El célebre productor musical argentino Gustavo Santaolalla aterrizará en Chile. Nombre fundamental de la música latinoamericana se presentará dos veces en Chile. Dos tiempos, dos actividades diferentes: la primera, una masterclass el sábado 22 de agosto, a las 19.00 horas, en el Teatro CA 660 de Fundación CorpArtes; y la segunda, al día siguiente, domingo 23 de agosto, un concierto en el Teatro Municipal de Santiago.

Será la oportunidad para escucharlo interpretar piezas de su célebre álbum Ronroco (1996), basado en el instrumento boliviano del mismo nombre derivado del charango, que se ha vuelto indivisible de la carrera del músico. De hecho, suena precisamente en la banda sonora de la serie The Last of Us, que él compuso.

Pero Santaolalla debe su estatus merced a que ha estado detrás de históricos discos de la música latinoamericana, acá revisamos seis de esos títulos fundamentales.

Corazones - Los Prisioneros (1990)

Grabado en los descuentos de la primera etapa de la banda sanmiguelina, poco antes de Claudio Narea dejara la banda, en rigor, fue registrado solo por Jorge González, en Los Ángeles, California (para muchos, es su primer trabajo solista). Con un marcado sonido synth-pop, Santaolalla Santaolalla aportó una producción pulida que contrastaba con el sonido más crudo de discos anteriores. Incorporó detalles como el charango en Tren al Sur y potenció el tono dramático de canciones como Estrechez de corazón y Corazones rojos. El álbum se convirtió en el más vendido de la historia del grupo y marcó un giro sentimental y sofisticado en plena transición democrática chilena.

Jorge González — Jorge González (1993)

Tres años después, Santaolalla volvió a trabajar con González, esta vez en su debut solista. Grabado en Los Ángeles y lanzado en 1993, el álbum fue producido por Santaolalla junto a Aníbal Kerpel y profundizó la orientación electrónica y pop que ya había aparecido en Corazones. Mi casa en el árbol, Fe o Esta es para hacerte feliz mostraron a un González dispuesto a explorar una identidad distinta a la de Los Prisioneros. Aunque no alcanzó las expectativas comerciales de EMI, consolidó a González como compositor de canciones íntimas y bien producidas, y demostró la continuidad del vínculo creativo entre ambos.

La era de la boludez - Divididos (1993)

Con Ricardo Mollo, Diego Arnedo y Federico Gil Solá, Santaolalla capturó la fuerza de “la aplanadora del rock” llamada Divididos, el proyecto nacido de las cenizas de Sumo tras la muerte del carismático Luca Prodan. El álbum fusiona hard rock, funk, reggae y folklore argentino (incluyendo la versión de El arriero de Atahualpa Yupanqui). Temas como ¿Qué ves? y Salir a comprar se volvieron himnos. Grabado en Estados Unidos, el disco vendió cientos de miles de copias, llenó el estadio Obras una docena de veces y ocupó un lugar destacado en las listas de los mejores álbumes del rock argentino. Santaolalla aportó charango y percusión, reforzando la identidad local dentro de un sonido potente.

Re - Café Tacvba (1994)

Si alguien quiere ir a ver a Café Tacvba, conoce poco de ellos, y quiere escuchar un álbum para quedar a caballo de sus canciones, este es el disco. El segundo largaduración de los mexicanos es considerado uno de los mayores logros del rock latinoamericano. Santaolalla, que ya había producido su debut, ayudó a canalizar la eclecticidad de la banda: de la hitera Ingrata, la conmovedora Esa noche, al experimentalismo de El aparato o la alegre El ciclón. El resultado fue un trabajo que celebraba la diversidad cultural mexicana y continental, catapultó a Café Tacvba a la masividad y demostró que el rock en español (y bien chilango) podía ser sofisticado, irreverente y profundamente local al mismo tiempo.

¿Dónde jugarán las niñas? - Molotov (1997)

¿Quién no cantó “gimme gimme, gimme dame todo el power”, o el estribillo de Puto? El debut de la banda mexicana, editado por el sello Surco de Santaolalla, combinó rap, rock y crítica social con un lenguaje callejero y humor corrosivo. Temas como Gimme tha Power o Puto generaron polémica y empatía a partes iguales. La producción de Santaolalla y Kerpel logró un sonido agresivo pero claro, que permitió al grupo vender millones de copias y convertirse en un fenómeno latinoamericano. Fue la prueba de que el rock en español también podía ser directo, político y masivo.

Aquí - Julieta Venegas (1997)

El debut solista de la mexicana, tras su paso por Tijuana No!, reveló a una compositora de canciones intimistas y originales. Santaolalla potenció su uso del acordeón y el piano en un sonido acústico-folk-rock que incluía De mis pasos y Cómo sé. El álbum la posicionó como una de las voces más interesantes del rock mexicano y sentó las bases de una carrera que más tarde alcanzaría el éxito masivo, siempre con una sensibilidad personal intacta.

Libertinaje - Bersuit Vergarabat (1998)

Si alguien quiere escuchar el caos hecho música, este es el disco. Después de ver a la banda en vivo y dudar, Santaolalla aceptó producir su cuarto álbum. El resultado mezcló hard rock, cumbia, murga, ska y milonga en canciones como Yo tomo, Se viene, Murguita del sur y Sr. Cobranza. Grabado entre Buenos Aires y Los Ángeles, el disco convirtió a Bersuit en un fenómeno popular, anticipó el clima social previo a la crisis de 2001 y demostró la capacidad del productor para ordenar el desorden creativo sin aplastar la identidad del grupo.

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