A primera vista, la rata de crin africana (Lophiomys imhausi) también conocida como rata crestada, parece inofensiva. Debajo de su pelaje, sin embargo, esconde una amenaza letal. Cuando la acorralan animales más grandes que ella y se encuentra en peligro, eriza el lomo y deja ver una maraña de pelos puntiagudos con un veneno extremadamente peligroso.
Según algunos portales científicos, el veneno de este pequeño roedor con aspecto de mofeta es tan letal que puede derribar a un elefante. Es uno de los seres más curiosos del reino animal, único en su especie, pues se trata del único mamífero conocido que acumula toxinas vegetales para defenderse de otros depredadores.
En una investigación publicada en 2020 en la revista Journal of Mammology, un grupo de investigadores del Instituto Smithsonian de Biología de la Conservación, la Universidad de Utah y los Museos Nacionales de Kenia se dedicó a estudiar a fondo a estos roedores que habitan los bosques y matorrales rocosos de África oriental.
El equipo se centró en analizar en profundidad a 25 de estas ratas crestadas utilizando cámaras ocultas en las selvas de la región central de Kenia, en África. Sus conclusiones fueron muy interesantes y permitieron conocer un poco mejor cómo se comportan entre ellas y con otros animales, prestando especial atención a la acumulación de toxinas.
Los resultados del estudio
Las ratas son esquivas y resultaron difíciles de detectar con las cámaras, aunque lograron atrapar 25 individuos en nueve sitios distintos. En el lugar con mayor densidad, estimaron que había hasta 15 ratas por kilómetro cuadrado, una cifra que indica que estos animales no son tan raros de encontrar como se pensaba en ciertos hábitats.
Uno de los datos más interesantes que descubrió la investigación es que la rata crestada vive en parejas monógamas (macho y hembra), algo poco común entre roedores. También observaron indicios de que las crías jóvenes podrían quedarse con los padres más tiempo del esperado antes de “independizarse”.
La rata crestada no fabrica su propio veneno, sino que lo absorbe del Acokanthera schimperi, una planta cuya corteza y raíces han sido usadas durante generaciones por comunidades locales para envenenar puntas de flechas de caza. Cuando la rata percibe una amenaza, roe la corteza de este arbusto, la mastica hasta convertirla en una pasta mezclada con su propia saliva y luego se la aplica, a lametazos, sobre un mechón especializado de pelos que crece a los costados de su cuerpo. Estos funcionan, en la práctica, como una especie de depósito de veneno.
Del total de individuos observados por el equipo de investigadores en 2020, 10 mostraron el comportamiento de masticar la corteza de esta planta y utilizarla como veneno, lo que reforzó la idea de que este es un comportamiento selectivo y no automático de la rata crestada. Un roedor del tamaño de un conejo, capaz de matar sin morder.