Confieso que desde el principio, 'Music, Fashion, Film' de Charli XCX me dio muy mala espina. No porque estuviera desesperado por 'Brat 2.0' ni porque todo lo que no fuera otra continuación capaz de definir una época estuviese condenado a ser recibido como una decepción. Más bien al contrario, la idea de un nuevo rumbo tras uno de los discos más aplaudidos por la crítica de los últimos cinco años resultaba no solo atractiva, sino necesaria desde el punto de vista artístico, ya que intentar capturar el zeitgeist de la misma forma habría parecido tanto ingenuo como desesperado.

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Simplemente, no me convencía. Para empezar estaba el single de presentación, 'Rock Music', con guitarras distorsionadas y unas letras francamente horribles como

"Mis amigas y yo salimos

hacemos fotos y creamos cosas juntas

y a veces lloramos

nos besamos entre nosotras, vibra de incesto total"

y "Creo que la pista de baile está muerta / así que ahora hacemos música roooooock".

La supuesta conciencia de sí misma y el humor sarcástico y meta no terminaban de funcionar, y la frase "real incestuous vibes" sonaba a provocación performativa que desprendía una ansia desesperada de llamar la atención.

El vídeo que acompaña al single tampoco ayuda. Parecía transgresión de pose, con las maniobras de 'cigfluencer' de Charli convertidas en un postureo irritante alrededor del atrezzo-muleta de las redes sociales de turno. Incluso siendo alguien que suscribe plenamente la escuela de pensamiento de Chandler Bing, que sostiene que "La conclusión es que fumar es guay y lo sabes", ese viejo "fumar = rebeldía" no tiene nada de indómito ni de hedonista. Es forzado y tremendamente poco inspirado.

Luego está la portada del álbum, que en línea con el título muestra al miembro fundador de The Velvet Underground John Cale, al diseñador Marc Jacobs y al mítico director Martin Scorsese, cada uno como encarnación de uno de los tres "aspectos" del disco. Impresiona haber reunido a los tres iconos en la misma sala para la sesión de fotos de Aidan Zamiri, pero el conjunto se siente excesivamente obvio.

Con todo, quería que mis primeras impresiones fueran equivocadas al escuchar íntegro el séptimo álbum de Charli, siendo fan desde 'Sucker', de 2014, defensor a ultranza de 'Charli', de 2019, y encantado de que la estrella británica del pop hubiera logrado en 2024 un reconocimiento unánime tan trabajoso.

El nuevo y muy escueto LP de 30 minutos arranca con 'Rock Music', un comienzo poco prometedor que se redime rápidamente gracias a 'SS26', sonido de un apocalipsis pulido que es probablemente la canción más sólida del álbum.

A partir de ahí, llega una frustrante pendiente hacia abajo en la que Charli aborda su relación con la identidad, la autoestima y las presiones de la fama posterior a 'Brat'. Son vías prometedoras para explorar, pero las ideas aparecen confusas, como si la crisis existencial necesitara un poco más de tiempo para madurar antes de ser verbalizada.

Eso se refleja en los propios temas, la mayoría con una duración escasa de dos minutos. Muchos son prescindibles, el vacío '2007' y la canción reducida a casi nada 'Yeah' destacan por todos los motivos equivocados, mientras que los que sí dejan huella, el grunge de imitación de 'Card Declined' y la prometedora 'Camera', terminan antes de haber tenido tiempo de desarrollarse. O de importar.

En 'Camera', un gancho sólido se combina con un intento bastante logrado de autorreflexión: "No me siento avergonzada aunque lo haga fatal / siempre busco una experiencia que parezca peligrosa / y quizá esto sea eso, quizá sea lo que necesito / porque es la única manera de sentir que en realidad no soy yo". Resulta frustrante que la canción acabe ahí, lo que refuerza la impresión de que 'Music, Fashion, Film' es un cuaderno de bocetos publicado con prisas, lleno de ideas y canciones a medio cocer.

Esa promesa inicial de pequeñas viñetas sobre el estado mental de Charli que acaban desembocando en la nada se resume en la canción 'Wink Wink'. Con mucho menos aspecto de maqueta que otros cortes, contiene destellos de brillantez pegadiza que se ven anulados por una especie de flujo de conciencia que culmina en remates verbales irritantes.

"Solía lamer nata de las fresas en verano..." Bien por ti. Muy de veraneo británico de clase alta, pero adelante, es un pasatiempo delicioso. "Y quizá me acosté con tu padre..." Oh, qué atrevida. Qué pensará ahora la nobleza terrateniente.

"Es broma, lo digo solo por efecto..." Ah, giro hacia la autoconsciencia que apunta a un desmontaje del arquetipo de 'cool girl', demostrando que estás completamente dentro de tu propio chiste. "Pero mi punto es que creo que la gente puede cambiar." Cierto, pero no es tan profundo como crees que suena.

Ese vaivén autorreferencial culmina con "Ya no soy una chica mala / guiño, guiño", momento en el que uno se acuerda de esa persona insufrible que suelta algo innecesariamente ofensivo o desagradable en una conversación y se protege con una sonrisita y la coartada lapidaria: "¿No sabes encajar una broma? Es solo 'banter".

Por cierto, cualquiera que recurra a esa respuesta o sea partidario de usar el término 'banter' debería asumir que esa palabra pasivo-agresiva, pensada para esquivar responsabilidades, no hace más que disfrazar la banalización del acoso. Basta ya. Buscad ayuda.

En defensa de Charli, 'Music, Fashion, Film' tiene sus momentos fugaces, y dar continuidad a 'Brat' nunca iba a ser una tarea sencilla. Si cambia demasiado de rumbo, aleja a la base de fans; si hace más de lo mismo, se limita a dejarse llevar. Pero cuando la continuación de su fenómeno global apenas deja huella, pese a 'SS26', al auténtico puñetazo emocional de 'I'm Afraid' y al cierre del álbum 'No One Lasts Forever', con la llamativa inclusión del director David Cronenberg, es que algo ha salido mal.

Y cuando sus dudas existenciales le hacen parecer más autocomplaciente que profundo o siquiera irónicamente ingenioso, la decepción no hace más que confirmar que las primeras impresiones son a menudo irreversibles.

'Music, Fashion, Film' ya está disponible.