En medio de los esfuerzos de la Casa Blanca por llevar adelante el plan de Donald Trump para poner fin a la guerra en la Franja de Gaza, Jared Kushner, yerno del mandatario y exasesor de la Casa Blanca, se reunió el lunes durante varias horas con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. La visita ocurrió en momentos en que una severa crisis se está gestando en Cisjordania a medida que crece la violencia de los colonos israelíes.
El plan llevaba meses estancado debido a la negativa de Hamas a deponer las armas, así como a los frecuentes ataques aéreos y operaciones militares de Israel más allá de la línea de retirada acordada en el alto el fuego alcanzado en octubre de 2025. Israel tampoco ha cumplido sus compromisos de permitir la entrada a Gaza de cantidades específicas de combustible y otros artículos de primera necesidad.
El anuncio de Trump el mes pasado de que su Consejo de Paz había logrado el acuerdo de Hamas para desarmarse generó brevemente esperanzas de progreso. Una “hoja de ruta” de 15 puntos, a la que el grupo islamista palestino accedió, contemplaba que el grupo militante depusiera las armas de forma gradual, lo que iría acompañado de la retirada de Israel de algunas zonas de Gaza.
Pero Netanyahu rechazó el acuerdo este mes, insistiendo en que Israel no se retiraría de Gaza hasta que Hamas se hubiera desarmado por completo.

Kushner y miembros de la Junta de Paz mantuvieron conversaciones con representantes de Hamas, el domingo, incluido su líder político, Khalil al-Hayya, que se encuentra en Egipto.
Un funcionario de Hamas y otras dos personas al tanto de las conversaciones dijeron al diario The New York Times que los responsables de Hamas presentaron a Kushner una lista de lo que para ellos constituían violaciones del alto el fuego por parte de Israel, y él prometió hablar con Netanyahu sobre la necesidad de que Israel cumpliera su parte del acuerdo.
Según las dos fuentes, Kushner pidió a los representantes de Hamas que avanzaran con el desarme. Sin embargo, estos respondieron que Israel primero debía cumplir con sus compromisos en virtud del alto el fuego y advirtieron que la hoja de ruta acordada el mes pasado no estaba sujeta a cambios.
El acuerdo entre la Junta de Paz y Hamas estipula que, como parte del proceso de desarme, Israel debe cumplir primero con su parte del alto el fuego. Sin embargo, los expertos señalan que existen consideraciones políticas que impiden que Netanyahu cumpla con todos los compromisos de Israel en virtud de dicho acuerdo.
Sin embargo, la conversación con Kushner y Netanyahu concluyó con un acuerdo que permite a Israel continuar realizando ataques selectivos en Gaza por el momento, incluso mientras ambas partes buscan avanzar en un plan más amplio para la reconstrucción y el desarme del territorio, según informó al diario Haaretz una fuente familiarizada con las conversaciones.
La fuente dijo al periódico israelí que la reunión de tres horas, en la que también estaban el enviado de Trump para Gaza, Nickolay Mladenov, el exprimer ministro británico Tony Blair y el embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, también dio como resultado un acuerdo para comenzar a trabajar en la infraestructura de saneamiento para prevenir brotes de enfermedades y la contaminación de las aguas subterráneas y costeras.
Netanyahu afirmó que las conversaciones fueron “profundas y constructivas”, y añadió que se establecieron dos “grupos de trabajo”: uno dedicado al “desarme y la desmilitarización de Gaza” y otro centrado en el “saneamiento, el agua potable y otros asuntos de salud pública que también afectan al pueblo de Israel”. El primer ministro declaró que tanto Israel como la Junta de Paz coinciden en que el desarme y la desmilitarización deben llevarse a cabo antes de cualquier obra de reconstrucción en Gaza.
El líder israelí se enfrenta a una dura campaña para un nuevo mandato en las elecciones que se celebrarán el 27 de octubre, y su coalición de derecha se encuentra abajo en las encuestas. Cualquier concesión a Hamas o un aparente suavizamiento de su postura hacia Gaza podría exponerlo a ataques de aliados que considera vitales, indicó The New York Times.
“Las consideraciones políticas también son importantes para la Junta de Paz y para la administración Trump. Con las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos acercándose en noviembre y el aniversario del alto el fuego a principios de octubre, no alcanzar un acuerdo que pudiera allanar el camino para la reconstrucción en Gaza podría resultar sumamente embarazoso para la Junta, para la Casa Blanca y para su enfoque hacia Medio Oriente”, añadió el diario.

Este nuevo esfuerzo diplomático se produce en un momento en que Netanyahu se enfrenta a una creciente presión interna de cara a las elecciones de octubre, incluso por parte de la facción de extrema derecha de la que depende su frágil gobierno de coalición.
El influyente ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, condenó los esfuerzos de paz durante el fin de semana y pidió el asesinato “selectivo” de “30 o 40” personas en Gaza cada noche.
Ben-Gvir también pidió la emigración masiva de palestinos del enclave, diciendo en un podcast que “considero que toda Gaza es nuestra”.
Crisis en Cisjordania
Estas declaraciones se produjeron días después de que el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, anunciara que había ordenado al Ejército israelí que elaborara planes para transferir las operaciones de seguridad en Cisjordania, incluida la vigilancia de los colonos israelíes, a la Policía de Israel, sobre la cual Ben-Gvir ejerce supervisión parlamentaria.
El domingo se cumplió una semana desde que los colonos israelíes comenzaron su asedio a Qusra, una aldea palestina al sur de Naplusa. Se ubica en la Zona B, que comprende aproximadamente el 21% de Cisjordania.
Desde el 9 de agosto, decenas de colonos israelíes han rodeado tres viviendas palestinas en la zona de Ras al-Ain, en las afueras del pueblo, cortando el suministro de agua y electricidad ante la escasez de alimentos y otros víveres. En estas casas viven unos 15 palestinos de las familias Abu Rida y Hassan, entre ellos dos niños menores de siete años y un familiar con doble nacionalidad estadounidense. Los residentes afirman que colonos de asentamientos cercanos llevan meses intentando apoderarse de las propiedades.
El asedio provocó una inusual crítica por parte de Estados Unidos, cuyo embajador en Israel, Mike Huckabee, calificó a los colonos de “terroristas israelíes” y describió su “horrible acto de terror” como “repugnante”.
Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, entre enero y junio de 2025 se registraron al menos 3.033 ataques de colonos en la Cisjordania ocupada, lo que supone una media de seis al día.
En una evaluación publicada en enero, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) informaron que los “incidentes terroristas” perpetrados por palestinos en Cisjordania se habían reducido en un 78%.
Sin embargo, Azriel Bermant, investigador asociado del Instituto de Relaciones Internacionales de Praga, escribió en la revista Foreign Policy: “el riesgo de un estallido de violencia palestina a gran escala es grave”. “Es más, un recrudecimiento de la violencia beneficiaría al gobierno de Netanyahu de cara a las elecciones de octubre, ya que uniría a su base de extrema derecha y fomentaría la división entre la oposición israelí”, indicó.
La publicación señaló que las FDI y el servicio de inteligencia israelí Shin Bet llevan tiempo advirtiendo de la inminente explosión en Cisjordania, y los recientes acontecimientos demuestran la gravedad de la situación. Aunque en esta oportunidad es el propio gobierno israelí, quien aviva deliberadamente las llamas.
El ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, de extrema derecha y también con responsabilidades ministeriales en el Ministerio de Defensa, ha utilizado estos poderes para modificar la política sobre los asentamientos judíos en Cisjordania. Al menos 104 asentamientos han sido legalizados desde que el actual gobierno de Netanyahu llegó al poder en 2022.
El objetivo explícito de Smotrich ha sido eliminar la posibilidad de un Estado palestino, y no oculta su aspiración a anexionarse Cisjordania. La proliferación de asentamientos y granjas adyacentes a las aldeas palestinas ha generado una fricción constante entre israelíes y palestinos.
Simultáneamente, Israel ha vuelto a retener el pago de los impuestos adeudados a la Autoridad Palestina (AP), esta vez con el claro objetivo de provocar su colapso financiero, sostuvo Bermant.
La publicación cita a Michael Milshtein, director del Foro de Estudios Palestinos de la Universidad de Tel Aviv, quien, en el podcast del Foro de Política de Israel, señaló que los intentos por debilitar a la AP conllevan graves peligros.
“Por un lado, existe un mayor riesgo de enfrentamientos entre las Fuerzas de Defensa de Israel y las fuerzas de seguridad de la AP. Ante el creciente número de ataques contra palestinos, las fuerzas de seguridad de la AP podrían llegar a la conclusión de que ya no pueden permanecer al margen, lo que incrementaría drásticamente el riesgo de un conflicto armado entre las FDI y las fuerzas de la AP”, sostuvo.
“Si Cisjordania estalla, cualquier plan actual o futuro para Gaza quedará completamente descartado. Netanyahu puede calcular que desafiar a Washington es una astuta estrategia política interna de cara a las próximas elecciones. Pero poner en peligro las relaciones con Estados Unidos conlleva graves riesgos ante la opinión pública israelí. Si Trump realmente quiere ser visto como un artífice de la paz, debe empezar a usar su influencia. Y eso comienza por estabilizar la situación en Cisjordania y construir a partir de ahí”, concluyó el experto.