
Los pulpos juveniles de arrecife brasileño responden de manera distinta ante los peces según defiendan o no un territorio y golpean con un brazo a especies que intentan expulsarlos de una zona.
Según el artículo divulgado en Phys.org, el comportamiento fue documentado en aguas poco profundas del noreste de Brasil y de islas oceánicas, mediante filmaciones realizadas por un equipo científico mientras practicaba esnórquel.
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El estudio, publicado en la revista Behavioural Processes, examinó los encuentros entre 38 ejemplares jóvenes de Octopus insularis y 10 especies de peces de arrecife. En total, los investigadores registraron 101 interacciones para determinar qué acciones se repetían después de cada aproximación.
Los resultados indican que los enfrentamientos no ocurren de forma aleatoria. Jennifer Mather, coautora del estudio e investigadora del comportamiento de los pulpos recientemente jubilada de la Universidad de Lethbridge en Alberta, afirmó que “está claro que no hay una sola forma en que interactúan”.

Los peces que protegen una parte del arrecife, como los de la familia Pomacentridae, realizaban “golpes” y “zarpazos” al intentar atacar a los octópodos. Esos movimientos parecían dirigidos a alejar a los animales de su espacio habitual.
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Ante esas aproximaciones, los pulpos reaccionaron con sobresaltos, cambios rápidos de postura y golpes de brazo. Los encuentros con los animales territoriales duraron un promedio de 14 segundos, un período en el que las acciones de ambos animales se sucedieron con rapidez.
Los autores aplicaron un análisis de secuencias temporales, una técnica que permite establecer si una conducta suele aparecer después de otra de forma repetida. El método identificó patrones diferenciados para las disputas por la zona y para las aproximaciones de otras especies.

El equipo señaló que “la territorialidad de los peces afectó significativamente el comportamiento tanto de los peces como de los pulpos”. También definió estas relaciones como adaptativas y dependientes del contexto.
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La situación fue diferente con especies no territoriales, entre ellas el cirujano azul (Acanthurus coeruleus). Estos ejemplares tendían a seguir o rodear al pulpo mientras este continuaba su búsqueda de alimento, sin que se observaran las mismas señales de confrontación.
Las interacciones con peces no protectores de su área se extendieron, en promedio, durante 46 segundos, más de 3 veces el tiempo registrado en los episodios defensivos. La mayor duración coincidió con una actitud menos conflictiva por parte de los 2 grupos de animales.

En publicaciones previas en Marine Biology se documentaron observaciones de pulpos que utilizaban un brazo para golpear o alejar peces.
La investigación analizó 19 golpes de brazo ejecutados por un pulpo del género Abdopus contra individuos en pozas de marea de Okinawa, Japón. El nuevo trabajo aporta un registro más ordenado sobre el momento en que sucede y sobre las conductas que lo preceden.
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Mather explicó que “los peces territoriales harán una cosa, y los no territoriales harán otras”. Esa distinción permitió a los investigadores separar las reacciones que parecen responder a una defensa del espacio de aquellas que ocurren durante el desplazamiento conjunto.

Las imágenes también mostraron una variación en la piel de los pulpos cuando un pez territorial se aproximaba o atacaba. El equipo denominó a este patrón “media mancha”, porque el animal dividía su coloración corporal en 2 zonas diferenciadas.
En el lado orientado hacia el pez aparecían manchas blancas circulares. Los científicos observaron que los peces parecían alejarse después de esa exhibición, aunque todavía no determinaron qué perciben exactamente ni si el pulpo produce el diseño de forma deliberada.
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“Planteamos la hipótesis de que podría servir como una forma de comunicación de alerta”, afirmó Michaella Pereira Andrade, investigadora posdoctoral del Instituto de Ciencias Biomédicas del Reino Unido, y Charles Morphy Santos, profesor asociado de biología evolutiva de la Universidad Federal del ABC.
Las filmaciones se realizaron en aguas cuya visibilidad llegó en algunos puntos a unos 20 metros. Además de las diferencias entre especies de peces, el material permitió advertir que algunos octópodos eran más tímidos y otros respondían con mayor intensidad, sin que aún se conozca si esas variaciones se relacionan con el sexo, la edad o rasgos estables de comportamiento.
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