hiperrealista (Reuters/Brett Davis)

El tatuaje principal que cubre toda la espalda de Enzo Fernández es un impresionante diseño de un león hiperrealista (Reuters/Brett Davis)

Este 17 de julio se celebra el Día Mundial del Tatuaje, una fecha que encuentra a varios futbolistas de la Selección Argentina en el centro de la escena, no solo por su desempeño deportivo sino también por las historias que llevan en la piel.

Muchos de ellos acompañarán al equipo que este domingo disputará una nueva final del mundo frente a España, en Estados Unidos, con la posibilidad de lograr el bicampeonato tras la consagración en Qatar.

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En el último Mundial, millones de ojos siguieron cada movimiento de la Scaloneta. Pero, más allá de goles, atajadas y la copa, hubo otro fenómeno a la vista: el 77% de los futbolistas campeones en Qatar llevó tatuajes visibles.

Lejos de ser simples elementos decorativos, los diseños en la piel funcionan como una especie de autobiografía expuesta en los brazos, las piernas y el torso de los jugadores. Según un estudio encabezado por el sociólogo Gustavo Morello y su equipo, publicado en mayo de este año por Religión en Debate, los tatuajes se consolidan como “un testimonio de lo que consideran sagrado”.

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Lionel Messi durante una de sus vacaciones y algunos de sus tatuajes más emblemáticos, entre ellos los dedicados a su familia y a su carrera futbolística
Lionel Messi durante una de sus vacaciones y algunos de sus tatuajes más emblemáticos, entre ellos los dedicados a su familia y a su carrera futbolística

De acuerdo con la investigación, los tatuajes se agrupan en cuatro grandes categorías: religiosos, de seres queridos, profesionales y aspiracionales. Cada imagen, cada palabra grabada, deja entrever el universo privado de quienes, desde la exposición global, eligen contar su historia en la piel.

El estudio, que revisó 196 imágenes públicas, identificó 226 tatuajes en 20 de los 26 campeones del mundo en Qatar. “El fútbol actúa como una plataforma para expresar la moral y los valores; los tatuajes son un reflejo de los sistemas de sentido de los jugadores”, afirma el documento. Así, la cancha se transforma en un escenario donde también se exhiben creencias, recuerdos y sueños.

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La espalda de Rodrigo De Paul y el brazo izquiero de Thiago Almada, otros dos ejemplos que se pudieron ver durante este Mundial 2026 (Reuters/Brett Davis)
La espalda de Rodrigo De Paul y el brazo izquiero de Thiago Almada, otros dos ejemplos que se pudieron ver durante este Mundial 2026 (Reuters/Brett Davis)

Las imágenes de Jesucristo, la Virgen María, ángeles, cruces y rosarios recorren los brazos y torsos de los protagonistas. Quince futbolistas lucen al menos un tatuaje religioso, según el relevamiento de Morello.

Conviven allí, además, símbolos de otras tradiciones y devociones, como Buda o el Gauchito Gil, junto a palabras como “energía”. Estas elecciones revelan una religiosidad que no desaparece, sino que se reinventa, mezclando lo sagrado con lo cotidiano.

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Nicolás Otamendi, uno de los más tatuados de la Scaloneta (Reuters/Brett Davis)
Nicolás Otamendi, uno de los más tatuados de la Scaloneta (Reuters/Brett Davis)

Los nombres de hijos, fechas clave, retratos familiares y hasta mascotas ocupan un lugar esencial en esa cartografía íntima. Para los investigadores, los nombres tatuados remiten a padres, parejas, hijas, hijos y animales: la familia y los afectos, convertidos en amuletos permanentes.

Otra foto de la espalda de Otamendi completamente tatuada, con personajes y elementos inspirados en la serie Peaky Blinders y Prison Break
Otra foto de la espalda de Otamendi completamente tatuada, con personajes y elementos inspirados en la serie Peaky Blinders y Prison Break

Los hitos profesionales se inscriben también en el cuerpo a través de trofeos, escudos, camisetas, pelotas y números. La Copa América conquistada en 2021 aparece repetidamente tatuada, sobre todo en las piernas, como si los jugadores buscaran fijar en su “instrumento de trabajo” el recuerdo de sus logros. Según el informe, “la mayoría de estos tatuajes se encuentran en la pierna dominante del jugador”.

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Al descubierto, las piernas y brazos tatuados de De Paul (REUTERS/Agustin Marcarian)
Al descubierto, las piernas y brazos tatuados de De Paul (REUTERS/Agustin Marcarian)

Entre los códigos profesionales también figuran edificios deportivos, números y elementos futbolísticos como globos. Se observa que estos tatuajes suelen ser de menor tamaño que los religiosos o los de animales.

La dimensión aspiracional se refleja en la presencia de leones, tigres, brújulas, relojes y frases motivacionales. “Estos animales representan la autoimagen y las aspiraciones de los jugadores”, describe la investigación.

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Palabras como “coraje”, “resiliencia” y “valentía” refuerzan esa narrativa de esfuerzo y superación. El estudio destaca que la fauna argentina no incluye leones ni tigres, por lo que la elección de esos animales es simbólica y responde a valores universales de fuerza y liderazgo.

Los tatuajes del Cuti Romero
Cuti Romero se tatuó símbolos y fechas relacionados con la Copa del Mundo ganada en 2022, inmortalizando en su piel los logros alcanzados junto a la Selección Argentina

El estudio revela que el 60% de los tatuajes se localiza en brazos, antebrazos, cabeza y cuello, las zonas más expuestas durante un partido. Esta ubicación convierte a los tatuajes en parte del lenguaje visual del fútbol televisado.

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En la cara interna de los antebrazos, algunos jugadores eligen grabar mensajes personales, “recordatorios permanentes de aquello que no quieren olvidar”.

Los tatuajes se distribuyen mayormente en la “zona A” —cabeza, cuello, brazos y antebrazos— que representa solo el 27% de la superficie corporal, pero es la más visible en el campo. La “zona B” —piernas y muslos— reúne el 25% y la “zona C” —torso anterior y posterior— apenas el 15%.

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Ángel Di María se tatuó la copa del Mundial Qatar 2022
Ángel Di María, uno de los consagrados en Qatar, se tatuó la Copa del Mundo

Hasta hace pocas décadas, los tatuajes cargaban un fuerte estigma social. Hoy, como subraya el equipo de Morello, “el fenómeno excede a la Argentina”. En el deporte mundial, la tinta sobre la piel pasó de rareza a norma entre futbolistas, basquetbolistas, tenistas y nadadores.

Entre los campeones de Qatar se observa una diferencia generacional. No se encontraron consignas políticas ni símbolos patrios, en contraste con figuras como Diego Maradona, quien llevaba tatuados a Ernesto “Che” Guevara y Fidel Castro.

“Los tatuajes sugieren que la política tiene una importancia menor para este grupo que para las generaciones argentinas anteriores”, concluye. Llama la atención además que, aunque Maradona es una figura central en la cultura futbolística argentina, ningún jugador lleva tatuajes suyos.

En cambio, abundan motivos de cultura popular: personajes de Los Simpson, Pokémon, Prison Break, Peaky Blinders y otros.

En definitiva, la tinta no solo narra triunfos y derrotas, sino también vínculos, creencias y deseos. En la antesala de una nueva final, la piel de los futbolistas argentinos se presenta como un diario abierto: un registro colectivo de lo que importa, de lo que queda, de lo que se elige llevar para siempre.