Recorrer las calles de La Plata en horas pico se ha transformado en un ejercicio cotidiano de resignación y riesgo. El trazado perfecto ideado en la fundación de la capital bonaerense naufraga a diario ante una anarquía vehicular donde prima la ley del más fuerte. La estampa se repite sin variaciones en distintos puntos del casco urbano y la periféria: automóviles detenidos en doble y hasta triple fila frente a los establecimientos educativos y centros comerciales, camiones de gran porte descargando mercadería en pleno horario pico e interrumpiendo el flujo del tránsito, y un flujo incesante de motociclistas y ciclistas cruzando por cualquier esquina o circulando a contramano sin el menor reparo por las normas básicas de convivencia.
En este escenario de fricción permanente, el sector de los motociclistas -empujado por la proliferación de las aplicaciones de delivery- protagoniza varias de las maniobras más peligrosas. La circulación por las veredas, el cruce sistemático con luz roja y la falta generalizada del uso de casco ya no son excepciones, sino una constante que expone tanto a los repartidores como a los transeúntes a incidentes de gravedad variable. Sin embargo, la mayor indignación de los vecinos no radica únicamente en las imprudencias individuales, sino en la “inacción de los inspectores municipales encargados de ordenar la vía pública, sumada a la ausencia total de una campaña oficial de concientización por parte de la Municipalidad de La Plata que promueva la educación vial”, sostienen distintos vecinos.
Gonzalo, repartidor de una de las app de delivery dijo: “Vivimos contra el reloj. Las aplicaciones nos exigen tiempos de entrega ridículos y si te atrasás te baja la calificación. Eso te lleva a cometer locuras: meterte en contramano una cuadra, subir a la vereda o cruzar con el semáforo en rojo. Sabemos que nos exponemos y que muchos andan sin casco, pero no hay controles de la Municipalidad, salvo algún operativo aislado una vez al mes para pedir papeles”.
Frente a este cuadro crítico, las organizaciones de la sociedad civil exigen un cambio de paradigma urgente en la gestión de la movilidad urbana. “La seguridad vial no puede limitarse a sancionar una infracción o intervenir cuando el siniestro ya ocurrió. Hace falta prevención, presencia en la calle, infraestructura y una política sostenida de ordenamiento”, afirmó Pedro Perrotta, titular de la ONG Corazones Azules, entidad de reconocida trayectoria en el análisis y prevención de la siniestralidad en la ciudad.
Para el especialista, el abordaje del problema no requiere inventar soluciones mágicas, sino observar y adaptar intervenciones que han dado resultados probados en otras metrópolis del mundo. Existen experiencias internacionales concretas que demuestran la efectividad de las políticas públicas planificadas: la ciudad de Nueva York impulsó áreas exclusivas de carga y descarga, incluso dentro de zonas residenciales, logrando reducir drásticamente el impacto de la doble fila en la circulación comercial. Por su parte, Londres implementó el exitoso programa de “School Streets” (Calles Escolares), restringiendo de forma temporal el ingreso de vehículos motorizados en las arterias linderas a las escuelas durante las franjas horarias de entrada y salida, una medida combinada con reducciones severas de velocidad, rediseño de esquinas complejas y presencia activa de agentes.
Mariana Gómez, madre de dos alumnos en zona céntrica, indicó que “entrar o salir de la escuela es una pesadilla diaria. Los autos se paran en doble y hasta en triple fila bloqueando la visión por completo. Las madres y padres se bajan apurados, dejan el auto en marcha con balizas y si les decís algo se enojan. Los chicos terminan cruzando entre los autos estacionados porque no se puede ver si viene alguien. Nunca hay un inspector municipal para ordenar o agilizar el tránsito en el horario de salida”
UNA PROPUESTA ADAPTADA A LA REALIDAD PLATENSE
La Plata podría y debería avanzar en esa misma dirección articulando un programa integral y sostenible. La propuesta delineada por Corazones Azules plantea la delimitación clara de franjas horarias y espacios específicos para la logística comercial, evitando que las operaciones privadas bloqueen carriles enteros durante períodos prolongados. Del mismo modo, en el ámbito educativo se promueve la creación de corredores escolares seguros mediante la restricción temporal del tránsito y la presencia de inspectores en los momentos más conflictivos del día.
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