Una investigación internacional puso en jaque algo que la ciencia daba por cerrado desde hacía décadas.

20 de agosto 2026, 09:11hs

Durante los años fértiles, el ovario envía señales que ordenan el trabajo del cerebro, los huesos y el corazón. (Foto: Adobe Stock)

Durante los años fértiles, el ovario envía señales que ordenan el trabajo del cerebro, los huesos y el corazón. (Foto: Adobe Stock)

Durante muchos años, la biología evolutiva repitió la misma cuenta: la energía que un organismo destina a tener crías es energía que le saca al mantenimiento del propio cuerpo. Bajo ese esquema, reproducirse se paga con años de vida. El problema es que la naturaleza está llena de contraejemplos incómodos. Las reinas de las hormigas y las ratas topo desnudas paren sin descanso y, encima, viven muchísimo más que el resto de la colonia. Tampoco se explica por qué en casi todos los mamíferos las hembras superan en años de vida a los machos.

Un trabajo publicado en la revista Cell propone romper ese molde con la llamada Hipótesis de la Resiliencia Reproductiva. La firman Pankaj Kapahi y Parminder Singh, del Instituto Buck para la Investigación sobre el Envejecimiento, en Estados Unidos, y parte de una idea sencilla: fertilidad y longevidad no serían rivales, sino socias que la evolución acopló.

Una central de mensajes, no una fábrica de óvulos

Para los autores, el ovario hace bastante más que producir óvulos y hormonas. Durante los años fértiles emite señales que ordenan el trabajo de órganos lejanos: el cerebro, los huesos, el corazón y las arterias, y los mecanismos que reparan tejidos. Cuando esa conversación se corta, el desajuste se siente en todo el organismo.

“El ovario no debe considerarse solo como un órgano productor de óvulos y hormonas sexuales. Funciona como un auténtico centro de comunicación cuyas señales metabólicas, paracrina e inmunitarias ayudan a coordinar la resiliencia de todo el cuerpo. Cuando esta red se interrumpe, las consecuencias se extienden mucho más allá de la fertilidad”, explicó Parminder Singh, investigador posdoctoral de origen indio y coautor del estudio.

Más años arriba, pero con más achaques

Ahí asoma una paradoja conocida: las mujeres suelen vivir más que los varones, pero atraviesan una porción mayor de esa etapa final con enfermedades crónicas, fragilidad y discapacidad. La Organización Mundial de la Salud aporta la escala del asunto: en 2021, las mujeres de 50 años o más ya representaban el 26% de la población femenina del planeta, contra el 22% de una década atrás.

Según la OMS, una mujer de 60 años puede esperar, en promedio, dos décadas más de vida.(Foto: Freepik)

Según la OMS, una mujer de 60 años puede esperar, en promedio, dos décadas más de vida.(Foto: Freepik)

“La menopausia es una transición biológica normal, no una enfermedad, pero normal no significa fisiológicamente neutra”, sostuvo Pankaj Kapahi, catedrático del Instituto Buck, biólogo de origen indio radicado en Estados Unidos y autor principal del trabajo.

Según la hipótesis, el cimbronazo no llega apenas por la caída de los estrógenos, sino porque se desarma una red endocrina, metabólica e inmunitaria que venía sosteniendo al conjunto. Por eso los autores proponen considerar esa pérdida de resiliencia como un sello distintivo del envejecimiento propio de cada sexo, a la par del desgaste de los telómeros.

Un siglo de estudios hechos con machos

El planteo deja al descubierto un vicio metodológico viejo. Para esquivar el vaivén hormonal, la investigación preclínica trabajó durante casi cien años con animales machos o con hembras jóvenes que nunca se habían reproducido. Quedaron afuera la gestación, la lactancia y el historial reproductivo, es decir, justo los mecanismos de resistencia que hoy se busca imitar.

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El equipo del Instituto Buck dejó once directrices para reordenar los ensayos que vengan. Entre las principales:

Kapahi remarcó que poner el foco en la biología femenina no es un nicho dentro de la investigación sobre la longevidad, sino una oportunidad estratégica: descifrar mecanismos que la evolución ya afinó para sostener la vida bajo estrés extremo permitiría estirar los años de buena salud tanto en mujeres como en varones.