Un conjunto de 43 figuras milenarias elaboradas en hueso y madera han salido a la luz en el yacimiento arqueológico de Peñico (Perú), aportando nuevas pistas sobre la continuidad cultural de la civilización Caral, considerada la más antigua de América. Las piezas, que representarían dioses, animales, figuras humanas y motivos geométricos, formaban parte de una ofrenda ritual vinculada a la renovación de un edificio público y ayudan a comprender cómo evolucionó esta cultura tras el abandono de sus principales centros urbanos.

Las miniaturas fueron presentadas por el Ministerio de Cultura de Perú y, según ha explicado el arqueólogo Mauro Ordóñez, jefe del sitio arqueológico de Peñico, poseen “una carga iconográfica muy potente en términos simbólicos”. Aunque los investigadores esperan todavía los resultados de las pruebas de carbono 14 para confirmar su antigüedad exacta, estiman que fueron elaboradas entre 1800 y 1500 antes de Cristo, mientras que el edificio donde aparecieron tiene aproximadamente 3.800 años.

Una ofrenda con dioses, animales y una Venus singular

Entre las 43 piezas destacan representaciones antropomorfas, zoomorfas y geométricas. Según detalló Ordóñez, las figuras humanas podrían corresponder a divinidades o autoridades de la época. Una de las piezas más llamativas es la denominada “Venus de Peñico”, una pequeña figura femenina tallada sin cabeza que sobresale por sus características singulares dentro del conjunto.

Algunas de las figuras rituales encontradas

Los arqueólogos también recuperaron dos tablillas con imágenes de dioses pintadas en rojo, cuyos rostros presentan ojos triangulares y tocados que, según los investigadores, no tienen precedentes conocidos en esta zona. Otras figuras muestran gorros cónicos decorados que podrían simbolizar a personajes con autoridad, mientras que varias conservan profundas cavidades en los ojos, lo que indica que originalmente estuvieron decoradas con minerales o piedras semipreciosas.

Las representaciones de animales incluyen serpientes, renacuajos y aves, además de otros elementos relacionados con el agua, como ríos, junto al denominado “ojo de dios” y diversos motivos geométricos simétricos. Todo ello refleja una compleja simbología que los especialistas continuarán estudiando para conocer mejor las creencias y la organización social de esta comunidad.

Las figuras formarían parte de un ritual relacionado con el asentamiento

La forma en la que aparecieron las figuras resulta curiosa. Las miniaturas estaban colocadas cuidadosamente alrededor de piedras distribuidas en semicírculo y varias presentan señales de haber estado expuestas al fuego. Según los investigadores, todos estos indicios apuntan a que fueron depositadas durante un ritual relacionado con la construcción o renovación de la plataforma principal del edificio público del asentamiento.

“Fueron encontradas en un proceso ofrendatorio, en el proceso de renovación arquitectónica del edificio público mayor, entonces hay un contexto de respeto al momento de dejar esta ofrenda”, explicó Ordóñez. Este contexto arqueológico permite interpretar el hallazgo no como una acumulación casual de objetos, sino como una ceremonia cuidadosamente planificada que formó parte de la vida religiosa y política de Peñico.

El descubrimiento también refuerza la importancia de esta ciudad, fundada hacia 1800 a. C., tras el declive de los primeros grandes centros urbanos de Caral. Lejos de representar una ruptura con aquella civilización, las investigaciones indican que Peñico mantuvo buena parte de su legado cultural y actuó como un espacio de integración entre la costa, la sierra e incluso la selva, favoreciendo el intercambio de personas, conocimientos y mercancías.