Pablo R. SuanzesEnviado especial Nueva York
Actualizado Jueves, 24 septiembre 2026 - 02:08
La última vez que Delcy Rodríguez acudió a la Asamblea General de las Naciones Unidas, en 2019, arrancó su intervención diciendo que venía en nombre "de la única Venezuela, de la Venezuela digna, la valiente, la que no se arrodilla ante poder imperial alguno. Con el saludo del presidente Nicolás Maduro Moros y del pueblo venezolano. Un saludo bolivariano, en nombre también del espíritu de nuestro comandante Hugo Chávez Frías". En su alocución, atacó a Donald Trump, definió las acciones de EEUU como "terrorismo de estado que se impone sobre los pueblos y ya no utiliza bombas, sino bancos y compañías de seguros", y calificó al Departamento del Tesoro como "el Pentágono Económico, que militariza las relaciones internacionales y castiga a millones de personas inocentes para aplicar doctrinas de cambio de régimen y robarse descaradamente los recursos de las naciones".
Siete años después, Delcy y el postchavismo siguen controlando Venezuela, no hay democracia y millones de personas han dejado el país. Pero algo ha cambiado, vaya si ha cambiado. En su discurso ante una Asamblea medio vacía este miércoles, sin figuras de renombre ya en la sala, la presidenta interina ha dado las gracias personalmente a Donald Trump, ha hablado de las magníficas relaciones con EEUU, ha ignorado al que fue su jefe y amigo, preso a pocos minutos en una cárcel federal y se ha plegado al mismo "imperio" que denunció durante lustros. Rodríguez ha prometido también que habrá elecciones, pero a su manera, sin decir cuándo ni explicar cómo: "el pueblo venezolano con su sabiduría ancestral determinará el momento correcto".
Ha sido sin duda una de las intervenciones más esperadas de la semana. Y no ha defraudado, pero sí indignado. "Hoy Venezuela renace, renace (...) hoy Venezuela aspira con Estados Unidos, con sus vecinos, con todos los países de nuestro continente y de la comunidad internacional, a reconstruir y sostener relaciones de cooperación, respeto e igualdad. Quiero agradecer al presidente Donald Trump y a su Gobierno por su disposición a retomar el camino de las relaciones diplomáticas y de cooperación con Venezuela. Hoy trabajamos seriamente para dirimir a través del diálogo las diferencias existentes, pero principalmente para abonar los caminos para el relacionamiento energético, la promoción de la seguridad, la lucha común contra el crimen transnacional y la cooperación en beneficio económico de ambos pueblos y de nuestro continente", ha afirmado.
El mensaje más importante, sin embargo, era otro. "Quiero decirlo muy claro en esta asamblea general que en Venezuela habrá elecciones y en esa dirección hemos iniciado un diálogo político con sectores de la oposición que conduzca a un proceso en igualdad de condiciones para todos", ha prometido. "Venezuela garantizará condiciones reales de participación para todas las fuerzas políticas del país, pero la democracia no se mide por la existencia de elecciones, la democracia se mide por la calidad de la competencia que preceden esas elecciones. Una elección debe ser una solución no un generador de conflictos irreconciliables", ha matizado enseguida con un cinismo extraordinario tras haber sido una de las responsables del robo de los últimos comicios.
El cambio de tono, la sumisión y entrega han sido espectaculares en el discurso, como su capacidad para llenar de eufemismos su mensaje, en el que por cierto no ha habido alusión directa a Nicolás Maduro.
Rodríguez no ha puesto deliberadamente fecha para esas elecciones. "El pueblo venezolano con su sabiduría ancestral determinará el momento correcto y sus instituciones estarán preparadas para garantizar ese proceso inclusivo y transparente, un país que no esté sometido a restricciones económicas de ningún tipo, para que se garantice su derecho al desarrollo el resto y las reacciones espasmódicas de adentro y de afuera forman parte del espectáculo que ya no quieren ver", ha añadido hablando de una convención nacional próxima. "Los venezolanos seréis consultados para que digáis cuándo dónde y en qué términos queréis celebrar la gran convención nacional. Allí el pueblo ejercerá libremente su omnipotencia. Allí decretará sus leyes fundamentales, tan solo él conoce su bien y es dueño de su suerte".
Sin rubor se ha presentado como una figura de consenso y transición, capaz de sanar el alma rota de una nación, pidiendo a EEUU, de una forma muy sutil y nada frontal, que no haya injerencias.
"Venezuela definitivamente debe abandonar el camino que permitió que el extremismo y la intolerancia se impusieran sobre la convivencia democrática y pacífica" (...) "A mi pueblo amado le digo este no es el final de un discurso, es el comienzo de un compromiso a la comunidad internacional. Le digo Venezuela está lista para caminar de la mano de quienes crean en una relación internacional respetuosa, sin intromisiones ni prejuicios. A los jóvenes que han crecido viendo un país fracturado y que muchas veces decidieron partir buscando lo que en nuestro país no encontraron, les digo que vale la pena creer de nuevo. Este es el momento de construir el país al que muchos quieran regresar, y no solamente aquel del que muchos quisieron huir", insistió como si la salida de siete millones de personas hubiera sido un proceso ajeno, como si fuera la consecuencia de un fenómeno natural y no de la represión, la inseguridad o el destrozo económico tras casi décadas de chavismo.