
El cáncer de próstata representa uno de los mayores desafíos para la salud de los hombres, no solo por su alta incidencia sino por el impacto de los tratamientos tradicionales sobre la calidad de vida. Las nuevas alternativas buscan controlar la enfermedad sin sacrificar la preservación de funciones vitales. En este contexto, la terapia focal emerge como una opción que destruye únicamente el tejido tumoral y minimiza las complicaciones.
Investigadores de Imperial College London y Imperial College Healthcare NHS Trust siguieron durante diez años a 3.477 pacientes con este tipo de tratamiento en el Reino Unido. Los resultados, publicados en la revista European Urology, muestran que la terapia focal puede ofrecer tasas de control del cáncer y supervivencia comparables a las intervenciones radicales, pero con menos secuelas.
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El cáncer de próstata constituye el tumor más frecuente en hombres tanto en Argentina como en el Reino Unido. En el país sudamericano, se estimaron más de 12.800 diagnósticos nuevos en el 2022, según el Ministerio de Salud. En el Reino Unido, donde se llevó a cabo el estudio, la enfermedad representa también la principal causa de cáncer masculino, con más de 60.000 casos anuales. Esta tendencia resalta la importancia de fortalecer la prevención, el acceso a diagnóstico temprano y los tratamientos innovadores.

La terapia focal es un tratamiento mínimamente invasivo para el cáncer de próstata que consiste en destruir únicamente la zona del órgano donde se localiza el tumor, preservando el tejido sano y las funciones urinarias y sexuales. Este enfoque utiliza tecnologías como el ultrasonido focalizado, la crioterapia o las microondas, y se indica en pacientes con tumores pequeños y delimitados.
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El estudio de Imperial College London mostró que la terapia focal permitió que casi todos los pacientes siguieran vivos diez años después del tratamiento, con tasas de muerte por cáncer de próstata tan bajas como las que se ven con cirugías o radioterapia tradicionales. Solo dos de los casi 3.477 hombres tratados fallecieron por la enfermedad en ese periodo, lo que representa una mortalidad de apenas 0,1%. Además, solo el 3% de los pacientes tuvo una recaída con metástasis, es decir, el cáncer se extendió fuera de la próstata. Todo esto se logró con muchos menos efectos secundarios en comparación con los tratamientos habituales.
El análisis incluyó a hombres con cáncer de próstata que necesitaban tratamiento porque tenían tumores de riesgo intermedio o alto. De todos los participantes, el 48% tenía riesgo intermedio favorable, el 23% intermedio desfavorable y el 25% alto riesgo. Incluso en estos casos más complejos, la terapia focal logró controlar el cáncer en la mayoría de los pacientes: después de diez años, el 88% seguía con vida y solo el 9% de quienes recibieron dos sesiones de tratamiento necesitó una cirugía o radioterapia adicional.
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La investigación, liderada por el becario doctoral del NIHR en el Imperial College de Londres y médico residente de urología en el Imperial College Healthcare NHS Trust, Alexander Light, y un equipo multidisciplinario, utilizó datos de los registros nacionales HEAT y ICE, obligatorios en el Reino Unido para la aplicación de terapias focales con HIFU (ultrasonido focalizado de alta intensidad) y crioterapia.

Se incluyeron 3.477 pacientes tratados entre 2004 y 2024 en 14 hospitales, con un seguimiento mínimo de seis meses y una mediana de 3,3 años para los casos vivos al cierre del estudio. El análisis principal se centró en la mortalidad específica por cáncer, mientras que los resultados secundarios midieron recurrencia local, desarrollo de metástasis, uso de terapia hormonal y necesidad de tratamientos radicales adicionales.
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La elección del tratamiento dependió del lugar exacto donde estaba el tumor y de las características de la próstata de cada paciente. Se usó crioterapia (congelación) en casos donde el tumor estaba en la parte delantera de la próstata o cuando la glándula era grande o tenía calcificaciones, y HIFU (ultrasonido focalizado) para tumores en la parte trasera o en próstatas más pequeñas. Cada paciente pudo recibir hasta dos sesiones de terapia focal. Si el cáncer reaparecía, los médicos evaluaban si era necesario hacer un tratamiento más agresivo, como cirugía o radioterapia.
El estudio analizó dos grupos: uno considerando todos los casos y otro que incluyó solo a quienes siguieron exactamente el plan de hasta dos sesiones de terapia focal. En este último grupo, solo el 9% necesitó después una operación o radioterapia, en comparación con el 30% del grupo general.
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La terapia focal reduce hasta cinco veces el riesgo de incontinencia, disfunción eréctil y problemas rectales frente a las alternativas tradicionales. Esto se debe a que solo se destruye el tejido tumoral, por lo que preserva el resto de la próstata y las estructuras responsables de la función urinaria y sexual.

Según el doctor Hashim Ahmed, coautor del estudio y presidente de Urología en Imperial College London, “es la mayor y más duradera investigación que demuestra la eficacia de la terapia focal para un amplio espectro de pacientes”.
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Estos resultados respaldan la expansión de la terapia focal como opción de primera línea, es decir, como una de las primeras alternativas ofrecidas a hombres con cáncer de próstata localizado, y podrían influir en futuras recomendaciones clínicas. Esta tendencia internacional muestra cómo los avances tecnológicos permiten ofrecer terapias más personalizadas y menos invasivas, adaptadas a las necesidades y características de cada paciente.
El abordaje focal ya se incorporó en Argentina con la modalidad TMA, basada en tecnología de microondas y control ecográfico en tiempo real, según informó Infobae. La técnica se mostró en el Hospital de Clínicas José de San Martín, donde se realizó el congreso internacional UROVIVO 2025. Allí, especialistas de diferentes países intercambiaron experiencias sobre la implementación y los resultados del método.
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El doctor Julien Anract, del Hôpitaux Cochin de París, explicó que la terapia focal “es una alternativa terapéutica para el tratamiento focalizado del cáncer de próstata en tumores pequeños que están ubicados en un área específica de la próstata”. La TMA ofrece la posibilidad de eliminar el tumor sin extirpar toda la glándula y con mínima internación, lo que permite una recuperación rápida y menos alteraciones en la vida diaria del paciente.
El doctor Norberto Bernardo, jefe de Urología del Hospital de Clínicas, detalló que la TMA se realiza bajo sedación, dura cerca de una hora y el paciente permanece internado entre dos y cuatro horas. Subrayó que la selección de casos es estricta: el tumor debe estar localizado y comprobado por biopsia, con delimitación precisa mediante imágenes.
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La incorporación de la terapia focal en centros argentinos abre la puerta a tratamientos personalizados y menos invasivos, equiparando el estándar local con el de los principales hospitales europeos. El seguimiento posterior incluye análisis de sangre para medir el antígeno prostático específico (PSA), resonancias y exámenes físicos, lo que permite verificar si el tratamiento funcionó y detectar a tiempo cualquier regreso del cáncer.