Fue diputada, senadora, dos veces jefa de Estado y vicepresidenta. Hoy está presa, con tobillera electrónica y sin que le suene el teléfono. El poder siempre tiene fecha de vencimiento, pero el ego nunca quiere leerla.

Jonatan Viale

30 de julio 2026, 20:44hs

Cristina Kirchner: encerrada en su casa, con una tobillera sin que nadie la llame. No lo debe poder creer. (Foto: AFP)

Cristina Kirchner: encerrada en su casa, con una tobillera sin que nadie la llame. No lo debe poder creer. (Foto: AFP)

Alguien muy sabio me dijo alguna vez que lo peor para un político no es el insulto, sino la intrascendencia.

Carlos Menem, cuando ya no podía ser reelecto, le confesó a un periodista en 1999: “Los mozos me traen el café frío”. Eso es el dolor de ya no ser. Para eso, también hay que pensar que Menem fue, durante 10 años, la persona más poderosa de la Argentina.

De Gaulle decía: “Los cementerios están llenos de indispensables”. Lo que estaba diciendo es que nadie es imprescindible.

Hace poco, Horacio Rodríguez Larreta contó que pasó de ser casi presidente a que no le suene el teléfono. Es la perfecta descripción de lo que es la pérdida del poder: el celular deja de sonar y llegás a pensar que se rompió.

Ahora piensen por un segundo en Cristina. Encerrada en su casa, con una tobillera, sola, mirando todo el día la televisión, aburrida, sin que nadie la llame. Esa señora fue diputada, senadora, convencional constituyente, dos veces presidenta, vicepresidenta y primera dama. Y ahora está presa jugando al sudoku en un departamento en Constitución. No lo debe poder creer.

Por eso, básicamente, lo que está haciendo es llamar la atención y molestar. ¿Molestar a quién? A Kicillof. ¿Cómo lo hace? Manda a sus nuevos abogados, salidos de una película de Almodóvar.

La criatura y su creadora: dos líderes que alguna vez fueron aliados y hoy libran una silenciosa batalla . (Foto: NA)

La criatura y su creadora: dos líderes que alguna vez fueron aliados y hoy libran una silenciosa batalla . (Foto: NA)

Imagínense lo desesperada que tiene que estar Cristina para contratar semejante monigote —con todo respeto—. Pero insisto en que todo esto es para llamarle la atención a Kicillof.

A Cristina nunca le gustó tener herederos, ni sucesores, ni continuadores. Algo así como “después de mí, el diluvio”. Entonces, ¿Qué está haciendo ahora? Negociar. ¿Puede ser candidata? No. ¿Por qué? Porque ni siquiera está en el padrón. ¿Por qué? Porque está condenada por nueve jueces. Y entonces negocia. ¿Es algo nuevo? No.

Leé también: El Gobierno relativiza el reclamo de Cristina Kirchner ante la ONU y evalúa su impacto en la estrategia electoral

En 2011 le puso a Gabriel Mariotto como vicegobernador a Daniel Scioli. En 2015, nuevamente a Scioli, le puso a Carlos Zannini. También en 2015, a Aníbal Fernández le puso a Martín Sabbatella como candidato a vicegobernador de la Provincia. En 2019, con Alberto Fernández, se puso a ella misma como candidata a vice para controlar todo. Y a Kicillof le intervino la provincia con Insaurralde como jefe de gabinete y Mena como ministro de Justicia.

Es una práctica habitual de Cristina. Se llama “controller”, “vigilante”, “comisario político”.

¿Por qué insiste con esto? Primero, porque se quedó sin cajas. Y segundo, porque lentamente se va quedando sin poder. Es como una estrella que se apaga.

Piensen cómo funciona la cabeza de un ególatra. Se inunda La Plata, hay varios muertos, y Cristina habla de ella. La tragedia de Once: 52 muertos, dolor en el país, duelo nacional. Y Cristina habla de ella. Era el día para hablar de las víctimas de Once, pero Cristina dijo: “Yo sé lo que es la muerte”. Eso se llama megalomanía. Estamos ante una persona que llegó a compararse con Dios.

Además: ¿cómo tituló la columna que mandó a publicar en todos los diarios del mundo? “Yo Cristina”. ¿Saben en qué diarios del mundo apareció? En El País de España, en Libération de Francia y en Folha de Sao Paulo de Brasil.

La expresidenta que se comparó con Dios hoy cumple su condena en un departamento en Constitución. (Foto: TN/Agustina Ribo).

La expresidenta que se comparó con Dios hoy cumple su condena en un departamento en Constitución. (Foto: TN/Agustina Ribo).

Cristina le había ordenado a Parrilli que la carta se publicara en Le Monde, The Guardian, The New York Times, Corriere della Sera, The Washington Post, Le Figaro, El Mercurio de Chile, El Mundo de España y El Universal de México. No le dieron bola.

Acá hay un tema muy serio de pérdida de poder.

Para colmo, los argumentos de los abogados están absolutamente vacíos. El abogado español dice que la señora fue condenada por ser mujer. Es el mismo argumento de siempre: Milagro Sala dijo “me persiguen por negra y coya”; Lázaro Báez dijo “estoy preso porque soy un negrito”; Cristina Kirchner dice “me persiguen por mujer”. Siempre usan una minoría para victimizarse.

Nadie los persigue por el color de piel, la clase social o el género. Solamente los persigue el Código Penal. ¿Cómo se llama cuando alguien viola el Código Penal? Ladrón, delincuente, bandido, forajido, criminal. Cristina dice ser víctima de un “machismo estructural”. Más que machismo estructural, el problema acá es la corrupción sistémica: De Vido, Báez, Jaime, López, Boudou, Schiavi, Echegaray, Milagro Sala, Schoklender. No es un tema de varones o mujeres. Es un tema de corruptos o decentes.

¿Y quién no dijo absolutamente nada sobre todo esto? ¿Quién sigue mirando para otro lado? Dijimos que Cristina quiere llamarle la atención al gobernador Kicillof. Pues bien, “el chiquito” no acusó recibo. Y eso que lo vienen sacudiendo feo: Berni contra Kicillof, Mayra contra Kicillof, Tignanelli llamándolo Vandor, Moreno.

Me hace acordar mucho a cuando Cristina mandaba a sus caniches a sacudir a Scioli. ¿Qué hacía Scioli? Fingía demencia. ¿Qué hace Kicillof? Lo mismo.

El gobernador que aprendió de Scioli el arte de fingir demencia: no acusar, mirar para otro lado y dejar que la tormenta pase sola. (Foto: prensa Axel Kicillof)

El gobernador que aprendió de Scioli el arte de fingir demencia: no acusar, mirar para otro lado y dejar que la tormenta pase sola. (Foto: prensa Axel Kicillof)

¿Cuál es el plan de Kicillof? Todo el mundo va adentro de la bolsa: Cristina, La Cámpora, los intendentes peronistas, los gobernadores peronistas, la CGT, Lousteau, Larreta, algunos radicales como Alfonsín y Gerardo Morales, Pichetto. Una enorme ensalada anti-Milei.

El hijo putativo de Cristina no le presta atención a la madre. Y lo que dice una madre cuando su hijo no la llama es: “¡Desagradecido! ¡Lo crié! ¡Le enseñé todo lo que sabe! ¡Lo amparé! ¡Lo cobijé! ¡Y no es capaz de venir a verme!”. A veces la política es mucho más mundana de lo que se cree.

Leé también: Cuando el Estado no logra dar respuestas adecuadas a su población, es necesario debatir la política migratoria

Lo más difícil no es llegar al poder, sino aceptar que un día ya no sos necesario. El poder siempre tiene fecha de vencimiento. Pero el ego nunca quiere leerla.

Por eso, insisto y cierro: hay derrotas electorales y hay algo peor. Dejar de importar.

Opiniones libres; hechos sagrados.