En el coro alto de la iglesia de Santa María de la Consolación, en la villa cacereña de Garrovillas de Alconétar, se custodia una de las joyas más extraordinarias del patrimonio musical europeo. Erigido entre finales del siglo XV y mediados del siglo XVI, este instrumento destaca por conservarse en perfecto estado de funcionamiento y por ser considerado el órgano renacentista en uso más antiguo de toda la península. Su elegante mueble exterior con puertas abatibles evoca la estética gótica, resguardando en su interior una valiosa tubería histórica cuya sonoridad original sigue cautivando a oyentes y especialistas de todo el mundo.

La memoria documental del instrumento atestigua su profunda arraigambre comunitaria e histórica desde hace casi 500 años. El primer testimonio escrito conservado data de 1578, año en que se estipuló un salario anual de 6.000 maravedíes para su primer organista conocido, Francisco Díaz. Situado en la patria chica de Domingo Marcos Durán, autor del primer tratado musical impreso en castellano, el instrumento contó con el constante patrocinio de los Condes de Alba de Liste. A lo largo de los siglos posteriores, notables maestros organeros como Horacio Fabri o Joan Amador mantuvieron viva su voz litúrgica.

En el ámbito técnico, el órgano resalta por su genuina arquitectura armónica y su diseño renacentista. Su fachada exhibe cinco castillos con cinco tubos cada uno y un teclado de 42 teclas con octava corta. Su secreto de tablones, reformado en 1677, sostiene un conjunto de registros afinados mediante un temperamento mesotónico histórico. Además, el instrumento conserva una entonación singularmente alta, identificada con el tradicional tono de cantadores o de nueve palmos glosado por Juan Bermudo en 1555, lo que convierte a su afinación viva en un testimonio acústico verdaderamente único en el planeta.

El órgano resalta por su genuina arquitectura armónica y su diseño renacentista

Tras padecer décadas de abandono en el coro, la recuperación del monumento fue posible gracias al empeño del organista Miguel del Barco Gallego y del archivero Carmelo Solís Rodríguez. Su impulso llevó a la Diputación de Cáceres a financiar una rigurosa restauración entre 1987 y 1990, encargada al reputado organero holandés Gerard de Graaf. La compleja intervención restituyó la funcionalidad del secreto y de los tubos originales sin traicionar su autenticidad. La reinauguración fue celebrada con un memorable concierto a cargo del propio Del Barco, devolviendo la vida musical a una pieza emblemática de Extremadura.

La relevancia del órgano fue consolidada institucionalmente con su declaración como Bien de Interés Cultural por la Junta de Extremadura, siendo el primer instrumento histórico de la región en lograr este máximo rango de protección. Este hito vino acompañado por decisivas obras de consolidación arquitectónica en la iglesia de Santa María de la Consolación entre 2005 y 2010, destinadas a reparar la bóveda y el arco del coro. Gracias a estos trabajos y al desmontaje preventivo del organero Manuel Luengo, el instrumento quedó plenamente asegurado en un entorno arquitectónico restaurado que garantiza su preservación para las futuras generaciones.

Prestigiosos organistas

Actualmente, el órgano garrovillano no es un mero objeto de museo, sino el eje vibrante de una intensa actividad cultural. Cada año protagoniza los Memoriales Domingo Marcos Durán de Música Renacentista, cita que atrae a consagrados intérpretes y musicólogos internacionales. Asimismo, organistas de reconocido prestigio como el italiano Francesco Cera han acudido al templo para grabar dobles álbumes con obras de Francisco Correa de Arauxo para el sello Brilliant Classics, aprovechando la sonoridad matizada y la mecánica original de un teclado que exige al intérprete una comunión plena con la música de los siglos XVI y XVII.

En conclusión, el órgano de Garrovillas de Alconétar encarna un testimonio excepcional de supervivencia artística y de gestión patrimonial comunitaria. Su perenne aliento musical demuestra que la investigación rigurosa, la restauración respetuosa y el compromiso social son capaces de transformar una joya renacentista en un dinámico vector de desarrollo cultural. Cada concierto celebrado bajo las bóvedas de Santa María reafirma que este vetusto instrumento de tubos y madera no solo conserva la voz del pasado, sino que continúa proyectando una experiencia estética viva y profunda hacia el panorama de música clásica contemporánea.