Actualizado Sábado, 19 septiembre 2026 - 01:24

En el toreo, la verdad nunca viaja en línea recta pero no admite atajos. A menudo se esconde por carreteras secundarias, en el exilio forzoso de quien carece de linaje o padrinos. El pasado 27 de agosto, el nombre de Christian Parejo (Chiclana de la Frontera, 2000) colgaba de los carteles de la nocturna de Las Ventas. Era su segunda corrida de la temporada, apenas unos días después de la primera, en Beziers (Francia), la tierra de su exilio. Madrid acusaba el alivio térmico de un verano duro. No tanto como la propia vida de Parejo. Esperaban 7.000 aficionados en los tendidos y los gigantescos toros de Pedraza de Yeltes aguardaban en los chiqueros. Al consumarse la noche, el eco de su valor de piedra retumbaba por todo el planeta taurino: una oreja de auténtico peso -que pudieron ser tres-, el umbral de la Puerta Grande rozado y la convicción unánime de que un torero acababa de pedir paso.

El impacto fue tan rotundo que el destino no tardó en mover ficha. Pocos días después, ante la desafortunada lesión de Mario Navas, la empresa de Las Ventas descolgó el teléfono para ofrecerle la vacante en la inminente Feria de Otoño. Un premio ganado a ley. «Madrid siempre ha estado ahí desde que me presenté como novillero, pero nunca había llegado ese momento de explosión. Faltaba quizás el toque del pasado 27, que aunque fue una oreja, pienso que ha tenido fuerza», reflexiona Parejo. El paralelismo histórico aflora en su memoria: «Eso me hace recordar la revelación en el verano del 82 de Paco Ojeda, que luego cogió la primera sustitución de la Feria de Otoño como yo. Fantaseo con ese pensamiento. Agosto carece del ambiente de San Isidro, pero ha tenido una repercusión que me motiva. Ojalá el 2 de octubre pueda decir que no ha sido casualidad lo que pasó el 27», dice con un andaluz que arrastra el acento francés.

Detrás de su quietud marmórea ante el toro habita una vida de yunque. La vocación de Christian no respondió a un fogonazo tardío ni a una tradición familiar impuesta: «Quise ser torero desde que tengo uso de razón. No podría un cartel ni una tarde de toros como espoleta. Recuerdo que jugaba con los paños en casa de mi abuela. Pienso que eso, el veneno del toreo, me corre por las venas». A los ocho ingresó en la Escuela Taurina Francisco Montes «Paquiro» de Chiclana bajo el magisterio de Emilio Oliva padre, iniciando su aprendizaje en las ganaderías gaditanas: «Javier Núñez me abrió las puertas de su casa para tentar; salía a los toros y me fui haciendo como maletilla y como tapia». Núñez recuerda que en su casa se puso delante del primer toro y desde entonces nunca le ha perdido la pista: «Este tiene cojones en serio. Pisa el terreno que asusta y se deja llegar los toros». Parejo sostuvo desde crío su vista puesta en El Juli como referente: «Siempre intentaba imitarlo».

La precocidad trajo triunfos rápidos -conquistó el certamen de Becerradas de Andalucía en 2016 y fue finalista en las novilladas de Canal Sur-, pero aquella ilusión pronto enseñó su reverso de escasez. Ante el cerrojazo de festejos en su tierra, su apoderado, Tomás Cerqueira, le planteó cruzar los Pirineos: «Yo tampoco soy tonto. Sé que en Andalucía la cosa no estaba fácil. Había muchas clases prácticas, pero novilladas lo que es novilladas... No era nada fácil. Así que no me lo pensé y decidí probar suerte en Francia». Su partida causó perplejidad en su entorno: «Lo veían raro, como diciendo: '¿Qué haces yéndote a Francia?'. Pero la verdad es que me acogieron como a uno más». Desembarcó en 2019 con un único contrato en el esportón y cerró el ejercicio con veinte tardes, haciendo el paseíllo en plazas de la exigencia de Dax, Vic-Fezensac y Béziers. Seis años residió en el hogar de José y Magali, padres de su apoderado, convertidos en su otra familia al otro lado de la frontera.

Parejo se prepara en la finca de La Palmosilla, en Tarifa (Cádiz)

Parejo se prepara en la finca de La Palmosilla, en Tarifa (Cádiz)El Mundo

Christian Parejo habla de sus raíces sin amargura, despojando al pasado de dramatismos innecesarios. De su padre biológico, nunca supo ni nada quiere saber: «No tengo ni idea, la verdad. Ni quiero tener noticias. Sé que ahora como que me quiere conocer o algo así, pero sinceramente no tengo ganas de saber de él ni de su familia». La figura paterna real la encarna Emilio Parejo, un madrileño de Barajas ajeno por completo al planeta de los toros que lo crió desde los cinco años: «Si te digo la verdad, no he sentido la ausencia del padre. Jamás. Mi 'padre' Parejo es mi padre a todos los efectos. Él me ha acogido como a un hijo más. De hecho, me estoy cambiando los apellidos. Este año el DNI ya lo tendré que cambiar».

Su entorno fue, en ausencia del la figura masculina, eminentemente femenino. «Yo siempre me he refugiado en mi madre y en mi abuela. He sido un chico siempre rodeado de mujeres, como mi tía y mi hermana, que siempre es un pilar fuerte». Tomó la alternativa en Béziers en 2024 apadrinado por Sebastián Castella y confirmó en San Isidro 2024 con bien. Nunca falló en Madrid desde su presentación de novillero, ni en el Certamen de Cénate Las Ventas. Pero jamás le dieron continuidad. El pasado invierno volvió a Chiclana para reinstalarse en solitario bajo una férrea disciplina: «Vivo solo en un piso... Mi día se enfoca al toro al 100%: levantarme, irme a correr por la playa de La Barrosa, entrenar con mi banderillero y luego comer con mi abuela. Siempre como con mi abuela, hacemos la siesta y luego a entrenar de nuevo».

"Siempre me refugié en mi madre y mi abuela. Mi 'padre' es Parejo a todos los efectos. Estoy cambiándome los apellidos en el DNI"

Esa vida espartana explica al torero silencioso, alérgico a la retórica vana y consciente de su timidez. Ya habla y, sobre todo, entiende el francés a la perfección, pero...: «Si somos poquitos lo hablo; en público todavía no me atrevo». Su elocuencia viaja por otros cauces: «Soy un chico al que le cuesta mucho expresarse con las palabras. Lo mío es con el toro, con la espalda y con la muleta». Prefiere que el juicio lo dicten los tendidos antes que colgarse medallas prematuras cuando se le pregunta cómo es como torero: «No pienso que sea yo el que tenga que decir eso. Hemos pasado momentos bonitos y momentos más complicados, pero siempre hemos creído en nuestro camino. Este tiempo me ha servido para madurar. Me queda un mundo por aprender».

El próximo 2 de octubre le espera el compromiso de Alcurrucén junto a Diego Urdiales y Fortes. Su preparación apura los días. Será su tercera corrida de la temporada. Sabe que Madrid examina sin piedad, pero la recompensa no asusta a quien se ha labrado el crédito a pulso: «Por supuesto que me gustaría estar ahí arriba, entre los mejores, pero me gusta construir el camino paso a paso. El saber que todo me lo voy ganando yo es lo que más me llena». La verdad, al cabo, no admite atajos.