Un equipo liderado por científicos de la Universidad Estatal de Oregon (Estados Unidos) ha desarrollado una posible nueva forma de tratar el glioblastoma, la forma más agresiva de cáncer cerebral, cuya tasa de supervivencia a dos años es inferior al 30%.

La investigación, publicada en el Journal of Controlled Release, aborda los dos obstáculos más persistentes para el tratamiento eficaz de la enfermedad: la administración de agentes terapéuticos a través de la barrera hematoencefálica —la red celular que actúa como barrera de seguridad entre el torrente sanguíneo y el sistema nervioso central— y lograr que dichos agentes se dirijan preferentemente a los tumores.

En experimentos con ratones modelo, cargaron nanopartículas lipídicas con material genético que promueve la supresión tumoral y, posteriormente, las recubrieron con un tipo de azúcar.

El resultado fue un aumento medio del 50% en el tiempo de supervivencia, aseguran los investigadores.

Científicos desarrollan un tratamiento con azúcar contra la forma más agresiva de cáncer cerebral. Foto: referencial.

Cómo funciona el tratamiento con azúcar que se desarrolla contra el glioblastoma

El azúcar que utilizaron fue manosa, un pariente cercano de la glucosa, la principal fuente de energía del cuerpo.

Los autores del estudio explican que las células endoteliales del cerebro están recubiertas por un transportador, GLUT1, encargado de llevar la glucosa al sistema nervioso central.

Sin embargo, afirman, este transportador también reconoce la manosa, y es así como las nanopartículas pueden atravesar la barrera hematoencefálica.

El estudio fue dirigido por Oleh Taratula, Olena Taratula y Yoon Tae Goo, de la Facultad de Farmacia de la Universidad Estatal de Oregon.

El primero declaró a través de un comunicado: “La sangre contiene concentraciones relativamente altas de glucosa, y es con esta con la que las nanopartículas compiten por la atención de GLUT1. Para que las nanopartículas la alcancen, necesitan una superficie de azúcar densamente recubierta, y esa es nuestra principal innovación”.

“Al unir químicamente la manosa al colesterol, un componente estructural clave de las nanopartículas, mejoramos la cobertura de la superficie seis veces”.

Agregó que, dentro de las nanopartículas, se encuentra el ARN mensajero que permite la producción de PTEN, una proteína que combate los tumores y que con frecuencia se pierde en el glioblastoma.

Para evitar que la carga se alterara, el equipo añadió un derivado catiónico del colesterol que protege la encapsulación del ARNm.

Olena Taratula comentó: “El glioblastoma se reprograma metabólicamente y expresa GLUT1 a niveles tres veces superiores a los del tejido cerebral normal, por lo que las partículas se acumulan preferentemente en el tejido tumoral tras atravesar la barrera hematoencefálica”.

“Además, la restauración de la expresión de PTEN en las células tumorales restablece el control del crecimiento. Tras la administración repetida de dosis, se observó una reducción del tumor sin toxicidad orgánica detectable”.

Los investigadores sostienen que su trabajo ha presentado resultados prometedores en las primeras etapas. Sin embargo, precisan, las nanopartículas de manosa-colesterol aún necesitarán años de pruebas de seguridad y eficacia antes de poder llegar al mercado.

Por lo tanto, hasta el momento, requieren de más investigaciones para avanzar hacia posibles nuevos tratamientos con este enfoque.